🍒 ⋆*Victoria*⋆🍒
Los viernes por la noche normalmente son una locura en el bar donde trabajo, definitivamente hoy no sería la excepción. No sé si es porque se trata de mi último día en este lugar, que las personas parecen venir en manadas. No he dejado de servir tragos desde que empezó mi turno a las seis de la tarde, nunca me había sentido tan abrumada y cansada en los años que he estado trabajando aquí.
El olor de vampiros, licántropos, hadas y duendes, todas las especies juntas en un solo lugar, a veces me causa nauseas, aunque no puedo decirlo en voz alta, porque dentro de este lugar todos son bienvenidos, eso lo hace muy popular.
—¡Fondo, fondo, fondo! —canturrea un grupo de universitarios.
El bar al que asistí durante una reunión de alumnos de primer año en la universidad, en donde por culpa de estar jugando verdad o reto con niños que recién tenían la edad legal para beber, sumado a un litro entero de tequila en mi sistema, terminé pidiendo trabajo a un sujeto que solo me vio las tetas y asintió con la cabeza sin siquiera preguntar mi nombre.
Cinco años después, sigo aquí. La paga es una fortuna, comparado a otros trabajos de tiempo parcial para estudiantes universitarios. Eso sumado a que el jefe, quien es un elfo, no tiene ningún prejuicio sobre las especies, así que no le importa que sea una hibrida. Es uno de los pocos que puede darse cuenta que soy una abominación genética, mitad bruja, mitad lobo, aunque para todos sea una simple bruja, los elfos son capaces de percibir cosas que otras criaturas no.
—Vic, cuando acabe tu turno el jefe quiere verte —mi amiga Sídney no tiene que alzar la voz para que pueda escucharla a través de la música, puedo oírla perfectamente —No puedo creer que de verdad te vas y me dejas sola aquí.
—Siempre puedes venir conmigo.
—Ni loca, ese pueblo no es para mí. Estaré aquí hasta que consiga un empleo real.
Ni siquiera me da tiempo de responderle, un sujeto llega al único espacio vacío en la barra.
—Necesito seis cervezas de barril y una botella de whisky, la más cara que tengas.
—Primero que nada, se dice buenas noches, por favor y gracias, imbécil sin modales —hablo con hostilidad al tipo grosero, haciendo que mi amiga me mire asombrada.
El castaño de ojos grises, que lastimosamente puedo reconocer a kilómetros y que no se había tomado la molestia de mirarme, lo hace por primera vez tan pronto como escucha mi voz, quedando su cara como si estuviera viendo un fantasma.
—¿¡Qué… mierda!? Victoria… —ahoga su voz para no gritar y llamar la atención —¿Qué haces aquí?
—Aquí trabajo.
—¿Me perdí de algo? —mi amiga interfiere.
—No, tranquila ¿Puedes atender a la pareja que se sentó allá?
—¿Conoces a este tipo?
—Si, algo así… —levanto la mano para callarlo cuando el imbécil intenta protestar —puedes ir.
Trato de que Sídney no se altere, su loba es territorial y bastante agresiva si ve alguna señal de peligro. Gracias a ella no tuve ningún inconveniente los años que trabajé aquí.
Respiro profundo cuando la morena se va, no sin antes darle una señal de clara advertencia al hombre frente a mí, quien aprieta los puños con fuerza por la ira contenida, y antes de que pueda hablar, sus ojos cambian a un azul intenso, clara señal de que su lobo tomó el control.
—Dylan, no hagas un espectáculo aquí —advierto entre dientes.
—Entonces vamos a otro lado, porque estoy que te mato.
Solo me queda poner los ojos en blanco, sus palabras son totalmente vacías, jamás me tocaría un pelo. Sin embargo, después de avisarle apropiadamente a Sid, lo conduzco hasta nuestra área de descanso.
—¿¡En qué demonios estabas pensando Victoria!? —estalla tan pronto como entramos —¿Trabajar en un bar? ¿Es enserio? No puedo creer el tamaño de tus estupideces.
—¿Por qué me gritas?
—¡Agradece que solo te grito! No lo puedo creer… —se pasea por la habitación —¿Padre sabe de esto? Espera, claro que no, si lo supieran te sacarían de aquí arrastras.
—¿Por qué tanto drama? Hoy es mi último día de trabajo de todas formas.
—¡Claro que es tu último día! Te sacaré de aquí ya mismo.
—¿Quién te crees? He trabajado aquí los últimos cinco años, sin problema…
—¿¡CINCO AÑOS!?
¡Ups!
Puedo ver como la vena en su frente palpita por la ira contenida. Dylan es un lobo que normalmente es protector, jamás lo había visto tan molesto, realmente se enojó por verme aquí.
—Recoge tus cosas —cierra los ojos y suspira en un intento de calmarse.
—Mi turno acaba a las tres…
—Maldita sea, Victoria, te estoy avisando por las buenas que recojas tus cosas y te vayas conmigo. No quieres que haga esto por las malas.
—No estás pensando racionalmente.
—Créeme que esto es todo lo racional que puedo ser, no me presiones y camina.
No me muevo.
—No puedo irme a esta hora ¿Qué se supone que le diga a mi jefe?
Suspira como si contara internamente para no explotar. Cuando vuelve a abrir sus ojos, son de nuevo el gris claro de mi hermano mayor Daniel.
—Tienes cinco minutos para subir a ver a tu jefe. Avísale que te vas a casa y que ni se le ocurra detenerte si no quiere ver este lugar en llamas —habla escalofriantemente calmado —te estaré esperando en la mesa ocho.
—Dan...
—Cinco minutos, Victoria —sentencia antes de salir del cuarto de descanso.
Mi hermano Dan, normalmente cariñoso y protector, se ve escalofriante cuando se enoja. Seguramente va a regañarme todo el camino a mi casa, solo espero que no le cuente a nuestros padres o no me dejaran salir de casa hasta que cumpla cuarenta.
Todos son sobreprotectores conmigo, son lobos, en sus ojos soy una criatura frágil que puede ser dañada en cualquier momento. Me costó un mundo hacer que mis padres y mi hermano me dejaran mudarme del pueblo e ir a la universidad de la capital. Aun cuando tengo veinticuatro años, no entienden que soy un adulto funcional por el simple hecho de mi inconveniente genético.
#3266 en Novela romántica
#678 en Fantasía
brujas animales ficticios amor sexo, hombes lobo, fantasia amor enemiestolove
Editado: 15.06.2026