No quería levantarme… escuchaba los murmullos fuera de mi ventana, de las personas de afuera… qué fastidio…
—¿Qué quieres? —le dije al ave que me estaba mirando—. Están hablando por lo que hiciste ayer.
El ave se veía más fuerte, se veía aquí… eso me asusta.
—Lume, buenos días —se escuchó a Dorian en la sala—. Te traje tu desayuno —dijo yendo hasta el cuarto.
Me levanté a comer. A Dorian lo conozco desde hace tiempo, mi amigo entrañable, siempre ha cuidado de mí; hace que cada momento sea ameno cuando estoy con él.
—¿Cómo sabes lo que me gusta desayunar? —le dije con la boca llena.
—Te conozco, además que tienes un apetito… —dijo abriendo los ojos y mirando hacia otro lado.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —le dije mirando mi desayuno.
Me miró y movió las cejas en señal de que me estaba escuchando.
—¿Pudiste ver algo lo de la señora Kira y su hijo?
Me miró preocupado.
—Lume, eso ya está arriba de mí. Intenté que no escapara de mis manos, pero mis superiores insistieron y lo llevaron más arriba.
Estaba a punto de hablar cuando se escucharon golpes en la puerta, fuertes y firmes.
Extraño, considerando que el único que sabe de mí es Dorian.
Dorian me miró y se paró. Me fui apresuradamente a la cocina y escuché susurros en la puerta, cuando vi a Dorian entrar a la cocina acompañado de una figura que señalaba respeto, vestido todo de gris.
Se le notaba a Dorian la preocupación en sus ojos.
—Hola —dijo la persona vestida de gris—. ¿Cómo estás? —me dijo con un tono de hipocresía evidente.
Detrás de mí apareció el ave.
—Qué interesante… —dijo el hombre mirando fijamente al ave—. Puede observarse, no te está fragmentando, tú estás vacía… —dijo con un rostro de satisfacción, como si hubiera encontrado un tesoro.
—Mañana a mediodía se te cita a una inspección; de no ir, se te arrestará por desacato a una orden directa —dijo acercándose y dándome una carta con el sello de la institución.
—Y tú, Dorian, serás el encargado de llevarla —dijo dándose la vuelta y dirigiéndose a la puerta.
—Ah, y Dorian, espero que no se vuelvan a repetir este tipo de mentiras. Mantendré esto guardado. Espero total lealtad de tu parte —dijo mirándolo antes de voltear y salir por la puerta.
—Lume… —dijo Dorian en voz baja— mañana solo responde lo que te pregunten. No más.
Lo miré.
No parecía mi amigo.
Parecía alguien que tenía miedo.
Tomé la carta y rompí el sello.
No decía “inspección”.
Decía:
“Evaluación de anomalía no clasificada.”
Sentí un frío que me recorrió la espalda.
No querían entenderme.
Querían nombrarme.
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Editado: 14.02.2026