Almas de Media Noche parte 2: El conflicto Heredado.

CAPITULO 8

MERATH

La luz de la mañana se colaba entre las cortinas iluminando una parte de la habitación, pose mi antebrazo sobre mis ojos mientras me quedaba quieta unos segundos, repasando lo ocurrido de la mañana. El roce de sus labios en mi cuello, la forma en que el hambre pareció casi dominarlo y cómo, sin previo aviso decidió detenerse, marcando distancia justo cuando las cosas estaban a punto de llegar demasiado lejos.

Una parte de mí se lo agradecía, la otra todavía quería estrangularlo.

No estaba preparada. Lo sabía, pero eso no impedía que recordara cada momento con una claridad irritante y esa contradicción me agotaba

“¿Qué se supone que haga contigo, Lutgard?”

No tuve tiempo de seguir pensando en ello, cuando la puerta se abrió de golpe.

—¡Buenos días, dormilona!

La voz de Maeve llenó la habitación antes incluso de que terminara de entrar.

Me incorporé sobresaltada.

—¿Maeve? ¿Qué haces aquí?

Ella arqueó una ceja con una sonrisa divertida y algo más detrás de esa expresión.

—Vine a comprobar que sigues viva. Aunque, viendo la situación, parece que estás bastante bien acompañada.

Sentí cómo se me calentaban las mejillas.

—No es lo que piensas.

Maeve soltó una risa mientras se acercaba.

—Claro que sí.

Negó con la cabeza, ladeándolo al final mirando más allá de mi para luego suavizar un poco el gesto:—Solo ten cuidado, ¿sí?

Aquellas palabras ya no llevaban el tono burlón de unos minutos atrás, hablaba completamente en serio, y esa preocupación sincera me conmovió más de lo que quería admitir. Debió notarlo, porque no insistió ni hizo ninguna de sus habituales bromas, simplemente se despidió con un gesto de la mano y salió, cerrando la puerta tras de sí.

Cuando el silencio volvió a adueñarse de la habitación, giré la cabeza hacia el otro lado de la cama y me encontré con la mirada de Lutgard. Seguía recostado a mi lado, observándome con una calma demasiado serena para alguien que acabara de despertar.

Nuestras miradas se encontraron y, durante un breve instante, el brillo rojizo de sus ojos capturó toda mi atención, haciendo que el resto de la habitación desapareciera.

—¿Cuánto tiempo llevas despierto? —pregunté en voz baja. No pretendía sonar acusadora, pero la inseguridad se filtró en mis palabras antes de que pudiera evitarlo. Lutgard pareció notarlo, porque una pequeña sonrisa suavizó sus facciones mientras sostenía mi mirada.

Se levantó.

—Desde que tu respiración cambió.

Alce la ceja.

—Mmmm… bueno.

Bajé la vista hacia la sábana y jugué con uno de sus pliegues.

—Hay algo que me gustaría comunicarte.

Alce la mirada atenta a lo que me diría, al ver que no decía nada prosiguió.

—Creo que puedo escuchar tus pensamientos.

Lo miré incrédula moviéndome incómodamente entre las sábanas.

—¿Cómo es eso?

—Se llama enlace mental. Puede aparecer entre compañeros vinculados, aunque normalmente tarda años en desarrollarse. Suele ocurrir cuando la conexión entre ambos se fortalece lo suficiente como para compartir emociones y pensamientos de forma natural.

Lo mire en silencio por unos segundos “¿Puede escuchar mis pensamientos?”.

—Pero… ¿Por qué crees que tenemos este tipo de enlace?

—Recuerdas lo de surfear olas.

Asentí: —Te pregunté si lo había dicho en voz alta y me lo afirmaste.

—Mentí, quería confirmar que lo que había visto era correcto. Lo cierto es que no te vi abrir la boca.

—¿Por qué no me lo dijiste en ese momento?

El tomo mis manos mirándome fijamente al notar la leve molestia en mi voz.

—Lo siento, sé que no es excusa, pero estas bajo tanta presión y estrés que no quería agregar esto a la ecuación.

Entendía su punto, aunque a la vez también me sentía levemente molesta, un acontecimiento grande ha ocurrido entre nosotros y no lo sabía. ¿me molesta el enlace o el hecho que no lo compartió en el momento?

Al ver el tiempo que me he tomado en responderle, tomó la palabra.

—Merath…

Alce la mano y el callo de inmediato.

—Está bien Lutgard; acepto tus disculpas; solo es que no sé qué pensar de esto. No sé si debería parecerme algo bueno o algo inquietante.

Lo observé en silencio mientras intentaba asimilar la información.

—Entonces... ¿por qué nos pasó ahora?

—No lo sé con certeza —respondió tras pensarlo un momento—. Tal vez tenga algo que ver con tu sangre élfica

Guardé silencio unos segundos antes de hacer otra pregunta.

—¿Se puede entrenar?




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