LUTGARD
La mañana avanzaba con lentitud mientras la luz se filtraba por los altos ventanales de la biblioteca. El espacio había sido despejado y reorganizado para convertirlo en una improvisada sala de instrucción. Odvier permanecía de pie al frente, con la espalda recta y las manos apoyadas sobre el respaldo de una silla. Su mirada recorría el lugar con atención, deteniéndose en cada uno de los presentes.
—En la corte no basta con estar presentes —dijo con firmeza—. Cada palabra que pronuncien y cada gesto que hagan será observado. Un silencio en el momento equivocado puede despertar sospechas y una mirada mal dirigida puede interpretarse como una provocación.
Ella permanecía en el centro de la sala, erguida y con la barbilla elevada. Para cualquiera podría parecer la imagen misma de la seguridad, pero para mí que he aprendido a reconocer la diferencia entre confianza y tensión, no lo era. Su hermano ocupaba una silla cercana, inclinado hacia adelante y con los brazos cruzados. No hacía ningún esfuerzo por ocultar que consideraba todo aquello una pérdida de tiempo. Su hermana Maeve, por su parte, parecía luchar con el nerviosismo; jugueteaba con un mechón de cabello mientras movía el pie contra el suelo de forma constante. La menor de los cuatro conservaba la compostura habitual, aunque la rigidez de sus hombros y la atención con la que seguía cada palabra revelaban que tampoco estaba tranquila. A su espalda, la presencia de Azael se mantenía discreta, casi imperceptible. Ethan y Emma observaban desde la parte posterior de la sala, atentos a cada intercambio, mientras Phaelion permanecía apoyado contra una estantería, siguiendo la escena en silencio.
—Cuando sea presentados —continuó Odvier— hablen lo necesario, no den explicaciones si no es pedido y mantengan su carácter bajo control.
Maeve levantó una ceja cuando sintió la mirada de su tío sobre ella.
—¿Qué? No me mires a mi —señala a Midas—. Él es el del temperamento volátil.
—Va para todos —corrigió Odvier—.
Midas soltó una risa seca.
—Parece una entrevista de trabajo.
Odvier lo miró con censura: —La diferencia radica que en ese momento tu cabeza está en la balanza. Sé que todos deben están nerviosos, incluso yo lo estoy es por eso que les pido que por favor controlen sus temperamentos.
La conversación se apagó durante unos segundos. Ella seguía manteniendo la vista fija al frente, y por la tensión de su mandíbula era evidente que estaba conteniéndose. Desde donde me encontraba podía sentir el esfuerzo que hacía por mantenerse firme. Quería ayudarla, intervenir y aliviar parte de lo que cargaba, pero sabía que esta era su batalla y mi deber era estar para ella.
—Empecemos por lo básico —dijo Odvier, apoyando dos dedos sobre el respaldo de la silla—. La presentación.
Un resoplido demasiado evidente recorrió la sala y no necesitaba mirar para saber quién había sido, mi mirada permanecía fija en Merath.
—La fórmula es sencilla —continuó—. Dicen sus nombres completos y de quien son hijos.
—¿Pero no estaría de más decir de quien somos hijos?
Odvier miro a Maeve unos segundos antes de responder: —Entiendo el porqué llegaste a esa conclusión, pero no solamente estará nuestra familia, también los ancianos y algunos elfos de confianza y es necesario que se diga todo claramente. Es lo básico.
Hizo una breve pausa mirándonos a todos antes de continuar.
—Recuerden ser comedidos con lo que dicen.
Muna asintió antes de intervenir.
—¿Y si hacen preguntas que no debemos responder?
—No deberían tener la oportunidad. Una pregunta respondida una vez debería ser lo necesario, si intentan presionar, miren al portavoz.
—¿Y quién será el portavoz? —preguntó Maeve.
—Phaelion —respondió, dirigiendo una breve mirada hacia su hermano—. En cuanto al protocolo, dejen que su padre se encargue.
—Definitivamente es teatro —murmuró Midas.
Merath dejó escapar una pequeña sonrisa ante el comentario, y eso fue suficiente para aliviar parte de la tensión que había estado sintiendo desde que comenzó la mañana.
—Hay temas que deben evitar —continuó—. No mencionen a Zelti o a las hadas, el rey tiene una leve enemistad con ellos.
La voz de ella se hizo presente levantó ligeramente el mentón.
—¿Y Azael?
Mis primos intercambiaron una breve mirada y Odvier tardó apenas un instante en responder, pero antes de que pudiera hacerlo, la voz de Azael resonó en la sala.
—No me mencionen. Si las cosas se agravan entonces tendré que aparecer, mientras tanto estaré oculto—se dejó caer un silencio distinto en la sala.
Phaelion intervino por primera vez, la voz baja controlada:
—Lazos. —Miró a los tres—. Si los empujan, sostengan esa frase: “Somos hermanos por decisión y memoria compartida”. Nadie puede discutir lo que ustedes eligen ser.
Maeve respiró hondo, agradecida.
—Eso sí puedo decirlo sin tropezar.
Editado: 23.08.2026