Almas de Media Noche parte 2: El conflicto Heredado.

CAPITULO 6

MERATH

La puerta se abrió sin que nadie lo anunciara. Un mensajero apareció al otro lado e hizo una breve reverencia, con esa expresión impasible tan común en quienes pasan la vida sirviendo, un hecho que todavía se me hacía difícil aceptar.

“Que incómodo”

—Vengo de parte del señor Lutgard —informó con voz neutra—. Se encuentra en la casa principal, la reunión con los elfos ha sido fijada para dentro de tres días, en su territorio. El señor regresará más tarde.

Tres días.

Las palabras cayeron sobre la sala como una cuenta regresiva, sobe mi estomago; las nauseas comenzaron a hacer acto de presencia. Mi hermano soltó un resoplido tan fuerte que incluso la llama de la chimenea pareció estremecerse.

—Fantástico.

No todos reaccionaron igual pude saberlo solo por sus emociones y el sudor que me recorre detrás de mi oreja. El señor aguardó un momento más, como si esperara alguna respuesta, al no recibirla, realizó una nueva reverencia y abandonó la biblioteca, cerrando la puerta tras de sí.

—Bueno —dijo Phaelion después de unos segundos—. Espero que todo vaya bien —nos miro a todos con una mirada de disculpa— Pueden ser un poco rudos.

Odvier avanzó ligeramente mirándolo: —Pero nuestro padre es parte del concilio.

—Hermano —él le brindo una mirada cálida—. ¿Olvidas que hui de mis obligaciones? Además, padre no es el rey y el abuelo es… lo sabes.

Este le brindo una mirada triste, luego respiro profundamente antes de dirigirse a nosotros.

— Los elfos suelen prestar más atención a los detalles un momento de vacilación puede interpretarse de manera equivocada.

—Genial —masculló Maeve mientras cruzaba los brazos.

Midas inclinó apenas la cabeza: —¿De verdad crees que van a escuchar a alguien que desapareció durante años? ¿O a nosotros? Porque desde donde yo lo veo, somos un grupo de personas intentando fingir que entendemos algo.

Por un instante creí ver dolor en sus ojos, pero desapareció tan rápido que dudé haberlo visto.

—No sé si escucharán —admitió con honestidad nuestro padre—. Pero tienen que conocerlos, les guste a ellos o no, ustedes forman parte de nosotros.

Odvier asintió.

—Y por eso debemos presentarnos con firmeza.

Midas solo se apoyó los codos sobre las rodillas mientras Maeve le lanzó una mirada de reojo.

—Yo solo quiero que sigamos juntos; ahora mismo es lo único que me importa.

Respiré profundamente, tratando de controlas las diferentes emociones que me invadían.

—Debemos seguir adelante —Añadió Azael si más.

“Tres días…Tres malditos días para presentarnos ante alguien que decidiría cosas sin habernos conocido jamás”.

El resto de la jornada transcurrió entre conversaciones, instrucciones y preparativos. La biblioteca, que horas antes había sido un escenario tenso, ahora parecía un salón de clases. Me encontré suspirando por decima vez cuando Phaelion tomó la palabra con seriedad.

—Mañana al amanecer comenzaremos con los protocolos principales. Eso significa que deberán medir sus palabras, controlar sus reacciones y recordar en todo momento quiénes son.

Odvier asintió.

—La corte élfica utiliza la mucho la energía de la naturaleza, cualquiera tipo de debilidad será notorio para ellos.

Maeve levantó la barbilla.

—Pues que lo intenten.

Un breve silencio recorrió la habitación. Phaelion nos observó uno por uno y, por primera vez desde que apareció, la rigidez de su expresión pareció suavizarse.

Yo respiré hondo, seguíamos siendo hermanos porque habíamos elegido permanecer juntos después de descubrir la verdad, y quizá eso tenía más valor que cualquier linaje.

La tarde continuó y Ethan apareció varias horas después para entregarnos documentos con cosas necesarias, Emma lo acompañaba, y su expresión decía claramente que preferiría estar en cualquier otro lugar.

Odvier permaneció atento, aunque noté que de vez en cuando su mirada regresaba a mí, probablemente midiendo mi reacción o cuánto estaba soportando en realidad, me he mantenido en silencio porque solo pensar en volver hablar me hacia sentir cansada.

La noche llegó lentamente y la sensación de inquietud permaneció flotando en el ambiente. Me retiré temprano, Midas insistió en acompañarme hasta la puerta de mi habitación, pero lo despedí con un gesto cansado. Cuando por fin me encontré sola, me dejé caer sobre la cama, las sábanas estaban frías. Cerré los ojos, pero no sirvió de nada, mi cabeza seguía llena de pensamientos que giraban una y otra vez sin permitirme descansar.

Intenté convencerme de que debía ser fuerte, de que no podían verme derrumbarme, pero no lo lograba.

“Lutgard”

Lo extrañaba, y admitirlo todavía me resultaba tan incómodo como inevitable. Extrañaba su calma cuando todo a mi alrededor parecía moverse tan rápido. Extrañaba su forma obstinada de permanecer cerca incluso cuando yo quería alejarlo. Extrañaba esa mirada suya que siempre parecía encontrarme, incluso cuando yo misma no sabía dónde estaba.




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