Almas En Silencio

CAPITULO 5

—Ya es hora, Lume —dijo Dorian, saliendo de la casa.

Fuimos a la sede de la institución en la ciudad.

—Su identificación, por favor —dijo uno de los uniformados en la puerta.

Dorian le mostró su identificación y nos dejaron pasar. Todo adentro era frío y lúgubre; personas con uniformes pasaban a nuestro costado, y una puerta en particular llamó mi atención.

—No entres ahí —dijo Dorian, obligándome a caminar—. Vamos, más rápido, terminemos mejor.

Seguimos avanzando mientras las personas que nos cruzábamos miraban al halcón posado sobre mi hombro. Se escuchaban murmullos hasta que llegamos a la sala de evaluación.

—Dorian… sabía que no me decepcionarías —dijo el hombre con vestimenta gris, acercándose con los brazos abiertos.

—¿Qué evaluaciones se harán, señor? —preguntó Dorian, con un semblante preocupado que trataba de ocultar con firmeza.

—Tranquilo, Dorian… solo la evaluaremos —dijo, dando una señal que hizo que varias personas con bata se acercaran hacia mí.

Me llevaron a una sala con una camilla, donde me examinaron y me pusieron parches en la cabeza y el pecho. Solo podía verlos a través de una ventana transparente, mientras hablaban, y Dorian no me quitaba la mirada de encima.

De repente, sentí como electricidad recorriendo todo mi cuerpo; me quemaba por dentro.

—¡No! —grité, pero no me escucharon. Algo potente salió de mí, chocando estruendosamente contra el vidrio y dando un fuerte chillido. Era el halcón: sus plumas brillaban intensamente. Todo este tiempo había intentado ocultarlo con esfuerzo desde que llegué a este lugar.

Vi que una mujer vestida de blanco puso un semblante de asombro y miedo, mientras el hombre gris miraba la pantalla con satisfacción.

Dorian se puso a mi costado, mirándome fijamente, sin quitarme los ojos de encima.

—¡Impresionante! —escuché decir al hombre gris mientras entraba al cuarto con las manos elevadas.

El halcón estaba a punto de abalanzarse sobre él, cuando apareció una serpiente enrollada en sus pies.

—No… ven aquí —dije con voz firme, y esta vez me obedeció, retrocediendo.

—¿Tú lo controlas? —preguntó el hombre.

Dorian lo interrumpió:

—Solo la defiende. Cuando siente peligro o percibe que le harán daño, actúa.

—Entiendo —dijo el hombre, sobándose el mentón—. Muy bien, debemos hacer más exámenes para verificar el vacío y la fragmentación; esta solo fue la prueba de reacción.

Dio la vuelta y salió por la puerta.

—Dorian, ¿qué más me harán? Se está comportando así, no puedo frenarlo —susurré.

—Disculpe, señor Wallas… no creo que sea buena idea seguir hoy, tal vez otro día —dijo Dorian.

—No hay que perder tiempo. ¿Ya viste la pantalla, muchacho? —dijo el hombre gris, señalando con la mano—. Estamos ante algo que no es para después.

Salí de la sala y me acerqué a la pantalla. En letras grandes leí los resultados:

EVOLUCIÓN ESPIRITUAL EN PROGRESO

Ahí supe que algo estaba mal conmigo. Querían estudiar como un fenómeno, y

no se los iba a permitir.




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