Aloha

7. ʻAKAʻAKA - RISAS

El reloj marcaba las tres con veinte minutos, treinta minutos más de lo que acostumbra mi cerebro a despertar generalmente. Di vuelta de un lado a otro intentando conciliar el sueño de nuevo sabiendo que no daría resultado.

Cuando intenté levantarme para tomar agua de la mesita de noche mi pie se enredo dramáticamente en la sabana y caí de rodillas en la alfombra sin lograr desenredarme del todo, oí pasos apresurados al lado y fingí estar dormida, caerte de la cama mientras duermes, común y patético.

- Nota para mañana - oí la voz cansada de Félix cerca - sacar las sábanas de debajo del colchón

Era una buena anotación porque después de ver la película me lancé al colchón y olvidé por completo sacar la sábana y el edredón de la piecera, lo cual explicaría porque sigo medio colgando de la cama.

Me quedé quieta en espera de que se fuera pero sus pasos solo se acercaron, mientras fingía una respiración somnolienta sentí cuando tiró de las chamarras justo en el punto que impedía que me desarrollara, imaginé que después se marcharía pero solo empezaba su tarea. Después de desenrollar cuidadosamente vi de reojo como tendía de mala gana los trapos de vuelta a su posición dejando un espacio libre, cuando se volteo volví a cerrar los ojos.

- Ni creas que volveré a dormir en el suelo - lo escuché más cerca y por un momento creí que había descubierto la estafa - veamos que tanto pesas.

Dicho eso sentí sus brazos colarse bajo mi cuerpo y levantarme como si no fuera nada para colocarme en la cama, me encantaría decir que fue delicado pero no me lanzó al colchón solo porque no quiso. Después deslizó el cobertor para cubrirme del frío de la madrugada y gruñendo algo se fue de la habitación a tropezones.

Me quedé quieta un rato más por si aún estaba ahí pero cuando escuché sus ronquidos al otro lado comencé a incorporarme de a poco asegurándome de no enredarme de nuevo. Maldije al colchón por rechinar tanto mientras me sentaba y como el ruido era tan fastidioso termine por levantarme.

No es sorpresa despertar por la madrugada, el insomnio era básicamente otra de mis tareas pero al menos en casa tenía en que pasar el rato con las columnas de papeleo pendientes mientras que aquí o me quedaba viendo la oscuridad hasta que aparecieran los esbozos del amanecer o no tendría más que revolverme en mi cama de nuevo.

Anoté casi a ciegas en alguna parte de mi libreta de bolsillo comprar algunos libros o algo en que entretenerme para estás ocasiones.

Con cuidado salí del cuarto para ir a la planta baja pero antes pase por el cuarto de Félix siendo lo más sigilosa posible. Estaba dormido sobre su edredón hecho un completo desastre aún con la bata de dormir puesta y el cabello sobre la cara. Es increíble como la cama se ve tan pequeña con él encima. Por un momento me plantee poner una cobija por el frío pero eso solo le quitaría el sueño que sin duda acababa de conciliar gracias a mi pequeño desastre o también podría ser que estuviera acalorado y decidió quedarse así para no encender el aire.

Regrese a mi camino casi de puntitas hasta bajar las escaleras, revise que aún estuviera el televisor en la sala porque no recordaba haberlo visto estos días - mejor dicho no le había prestado atención - me escabullí a la cocina por algo de leche con canela por si a mis neuronas les llegaba la indirecta de que quería dormir. Me acomode entre los sillones y encendí el televisor, irónicamente estaban las noticias con alertas por, oh sorpresa, un volcán activo…

Sin duda no le diría a Félix mañana.

Pase el resto de la madrugada viendo documentales o alguna película entre los canales sin éxito de reconciliar el sueño. Para variar.

Cuando el sol comenzó a mostrar sus leves rayos volví a subir por mi ropa de entrenamiento, me vestí lista para darle vuelta a la cuadra. Sabía que Félix acostumbraba a ejercitar también por las mañanas así que volví a asomarme pero estaba dormido tan profundo que ni cuando golpee levemente la puerta dió señales de despertar. Lo dejé dormir y me fuí.

Di un par de vueltas solamente porque la atmósfera era diferente a la de Nueva York en este tiempo y no podía excederme sin acostumbrarme antes. Regresé a la casa siendo tan silenciosa cómo pude.

Coloqué la cafetera mientras me servía un poco de jugo antes de empezar a cocinar. Félix había cocinado el desayuno ayer que olía y sabía de maravilla, hoy lo haría yo aunque sin duda no sería tan magnífico.

Ya que llevábamos días comiendo huevos no creí que le fuera a molestar a cierto iceberg algo diferente hoy. Encontré los restos de lo que Nana nos había preparado cuando llegamos y decidí aprovecharlos antes de que se echaran a perder, los desmenuce y agregue un poquitín de queso solo para que tuviera otra cara. Hice bolitas de fruta y recordé que había traído yogurt ayer pero entre busca y busca encontré granola que gentilmente habían colocado en los estantes antes de nuestra llegada.

Quizás no sea la versión del omelette de mamá al estilo Félix pero opciones había, y muchas, la isla de la cocina era básicamente un buffet.

Estaba colocando el café en una jarra más compacta para agregar al resto de comida cuando escuché estruendosos pasos por las escaleras. Creo que alguien olvidó que no tiene que trabajar hoy, otra vez.

- ¿Deanna? - Félix salió en pijama hasta la piscina gritando como desesperado y entró de nuevo - ¿Deanna‽

- ¿Qué tienes? - salí a encontrarlo a la sala, pero ya estaba saliendo de haber revisado la oficina de abajo - ¿viste una cucaracha o a qué vienen los gritos?

- Tu pequeña… - pisaba con paso firme y sonoro, incluso daba miedo moverse - ¡casi me da algo por tu culpa!

- Estoy segura de que ahora no te hice nada - intente sonar cómica para aligerar las cosas, pero creo que lo enoje más

- ¿Desde cuándo madrugas tanto? - me vio la ropa de entreno - Creí que algo te había pasado…

- ¿De qué me esfumara y ya? - la verdad es que no entiendo - salgo a correr todas las mañanas llame a tu puerta a eso de las seis, pero estabas en el sexto sueño.




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