Almas de Media Noche

Capítulo 30

MERATH

Los recuerdo al despertar bombardearon mi cabeza y un dolor comenzó a instalarse.

Flashback

Estaba intentado levantarme cuando fui detenida por la mano de Lutgard, un gesto suave pero firme que apenas logró frenar el impulso de alejarme de todo.

—Estoy bien... —mentí, pero nadie pareció creerme, incluso Ethan me observo compasivamente haciéndome sentir cabreada de pronto, detestaba despertar compasión en las personas, no era una débil.

—Merath sé que no te siente bien, pero la realidad es esta; eres una Mozeg y eso significa que eres parte de la línea directa de la realeza élfica. Es decir que eres la bisnieta del rey regente.

Aquellas palabras me atravesaron haciéndome sentir por alguna loca razón desnuda y expuesta.

—Yo no... —mi garganta se cerró—. No quiero eso.

Emma me observaba sorprendida asintiendo, su hermano se inclinó un poco hacia adelante.

—No se trata de que lo quieras o no porque eso no se puede cambiar, eso es lo que eres.

Me enojé, aleje bruscamente la mano de lutgard mientras me levantaba mirando a la persona que se creía con el derecho de decirme que soy.

—¡No! soy Merath, solo eso, ni elfa ni humano, pero en este momento prefiero abrazar ese lado —lo señale— y un vampiro no vendrá a decirme a mí que debo o no ser —me aparte de todos subiendo hacia mi cuarto sintiéndome perdida con las lágrimas asomándose en mis ojos.

—¡Maldición!

Fin flashback.

El sonido sordo de los golpes contra la colchoneta resonaba en el cuarto de entrenamiento, el aire estaba cargado con el olor del sudor, el roce de las telas y mi pulso agitado que trataba de recuperar tras caer por quinta vez en menos de veinte minutos.

—Levántate —Ethan ofrecía me ofrecía su mano. Lo acepte a regañadientes con los nudillos adoloridos y la piel de los brazos marcada por los intentos fallidos de bloqueo, él sonrió calidez.

—Mejoraste el movimiento del hombro, ya no te dejas arrastrar tan fácil.

—Mejoré en caer con estilo, querrás decir —bufé retirándome el cabello húmedo de la frente, mientras su risa se hacia presente.

—El estilo también es importante.

Desde la pared, con los brazos cruzados y la mirada fija en nosotros, estaba Lutgard quien observaba en silencio. No había intervenido en todo el entrenamiento, pero su presencia era abrumadora, sentía su mirada constantemente en cada acción que realizaba; podía estar casi segura que sabia cuántas gotas de sudor mi cuerpo expulsó. Era casi incomodo, no obstante, me había acostumbrado.

Eso no significa que la calma que aparentaba era verdadera, el picor conocido debajo de mi piel, la forma rígida de su postura y la forma en que su expresión cambiaba a cada segundo lo confirmaba.

"Pensé que lo había superado"

Hice lo que mejor puedo hacer en estos momentos, desentenderme. No quería darle el gusto de saber que su humor me afectaba y se colaba bajo mi piel, finalmente, cuando Ethan intentó mostrarme una llave y me sujetó por la cintura para guiarme, Lutgard se apartó de la pared de golpe diciendo con voz seria.

—Ya es suficiente.

Ethan se detuvo mirándolo, soltándome con lentitud.

—Solo estábamos repasando la técnica...

—Dije que es suficiente —lo cortó con un tono que no admitía réplica.

A escuchar su manera de hablar tosca no pude evitar dirigirle una mirada irritada mientras trataba de controlar mi respiración agitada por el esfuerzo de la práctica.

—¿Vas a entrenarme tú entonces?

Lutgard sostuvo mi mirada con frialdad. Mi corazón dio un salto, una mezcla de rabia y emoción, su primo se apartó unos cuantos pasos alzando las manos en rendición.

—Los dejo a solas —susurro— el aire de repente se volvió algo cargado.

Se retiró sin esperar respuesta, cerrando la puerta tras de sí dejándonos completamente solos. Él se acercó hasta estar dentro de mi limite personal, haciendo que mi corazón se acelerara "¡Rayos, cálmate! El puede escucharlo" repetía una y otra vez en mi cabeza sin dejarme intimidar.

—No vuelvas a dejar que te ponga las manos así.

—¿De qué hablas? Es entrenamiento —bufé, dándole la espalda caminando hacia la toalla tirada en la silla cerca de la puerta.

—No me importa —su voz bajo un tono y la vibración la sentí en mi propio pecho— No me gusta.

—No eres mi dueño, Lutgard eso deberías saberlo —me gire alzando una ceja mientras improvisaba una coleta.

Él se inclinó, tan cerca que su respiración lo sentía claramente en mi oído y parte del cuello, un escalofrío recorrió mi espalda haciéndome estremecer en contra de mi voluntad. Alce la mirada para enfrentarlo, pero las palabras murieron en mi garganta, sus ojos de él ardían y antes de que esto escalara rápidamente a un escenario no permitido para menores de edad, un estruendo sacudió la casa.

Las ventanas del pasillo vibraron con fuerzas a la vez que un viento helado recorrió todo el lugar estancias, instintivamente me giré hacia la puerta con un Lutgard ya desapareciendo del lugar. Corrí hacia donde se había producido la explosión con el corazón enloquecido. En el patio trasero vi a Ethan y Emma preparados, el cielo parecía estar un poco nublado, sin embargo, alrededor había unas chispas azules similares a la electricidad que iluminaba en diferentes puntos el lugar.

Zelti Hemberg con la sonrisa torcida y los ojos brillando con malicia se encontraba en medio de ellas, caminando descalza sobre el césped que curiosamente a cada paso que daba la hierba se marchitaba y las chipas se alteraban.

—¡Qué agradable! —al fin hablo con su mirada fija en mí— es bueno volver a verte.

Lutgard apareció delante de mí en un parpadeo, poniendo su cuerpo como una barrera.

—A que has venido —la miro con desprecio bajando el tono de voz— hada.

Ella soltó una risa baja, en una situación distinta diría que era educada.

—¡Qué ironía! —se tomo un tiempo antes de seguir entrecerrando los ojos hacia él— un príncipe vampiro protegiendo a una mestiza —se tapó la boca con la mano de manera elegante mientras sonreía con los ojos— Qué inquietante descubrir que incluso la realeza vampírica puede degradarse con el tiempo.




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