Almas de Media Noche

Capitulo 25

El camino hasta Portobello Road me pareció más largo de lo que imaginaba, a través de la ventanilla el bullicio de Notting Hill parecía irónico; tanta vida, tanto movimiento, y yo cargando con cosas que no podía compartir con nadie. El taxi se detuvo frente al local, y apenas puse un pie en la acera sentí ese cosquilleo familiar, estaba en casa.

La campanita tintineó cuando abrí la puerta del negocio. El aroma a madera, cuero y café instantáneo me recibió con un abrazo invisible, detrás del mostrador se encontraba Midas con el ceño fruncido que al posar su mirada en mi cambio por completo a sorpresa.

—Por eso no llegan los clientes hermano.

—Pero mira quien apareció, pensé que te habías olvidado de nosotros —dijo con una media sonrisa saliendo detrás del mostrador hasta alcanzarme y abrazarme, la fuerza de su abrazo hizo que se acumulara lágrimas en mis ojos.

—¿Cómo podría? —repliqué parpadeando rápidamente.

Él soltó una risa baja hasta ponerse seria, me estudió de pie a cabeza buscando cualquier posible motivo para convencerme de quedarme.

—Estás distinta ¿Dónde estuviste metida? —Su tono era trivial en apariencia en cambio sus ojos decían otra cosa.

—Ya sabes, ocupada descubriéndome y todo eso—murmuré, desviando la mirada.

No insistió. En vez de eso, tomó el teléfono marcando algún número.

—Maeve trae a Muna ella está aquí. Sí, ahora mismo.

A los veinte diez minutos la puerta se abrió de golpe, dejando ver a una Maeve entrar con fuerzas con sus rizos oscuros bailaban con su apresurada respiración, apenas tuve tiempo para ponerme de pie antes de que me estrujara en un abrazo que casi doloroso.

—¡Por todos los cielos, Merath —exclamó, con la voz quebrada entre enojo y alivio— han sido las dos semanas más largas y desesperante de mi vida!

—Maeve, déjala respirar —intervino Muna entrando más despacio característico de ella. Sus ojos claros me recorrieron con un detenimiento inquietante, sonriendo suavemente me abrazo.

—Me alegra ver que estas bien hermana.

Yo me dejé envolver por este calor fraternal, sin embargo, ocultar tanto a quienes amaba me dolía más de lo que pensé, pasamos unos minutos de preguntas rápidas y reproches entre risas hasta que las cosas se calmaron lo suficiente como para que Midas nos mirara a todas con cariño, ese aire serio no acorde a su edad que siempre llevaba me hacía olvidar que teníamos la misma edad. Sé que al ser el único varón de esta familia puso instantáneamente un peso grande sobre sus hombros, pero, "¿no era demasiado?"

—Bien, ahora que estamos juntos —nos señaló a los cuatro—, creo que es hora de que nuestra querida hermana explique dónde demonios ha estado.

Las miradas se clavaron en mí, tragué saliva sintiendo cómo la tensión me comprimía el pecho.

—Está bien... —suspiré, levantando las manos como si me rindiera—. No puedo decirles todo, pero sí que me encontré con alguien que no es humano.

—¿No humano? —repitió Maeve, arqueando una ceja—. No estarás enredándote con un hada, ¿verdad?, según Odvier están locos.

No pude evitar reír, es Maeve.

—No. No es un hada, es un vampiro.

La quietud hizo acto de presencia en un instante llevándose el aire divertido que nos rondaba, había un destello de duda y temor en sus miradas.

—¿Y qué demonios haces con un vampiro? —sabia que Midas no iba reaccionar bien.

—No lo elegí —respondí con firmeza mirándolo directamente— al parecer entre nosotros hay una especie de vinculo que nos une y ahora estamos en un tipo de entrenamiento mientras tratamos de averiguar cómo surgió.

—Vínculo, ¿eh? —la voz de mi hermana cargada de doble sentido no se hizo esperar—. Suena un poco intenso —su mirada tenía esa chipa jocosa— ¿Y Qué tipo de "entrenamiento" es?

—¡Maeve! —sentí el calor subirme a las mejillas mientras la miraba mal; no tiene que provocar a nuestro hermano. Ella continuo.

— Nuestro tío perdido, nos ha estado instruyendo sobre todo ese mundo lleno de seres del cual no deberíamos estar involucrados y que para un ser humano común sería solo fantasía. Aunque al parecer no tiene exactamente en buena estima a aquella raza en específico del cual está vinculada hermana.

— Típico de seres... —bufe intentando decir algo más, pero mi hermano me interrumpió.

—Odvier nos ha visitado más seguido desde que te fuiste y ha estado muy raro, podría decir que incluso estresado... creo que está obsesionado con encontrar a mamá.

Un escalofrío me recorrió la espalda, lo mire sorprendida.

—¿Encontrarla? —murmuré, mientras el asentía apretando los labios.

—No sé en qué anda, pero cada vez que viene lo noto más tenso.

Maeve se encogió de hombros.

—Odvier siempre ha sido raro desde que tengo memoria, pero ¿Qué tan atada estás a ese vampiro? Él lo sabe.

Me quedé callada un segundo, debatiéndome entre decir lo que sentía o guardar silencio; al final asentí.

—Él lo sabe y estoy lo suficientemente atada como para decir que cada vez soy más consciente de su presencia—respondí finalmente, incomoda.

La voz suave de Muna hizo acto de presencia.

—¿Y tú cómo te sientes con todo eso hermana?, aparte de eso has sentido algo distinto.

Su mirada se clavó en mí intensamente, haciéndome tragar saliva y sintiéndome desnuda bajo su mirada. ¿Sabía algo? me obligué a sonreír, moviéndome incomoda en mi asiento.

—En realidad no, solo que todo ha sido tan rápido que apenas logro procesarlo —Me levante de mi asiento— Bueno...es hora de irme —Maeve comenzó a quejarse que era muy pronto para irme, mientras que mis otros hermanos solo me miraban fijamente, moví la cabeza en forma negativa para que él comprendiera que no quería que se preocupara, sabia lo difícil que era para él porque lo era para mí, hemos estado desde que nacimos juntos y esta situación no era agradable para ninguno; un vacío se instalo en mi cuando los dejé.

~




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.