Almas de Media Noche parte 2: El conflicto Heredado.

CAPITULO 1

MERATH

Todo seguía ahí, intacto, esperándome. La realidad tenía esa costumbre desagradable de permanecer, aunque uno deseara ignorarla. Tengo un padre que apenas conozco y que apareció desde un medallón para poner mi mundo patas arriba. Debería sentir algo al respecto; curiosidad, emoción, alivio... cualquier cosa. Pero no. Lo único que consigo sentir es una amarga sensación de vacío, con mi vida cambiando de golpe y yo intentando encajar las pequeñas piezas de ella.

Todo lo que descubrí sobre mis hermanos todavía seguía doliendo, quería gritar de frustración; aun así, no me importa, ellos siguen siendo las personas por las que me preocuparía sin pensarlo dos veces, las mismas con las que he reído, discutido y compartido más recuerdos de los que puedo contar. Sin embargo, ahora cada vez que los miro hay una pequeña grieta en mis pensamientos, una voz molesta recordándome que tal vez nada era exactamente como creía.

Me pregunto si en algún momento debería sentirme especial porque no me siento así, lo único que siento es cansancio. Un cansancio profundo que se mezcla con la rabia hasta volverse difícil de separar. No puedo aceptar todo esto como si fuera algún destino glorioso. Si soy sincera, me importa muy poco formar parte de una historia que otros consideran importante.

Solo quería la vida que tenía antes.

Era imperfecta, estaba llena de problemas y probablemente tampoco era justa, pero al menos era mi vida y todo se había alterado. Es como intentar construir algo sobre terreno firme para descubrir, una y otra vez, que el suelo bajo mis pies nunca dejó de moverse.

Dicen que el destino se construye con decisiones. Entonces, “¿Qué ocurre si decido no seguirlo? ¿Qué pasa si me niego a recorrer el camino que otros parecen haber elegido por mí? ¿Realmente existe una alternativa o todo terminará llevándome exactamente al mismo lugar?” No tengo respuestas para ninguna de esas preguntas.

Sin embargo, hay algo dentro de mí que no deja de insistir; puedo resistirme, enfadarme y cuestionarlo todo, pero eso no cambiará el hecho de que algo mucho más grande ya está en movimiento.

Despertar ya no significa empezar un nuevo día y atender clientes, ahora significa recordar todo aquello de lo que no puedo escapar. Siento miedo, tengo dudas y puedo pasar horas imaginando el peor desenlace posible, pero no voy a permitir que alguien me vea derrumbarme.

“¡Me niego!”

—Que se vayan al carajo Zelti y todo lo que esté relacionado con este estúpido mundo —murmuré para mí misma.

Me removí bajo las sábanas buscando una posición más cómoda “como si pudiera esconderme de mis propios pensamientos” sentí movimiento su a mi lado. “Maeve” Su respiración cambió de ritmo antes incluso de que abriera los ojos. Al parecer, no era la única incapaz de dormir. Cuando finalmente me miró, reconocí de inmediato aquella expresión que tan bien conocía: una mezcla extraña de miedo y determinación, como si estuviera dispuesta a enfrentarse al mundo entero antes que permitir que este la aplastara.

—¿Estás despierta? —murmuró con voz ronca.

—Algo así —respondí.

Ella soltó una risa breve, sin humor, y volvió la vista hacia el techo. Permanecimos en silencio unos segundos, escuchando únicamente el sonido del viento contra las ventanas.

—No sé qué hacer con todo esto —confesó al final—. Durante años me pregunté quién era mi padre y por qué desapareció. Luego mamá desapareció también y pensé que, tarde o temprano, encontraría alguna respuesta, pero ahora resulta que ni siquiera sé qué parte de mi vida era real.

Su voz se quebró apenas al final de la frase.

—Siento que alguien tomó todo lo que creía saber y lo hizo pedazos.

La escuché en silencio, entendía exactamente cómo se sentía.

La cama crujió al otro lado de la habitación.

—Bienvenida al club —gruñó mientras se giraba sobre el colchón—. Resulta que algunos somos una sorpresa desagradable para alguien.

Maeve le lanzó una mirada molesta.

—No es lo mismo.

—¿No? —soltó una risa seca—. Porque a mí me parece bastante parecido.

Se incorporó apoyando los antebrazos sobre las rodillas.

—Tú al menos sigues buscando respuestas. Yo ya las encontré.

La tensión en su rostro era evidente.

—Descubro que probablemente soy el resultado de una aventura y decisiones que tomaron otros para tapar mi nacimiento. ¡Qué suerte la mía!

—No hables así —dijo ella en voz baja.

—¿Y cómo quieres que hable?

Por primera vez noté el cansancio detrás de su enojo. El silencio volvió a caer sobre la habitación. Ella bajó la mirada y él apretó los puños.

—¡Basta! —espeté incorporándome de golpe.

Los dos levantaron la cabeza para mirarme.

—No me importa lo que digan, ni lo que Phaelion haya revelado, ni los malditos linajes —dije con firmeza, sosteniendo la mirada de ambos—. Nosotros somos hermanos, siempre lo hemos sido. No vamos a tirar años de recuerdos, peleas, risas y momentos compartidos porque alguien apareció de la nada para decirnos una verdad que nosotros mismos pedimos escuchar, aunque no fuera la que esperábamos. Queríamos respuestas y las obtuvimos, pero eso no cambia lo que hemos sido todo este tiempo. Me importa muy poco lo que se haya dicho, para mí, ustedes siguen siendo mi familia. Y eso no va a cambiar.




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