Almas de Media Noche

Capítulo 35

El día siguiente llegó de manera extraña, nadie había dormido bien, entonces se escucharon pasos, haciendo que todos se giraran con sorpresa al mismo tiempo observando a un Odvier despierto cruzar el umbral. Pensábamos que le iba a tomar unos días; aún seguía pálido, las heridas aún no cerraban del todo, pero se mantenía firmeza la espalda recta, caminó hasta el sillón donde estaba su sobrina y se dejó caer a su lado. Respiró hondo cerrando los ojos, luego habló con voz cansada.

—Es hora de revelar la verdad, al menos hasta donde yo la conozco.

Ethan fue el primero en reaccionar: —Sabemos parte de la historia —dijo con seriedad— tú, tu hermana y ese matrimonio que nunca ocurrió con Zelti, tu huida, y que Merath es linaje real élfico.

Odvier giró lentamente la cabeza hacia él, y por primera vez su sonrisa se mostró amarga.

—No todo es cierto.

Su mirada recorrió a cada uno de los presentes antes de volver a posarse en Merath.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Emma confusa.

—Yo nunca tuve una hermana. Tuve un hermano mayor, yo era el menor.

El impacto fue inmediato.

—¿¡Qué!? —exclamó Ethan, descruzando los brazos de golpe.

—¿Un hermano? —repitió Emma, alzando las cejas, incrédula.

Merath abrió los labios sin encontrar voz mirando hacia su tío, comenzando a mover la pierna izquierda de arriba a abajo de manera constante, Odvier los observó, sin prisas, para luego seguir diciendo:

—Sí, un hermano. Y es cierto que hubo un pacto de matrimonio, pero no salió de los elfos, fue iniciativa de las hadas.

Emma chasqueó la lengua: —Por supuesto, ellos siempre queriendo meter sus narices donde no deben.

—Zelti había visto a mi hermano cuando aún era una niña —continuó, ignorándola— se había perdido cerca de uno de los asentamientos élficos. Mi hermano, apenas un adolescente la ayudó a regresar.

Odvier se encogio de hombros inclinándose un poca hacía adelante: —Según lo que dijo mi hermano en ese entonces era que ella le dijo que se casaría con él pero el lo atribuyo a los actos de un hada joven.

Un murmullo de incredulidad recorrió la sala.

—¿Entonces el acuerdo vino por ella? ¿Y cómo se pierde un hada joven cerca de los asentamientos de los elfos, si las regiones donde habitan no son tan cercanas? —preguntó Ethan.

—Exacto —Odvier miro a Ethan y luego a Lutgard— no puedo explicar eso porque en su momento fue una pregunta no contestada y lo sigue siendo. Zelti, la única nieta mujer del rey de las hadas, siempre fue amada y mimada, ella decidió que se casaría con mi hermano y cuando él se negó, el consejo de ese entonces presionó a mi padre, como sabrán si bien no, nos mezclamos tampoco somos enemigos jurados.

Los tres vampiros asintieron, su mirada se endureció.

—Mi hermano volvió a negarse, cuando insistieron demasiado, decidieron mandarme a mí en su lugar —suspiró— yo tampoco me presenté, fui en buscarlo a él pensando que tal vez cambiaría de opinión, pero ya se había marchado.

Nadie reaccionó al instante, demasiado atrapados en la revelación que acababan de escuchar. Odvier se recostó contra el respaldo del sillón, cerrando los ojos apenas un segundo para luego abrirlos en una lentitud expectante. Emma incapaz de contenerse después de haber digerido exclamó sorprendida.

—¡Entonces —nos miró a todos— no era una mujer si no un hombre, Merath es hija del desaparecido príncipe elfo!

Merath se quedó paralizada con el corazón martillando en el pecho, mientras Lutgard no quitaba sus ojos de ella. Odvier solo los miraba en silencio, como si hubiera esperado exactamente esa reacción. Ella se mantuvo quieta, con los puños apretados sobre sus rodillas, intentando controlar la tormenta que crecía en su interior.

—Entonces...—su voz falló, su mente era un remolino de pensamientos rápidos, no coherente la mayoría de ellos— Espera —alzo la mano derecha— no estoy entendiendo nada.

Odvier aparto la mirada pensando como decir lo que tenía que decir cuando Merath lo interrumpió dudosa.

—Quiero a mis hermanos conmigo.

—Merath...

—Ellos también son parte de esta familia —interrumpió con la voz quebrándose— ellos también merecen escucharlo y si yo estoy en peligro entonces ellos también lo están.

Odvier la miró con tristeza, fue en ese instante que Merath no pudo seguir sentada, se levantó bruscamente, como si algo estuviera a punto de asfixiarla.

—No te atrevas a darme esa mirada, que no me estas diciendo.

Lutgard, que hasta entonces había permanecido sentado en silencio en un rincón, se irguió también en cuanto ella lo hizo, siguiéndola con la mirada, pero sin acercarse. Odvier por fin habló, rompiendo el silencio con voz grave:

—Cuando mi hermano... —hizo una pausa con una mueca dolorosa — Phaelion, se marchó, el reino de los elfos se sumió en caos. Hubo amenazas de parte de las hadas, unas nunca llegaron a concretarse y que tampoco nos importaba, la relación se había quebrado, y con el tiempo, simplemente dejaron de hablar.

Merath apretó la mandíbula, sus manos temblando a los costados de su cuerpo.

—¿Y a dónde se había ido tu hermano?

Odvier captó ese detalle, pero no lo comentó, siguió con la mirada fija en un punto lejano.

—Se refugió entre los humanos, sé que allí conoció a una mujer. Tu madre, Edna.

Ella retrocedió un paso, como si esas palabras la hubieran empujado con violencia, su respiración se volvió errática, la confusión y la rabia mezclándose en su pecho.

—¿Entonces...? —su voz se quebró, Odvier bajó la cabeza un instante, y luego asintió.

—Edna es quien está muerta.

—¿Muerta? —sus palabras salieron entrecortadas, y luego rugió—. ¡¿Entonces quién es el que está desaparecido?!

Odvier le sostuvo la mirada, serio: —Tu padre.

:)




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