LUTGAD
Aún me encontraba en la casa principal cuando escuché unos pasos acercarse y no necesité girarme para saber quién era.
—No lo olvides, Lutgard —dijo Ethan al alcanzarme—. Dijiste que hablaríamos después.
Le dirigí una breve mirada. Sabía que no me dejaría en paz hasta obtener respuestas. Sin discutir, le indiqué que me siguiera. Más adelante, Emma observó la escena con los brazos cruzados y esa expresión divertida que parecía acompañarla siempre.
—Yo iré a ver a madre —anunció con ligereza—.
Simplemente seguí caminando hasta mi antigua habitación. El olor a madera envejecida y recuerdos me recibió en cuanto abrí la puerta. Cerré tras nosotros y apenas tuve tiempo de dar un paso antes de que él hablara.
—Bien. ¿Qué ocurre? Y si esto tiene que ver con Merath, quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que venga.
Había sinceridad en sus palabras, pero no era eso lo que me preocupaba.
—No se trata de eso.
Guardé silencio unos segundos mientras organizaba mis ideas. No era sencillo explicar algo que ni siquiera yo comprendía del todo, pero necesitaba una segunda opinión antes de sacar conclusiones precipitadas.
—Antes de que bajara a la biblioteca estuvimos hablando en su habitación.
La curiosidad apareció de inmediato en su expresión, aunque tuvo la decencia de no interrumpirme.
—Durante la conversación escuché que decía algo.
—¿Qué cosa?
—"Surfear esas olas".
Ethan esperó unos segundos más. Al ver que no continuaba de inmediato, arqueó una ceja.
—¿Y?
Respiré profundamente antes de responder.
—Cuando le pregunté, se sorprendió preguntando si lo había dicho en voz alta.
Ethan se cruzó de brazos entrecerrando los ojos, suspire irritado.
—Ella no abrió los labios.
Por primera vez desde que iniciamos la conversación, el silencio se volvió significativo. Ethan me observó durante varios segundos y una sonrisa comenzó a formarse en su rostro. No era una sonrisa burlona exactamente, pero tampoco ayudaba a mi paciencia.
—¿Qué? —pregunté, irritado.
—No me estoy burlando. Es solo que... ¿de verdad no sabes lo que significa?
—Explícate.
—Comunicación mental.
Mi expresión no cambió.
—¿De qué hablas Ethan? Solo en nuestra familia hay esa habilidad.
Lo observé en silencio, esperando que desarrollara aquella respuesta porque, por sí sola, no aclaraba demasiado.
—Suenas tan snob—continuó girando los ojos—. Me refiero entre compañeros vinculados, es un enlace que permite compartir pensamientos. No suele manifestarse tan pronto y, normalmente, aparece después de que la pareja profundiza mucho más su conexión.
La pausa fue deliberada ofreciéndome una expresión demasiado conocedora e irritante para mí.
Lo fulminé con la mirada.
—No hemos llegado a ese punto. Y con todo lo que está ocurriendo, tampoco es una prioridad.
—Precisamente por eso resulta extraño.
La diversión desapareció de su rostro, sustituida por interés genuino y con la seriedad de alguien que realmente entendía el tema.
—Los vínculos suelen fortalecerse mediante la cercanía emocional y física. Cuanto más fuerte es la unión, más clara se vuelve la conexión mental. Que ustedes hayan desarrollado algo así sin haber recorrido ese camino solo me deja una explicación.
—La sangre élfica.
—Exacto.
La respuesta me dejó pensativo. Recordé todo lo que sabía sobre Merath, sobre su herencia y sobre las peculiaridades que parecían acompañarla desde que había llegado a mi vida.
—Deberías practicarlo con ella —continuó Ethan después de unos momentos—. Si realmente existe ese nivel de conexión, podría convertirse en una ventaja importante.
Me limité a considerar sus palabras mientras repasaba mentalmente todo lo ocurrido desde que la había conocido a Merath.
Su sonrisa regresó de inmediato al notar mi silencio: —Te lo advertí durante años. Ignorabas todas las lecciones sobre vínculos porque estabas convencido de que nunca las necesitarías y mírate ahora.
—En aquel momento me parecían irrelevantes.
—Ahora ya no tanto.
La puerta se abrió antes de que pudiera responder. Mi madre entró primero, detrás de ella apareció Kaelric, sereno como de costumbre y los últimos en entrar fueron los menores Aedric y Lyanna.
Aedric apenas cruzó la puerta cuando se dejó caer sobre la cama con absoluta confianza, mientras que Lyanna avanzó con mucha más calma, observándolo todo con curiosidad silenciosa.
—Hermano —saludó Kaelric con una leve inclinación de cabeza antes de dedicarme una sonrisa sincera—.
Mi madre se acercó y apoyando una mano sobre mi brazo. El gesto era sencillo, pero transmitía esa calidez familiar que no había sentido en mucho tiempo.
Editado: 23.08.2026