MERATH
Me encontraba incapaz de concentrarme en nada, no podía leer, entrenar sola ni mucho menos dormir. Terminé encontrando a Emma sentada en uno de los sofás de la sala principal cuando decidí salir del cuarto, con las piernas cruzadas y un vaso de vino en la mano.
—Al parecer alguien necesita distraerse —dijo al verme entrar, con una sonrisa ladina.
—Estoy harta de todo Emma—respondí sin rodeos dejándome caer en el sillón frente a ella, arqueó una ceja, divertida por su explosión de sinceridad. Dio un sorbo largo a su copa antes de responder.
—Al fin lo dices, pensé que te tomaría más tiempo.
Rodeé los ojos acomodándome en el sillón: — ¡Ay por favor, ya córtala! —continué más firme— Tengo a un hada loca detrás de mí que me ha hecho daño a través de un sueño y que claramente se quiere vengar de mi tío que casualmente ha desaparecido por segunda vez y ustedes quieren que haga la vista gorda y haga como si nada.
Emma me observó un momento, seria por primera vez en mucho rato.
— Hasta yo tengo un límite y este se agota, así que habla.
La vampira sonrió asintiendo con calma, acomodándose en su lugar.
—Tienes razón, ¿Imagino que sabes sobre las diferentes que razas hay? —continuo cuando me vio asentir— Ha habido enfrentamientos entres mi gente y las gárgolas últimamente, son eventos aislado; sin embargo, se ha mostrado un comportamiento inusual en ellos —la mire sumamente concentrada en lo que estaba diciendo— se han estado moviendo de manera coordinada, casi como si estuvieran siendo guiadas y eso para nuestro mundo se puede considerar una alteración en el equilibrio.
—¿Alterar el equilibrio?
Ella me miró asintiendo —Nosotros consideramos equilibrio cuando cada raza se mantiene en su lugar sin convivir con otras razas, porque así fueron hechas ahora lo que puede llevar alterar este equilibrio, son las alianzas entre razas opuestas, las guerras, uniones no comunes y principalmente el incremento de conocimiento sobre nosotros en los humanos.
—Cuando dices uniones no comunes —la miré sorprendida— te refieres...—ella asintió.
—Así es, la unión entre tu y mi primo es considerada como una alteración de equilibrio, ya que son razas opuestas, aun cuando seas mestiza.
—Si no es posible esta unión cómo es que estoy vinculada a él.
Las dos nos quedamos en silencio hasta que ella volvió hablar.
—Eso es algo que nos hemos preguntado, pero lo hecho, hecho está. El punto es que se ha visto ciertos movimientos en distinto lados y eso ha puesto a nuestra familia en alerta.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda: —¿Y Zelti?
—Zelti es un problema mayor de lo que imaginas —contestó con un deje de fastidio— está resentida con los elfos, y pertenece a un linaje que le da más poder del que debería tener, algo que debes entender es que nada surge por casualidad en nuestro mundo.
—Me he ganado la lotería en un mundo que nunca me ha interesado —bufe sarcástica— me siento afortunada.
—Y con un sexy príncipe vampiro en la ecuación —su comentario me hizo reír, a lo pocos segundos estábamos riendo como locas, hasta que el aire en la habitación se volvió más fría y una vibración extraña resonó en las paredes. Ambas nos levantamos de golpe al observar el cuerpo aparecido en medio de la sala.
Odvier.
Su cuerpo estaba destrozado; ropa desgarrada, piel cubierta de heridas abiertas y la sangre manchando cada rincón de su figura. Cayó de rodillas sobre el piso con un gemido ahogado, sus ojos, febriles, se clavaron en los míos. Grité moviéndome rápidamente hacia él, Emma se quedó petrificada un segundo hasta que reaccionó arrodillándose a mi lado con el rostro tenso.
—¿Quién demonios es este?
—Mi tío —respondí con la voz quebrada, intentando sostenerlo—. ¡Odvier, mírame!
Mi tío abrió su boca, jadeante, como si cada palabra le costara un mucho: —Tienes que huir —tosió un poco de sangre—. No te quedes aquí.
—¿Este es tu tío? — Emma lo miraba con incredulidad, como si no pudiera conciliar la idea de que aquel hombre destruido fuese alguien tan importante— se está muriendo, Merath.
Él se aferró a mi muñeca con una fuerza inesperada, sus dedos manchados y húmedos de sangre temblaban contra mi piel. Estaba murmurando algo en élfico, un susurro casi incomprensible, y de inmediato una luz dorada brotó del suelo, formando una especie de barrera alrededor de los tres que se expandió hasta cubrir toda la casa.
—¿Qué diablos fue eso? —exclamó Emma, alarmada, mirando a su alrededor como si esperara que el techo se viniera abajo.
—Magia élfica —jadeó Odvier, su voz quebrada—. Solo... solo un poco de tiempo...
Apreté mis labios conteniendo las lágrimas mientras trataba de estabilizarlo. Me comenzaba a sentir superada por la situación.
—Vamos tío, Resiste; por favor.
Emma, visiblemente incómoda, se inclinó para ayudarme, sosteniendo su cuerpo y aplicando presión sobre una de las heridas más profundas.
—No soy enfermera, pero sé que si sigue perdiendo sangre no va a vivir para explicarnos qué demonios está pasando y su sangre huele delicioso.
La miré con incredulidad y sorpresa —¿Enserio Emma? —se encogio de hombros— Ni se te ocurra lamer una gota, según mi tío la sangre de elfo es como una droga afrodisiaca para tu gente o algo así.
—¿Enserio? — preguntó con cierto interés que me hizo suspirar irritada. Sostuve a mi tío cuando de pronto se escucharon pasos apresurados y el aire comenzó a vibrar con la energía familiar, Ethan entro un poco agitado con los ojos encendidos, se lanzó hacia el cuerpo de Odvier evaluando las heridas con un gesto grave: —Joder...
Mi tío apenas abrió los ojos fijándolo en Lutgard, y con un hilo de voz murmuró: —Los encontraron.
:)