Almas de Media Noche

Capítulo 40

MERATH

—¡Esto es una jodida broma! —escupió midas.

Maeve, en cambio, apenas pudo balbucear, con lágrimas colgando de sus pestañas: —¿De verdad...?

Ethan dio un paso adelante fijando su mirada en Azael intentando imponer su calma—Sea quien sea necesitamos una explicación.

Entonces Azael se movió, no fue más que un gesto, un alzar de cabeza, pero algo ocurrió en el aire, fue extraño; como si su sola esencia fuera más allá del mundo humano e incluso del mundo de estos seres, los hermanos Ross dieron un paso atrás como su hubieran sido empujados por un poder invisible, incluso Lutgard reaccionó su cuerpo tensándose.

—El silencio, a veces es necesario —su mirada se volvió hacia Phaelion— hay conversaciones que no admiten interrupciones.

Nadie osó replicar, ni siquiera Midas que respiraba agitadamente. Azael nuevamente inclinó apenas la cabeza, mirando al otro hombre—Es tu momento, Phaelion.

—Cómo acaba de mencionar mi hermano y Azael, soy Phaelion—su mirada se posó en cada uno de mis hermanos— su padre de crianza y de sangre—Su mirada se clavó en mí— Quiero empezar disculpándome, primeramente, pero lo hare después de darles contexto de la situación que nos rodea —hizo un gesto a los sillones instándonos a tomar asiento, todos los hicimos.

—Todo inició con el día que conocí a Edna o más bien con el momento que decidí abandonar el reino y se fue poniendo más difícil cuando Merath llegó por primera vez a mis brazos.

Un nudo se instaló en mi garganta, Phaelion giró luego hacia mis hermanos.

—Sé que tienen preguntas, pero solo quiero decir ustedes son mis hijos, aunque no compartamos la misma sangre.

—¿Entonces quiénes somos? —la voz de Maeve sonó débil, mi estomago se apretó.

Él la miro con ternura asintiendo antes de continuar: — Voy a Explicarlo —dirigió su mirada a mi hermano— Midas, tu historia es un poco complicada; tanto aun es algo que no debe salir de aquí —nos miró a todos— si bien es cierto que no eres de mi sangre; tampoco es que eras ajeno a ella, tu madre era amiga cercana de Edna, cuando ella tuvo que irse quedaste bajo mi cuidado creciendo junto a Merath como hermano, así es como lo queríamos todos.

El mencionado abrió los ojos de par en par con la incredulidad transformándose en algo que no pude descifrar, se volvió hacia mí con la boca abierta impactado por la información.

—En tu caso Maeve —continuo— no puedo darte mucha información, ya que apareciste una noche al frente de mi puerta, no había escrito que indicara de dónde venías, pero supe que no eras una niña común.

Ella se tapó la boca reprimiendo un sollozo que igualmente se escuchó.

—Muna es un poco distinta, ella vino junto a Azael.

Midas maldijo por lo bajo, la confusión muy latente en todos. Phaelion me miró otra vez, y su voz se hizo aún más dura: —que no compartamos sangre directa no significa que los ame menos; tampoco son un error, ustedes son mis hijos... ustedes son míos.

Me agarre la garganta inconscientemente, la sensación de asfixia fue aplastante. El pecho me ardía, la picazón no me dejaba y las palabras que quería decir se me atragantaban; la mano de Lutgard se apretaba en mi brazo firme, suspiré sintiéndome segura. El simple gesto fue suficiente para que los ojos de Phaelion se fijaran en él por primera vez, su mirada transformándose a una fría y escéptica, lo recorrió de arriba abajo en un absoluto desprecio.

—Imagino que todos ya conocen la historia del acuerdo matrimonial con Zelti —Su voz interrumpió la breve quietud de la estancia.

Casi todos asentimos, mi hermano por otro me miro confundido haciéndome la pregunta que no pronuncio con palabras ¿De qué está hablando? negué con la cabeza intentando transmitirle confianza en medio de su confusión, dirigí la mirada a Maeve y tuve miedo de su reacción, no es la forma que imaginaba como reaccionaria; ella era mucho más volátil que yo y este estado sumiso que mostraba me estaba comenzando a generar una leve intranquilidad.

—Era una unión que jamás iba aceptar —sus ojos se fijaron en el techo antes de volver a verme—entonces, hice lo único que podía hacer; huir —miro sus manos con demasiada atención— Sabía que si me quedaba era cuestión de tiempo de verme obligado a hacerlo y creía que en el mundo humano encontraría libertad, pero no fue tan simple.

Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos sobre sus rodillas.

—Fuera de los limites del reino fui interceptado por gárgolas, en ese entonces la línea entre ellos y nosotros era muy débil, no sé cómo será ahora —miró a su hermano quien negó— fui herido al punto de morir —su expresión se alivió— con las pocas fuerzas que tenía, invoqué un hechizo de traslación de sangre, este me llevó al jardín de quien sería mi destino, Edna.

Mi corazón dio un vuelco.

—Ella era enfermera, y pese a su miedo evidente, me atendió —prosiguió con voz más baja—Esa casa, la misma en la que viven ahora, fue mi refugio. Allí me cuidó, allí me conoció y allí nació lo que nunca debió suceder. Nuestro amor.

—Entre los elfos mezclar sangre con humanos es prácticamente prohibido —no apartó su mirada de mí— no por desprecio; sino porque los humanos son emocionales e inestables. Cuando un elfo ama, lo hace para siempre, incluso si su pareja desaparece. Nuestro padre solía repetirlo.

Dirigió entonces la mirada hacia Odvier: —Y tenía razón —hizo una pausa— en parte.

Odvier rodó los ojos con un gesto tan humano que casi me arrancó una carcajada.

—Jamás consideraría lo que tuve con Edna un error, ella es mi compañera —dio una respiración larga y honda—Mi sangre reconoció a la suya, porque el hechizo no me llevó a cualquier lugar, sino a ella, para nosotros los elfos es llamado instinto —Miro a los vampiros de la sala—Lo que vosotros conocéis como vínculo —se detuvo mirando al piso— por eso nunca necesité o miré a otra, incluso cuando las elfas más hermosas me fueran ofrecidas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.