Almas de Media Noche

Capítulo 36

La revelación llegó como un golpe en el estómago, Merath se hacia la idea, pero aun así quería que lo dijera, sin embargo, el impacto no fue menos. Dio vueltas sobre sí misma, como un animal atrapado, pasándose los dedos por las hebras de sus cabellos sueltos con la desesperación transformándose en cólera pura.

—¡Eso no tiene sentido! —gritó, los ojos húmedos y el cuerpo temblando de rabia, Odvier guardó silencio y el ambiente estaba tan cargado que el sonido del crujido de la madera en la chimenea era incómodo. Merath permanecía de pie, los ojos fijos en Odvier y Lutgard estaba firme a su lado, no apartaba la mirada de ninguno de los dos, consciente de que la tensión podía romperse en cualquier dirección.

Odvier se acomodó en el sillón, su rostro aún marcado por el cansancio y las heridas que apenas habían sanado, su voz salió grave: —Tu padre conoció a Edna en el mundo humano, se enamoraron y cuando por fin pude encontrarlo, ella ya estaba en un estado avanzado de embarazo.

Merath se llevó una mano a la boca conteniendo un jadeo, el desvió la mirada.

—Discutimos —volvió a mirarla— No porque ella fuera humana, sino porque ese mundo era peligroso. Él estaba exponiéndose, arriesgando más de lo que podía manejar, pero mi hermano era demasiado testarudo, entonces decidimos guardar el secreto entre nosotros— Hizo una pausa, mirando hacia la nada, como si viera aquel pasado al frente suyo— la siguiente vez que lo visité... —su voz se volvió aún más baja— ya no era el mismo hombre que había conocido, tú tenías tres años y había un niño de la misma edad, pero Edna ya no estaba.

Merath sintió que le arrancaban el aire de los pulmones, la sangre martilleaba en sus sienes y comenzó a sentir dolor de cabeza terrible, pero no emitió sonido alguno. Odvier continuó: —Me dijo que había muerto en el parto, en ese entonces, pensé que tú y Midas eran hermanos, así lo creí por mucho tiempo, pero al volver a visitarlo un año después...—suspiro— había una niña recién nacida en la casa. Una pequeña... sin madre.

El jadeo colectivo de Emma y Merath se escuchó tan alto que parecía indecente.

—Nunca me atreví a preguntarle qué estaba pasado, mi hermano cada vez estaba ido y más callado —se miró la mano frunciendo el ceño— con el tiempo entendí que ella era su compañera y estar sin ella lo estaba consumiendo, pero se negó regresar al reino y decidió quedarse en el mundo humano con ustedes.

Ethan, Emma y Lutgard se miraron entre sí, sin encontrar palabras, Merath se sintió atrapada, el constante golpeteo en su sien la estaba atormentando, con la voz baja pero firme, pregunto:

—¿Entonces Maeve y Muna... no son mis hermanas?

Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Él la miró, y en lugar de responder, desvió la vista hacia la ventana.

—Antes de aparecer aquí —continúo desviando la pregunta— iba camino a encontrarme con alguien que conoce la verdad completa, alguien que tiene detalles que yo no poseo, pero fui atacado, estuve frente a frente con Zelti.

La sola mención del nombre hizo que Emma frunciera el ceño y que los ojos de Lutgard brillaran rojos. Odvier suspiró, agotado, y la miró por fin.

—No puedo responderte a esa pregunta, Merath.

Ella apretó los dientes, la rabia y la incertidumbre luchando dentro de su pecho, Odvier bajó la voz, casi en un susurro cargado de peso:

—Pero lo que mi instinto me grita... es que ninguno de ellos son realmente tus hermanos.

El silencio que siguió fue brutal, parecía que incluso la casa contuvo la respiración. La cabeza de Merath era un revoltijo de palabras que no podía procesar del todo. Sentía que el mundo a su alrededor se volvía humo, que los rostros de todos los presentes se volvían sombras sin forma. El ahogo llegó primero, la garganta cerrándose, el pecho ardiendo, y luego las lágrimas, brotaron sin pedir permiso, quemándole la piel mientras su mirada se perdía entre todos y a la vez en nadie.

Las emociones que estaba sintiendo se mezclaban en un torbellino insoportable. Su voz aún resonaba "ninguno de ellos son realmente tus hermanos" "tu madre está muerta" "tu padre es el desaparecido"

Un mareo le nubló los sentidos, y antes de que pudiera controlarlo, sus rodillas se doblaron bajo su peso, cayó al suelo, apoyando las manos contra la madera fría.

—¡No! —gritó con una mezcla de dolor y furia que desgarró la sala alzando la mano deteniéndolos, no quería consuelo de nadie, no quería lastima de nadie; lo que quería era darle rienda suelta a su dolor y golpear algo. El piso fue la respuesta, sabía que iba a doler, pero mayor dolor sentía por dentro, golpeó el piso con los puños, una y otra vez repitiendo ¡No, no, no! hasta que los nudillos ardieron y la piel se abrió en pequeños cortes. Cada impacto era un intento desesperado de liberar lo que la devoraba por dentro, lo que venía soportando los últimos meses, su llanto era una mezcla de grito y contención. Ethan y Emma se movieron instintivamente hacia ella, los ojos abiertos de preocupación, Odvier también quiso avanzar, pero un sonido gutural los detuvo.

Lutgard gruñó bajo, cargado de furia y dolor, el grito de un depredador defendiendo lo que era suyo. Su rostro estaba descompuesto, los colmillos totalmente asomados, los ojos oscuros brillando con rabia.

—¡No se acerquen! —ordenó con una voz que no admitía réplica. El vínculo lo desgarraba al sentir el colapso mental de Merath, y sus propias emociones eran un espejo amplificado de lo que ella sufría, no podía permitir que nadie más la tocara.

Todos se quedaron estáticos, lentamente, dieron un paso atrás, sometidos no solo a la autoridad de sus palabras, con pasos firmes, él se acercó. Se arrodilló junto a ella, la envolvió entre sus brazos con una ternura feroz y la sostuvo contra su pecho. Ella seguía temblando, el cuerpo sacudido por sollozos violentos, la levantó con extremo cuidado y sin dirigir una sola mirada al resto de la sala, se la llevó.




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