Alpha de Luna Roja

2

El trayecto a casa es más silencioso de lo que esperaba. Supuse que tan pronto como entráramos en camino mi hermano estallaría en regaños, me recriminaría durante los treinta minutos que nos toma llegar al departamento que comparto con Sídney.

—¿Puedo poner música? —trato de llenar el silencio.

Casualmente nos detenemos en un semáforo.

—¿Estas bien? —su pregunta me toma por sorpresa y él lo nota —No sé, normalmente eres ruidosa y hoy estas muy callada.

—Pensé que estabas enojado.

—Lo estoy.

No es todo. Obviamente estoy conmocionada por encontrarme casualmente con la persona que he estado evitando los últimos años, luego de enterarme que mi hermano va a ser su nueva mano derecha.

—¿Por qué no me dijiste que necesitabas dinero? —continúa hablando mientras conduce.

—No es como si necesitara. Solo quería ahorrar un poco.

—¿Para qué? Solo tienes que acudir a mí y te daré lo que quieras. Te lo he dicho cientos de veces.

—Dan, no siempre voy a depender de ti.

Puedo ver como aprieta el volante.

—Eres mi hermana —es el argumento que ha usado por años.

—No de sangre.

Frena de golpe. Lo hice enojar de nuevo.

Mi adopción es un tema delicado en mi familia, sobre todo para mi hermano. Lo descubrí por accidente cuando entré a la secundaria y, aunque era algo que siempre estuvo en mi cabeza, fue bastante dramático. El solo recuerdo me lleva de nuevo a pensar en Seth.

Es involuntario. Todo lo importante en mi vida me lleva a él.

—No quise decirlo. Lo siento —hablo antes de que Dan lo haga.

Lo miro a los ojos, están de azul intenso, es Dylan quien me mira con esa expresión de furia ligada con dolor.

—No vuelvas a decir eso, Victoria — Desvío la mirada hacia la ventana —No sé lo que te pasa hoy, pero no eres tú.

Lo sé.

Me quedo callada el resto del camino, que gracias al cielo es corto. Cuando llegamos me bajo y cierro la puerta para despedirme por la ventana, sin embargo, me sorprende ver que el lobo también baja.

—¿Qué haces? Tienes que ir a casa, es tarde —señalo confundida.

—¿No veníamos por tu equipaje? Te oí hablar con tu amiga.

Cierto. Miro la hora en mi reloj de muñeca pensando que si salimos ahora puedo llegar a tiempo para tomar el bus de medianoche.

Nos toma diez minutos subir, bajar y empacar tres maletas en el costoso deportivo de mi hermano. Muy bonito, pero poco práctico para viajar con equipaje. Tuve que enviar un mensaje a Sid para que mande el resto de mis cosas por encomienda.

De nuevo en carretera, miro por la ventana que está empezando a nevar, está haciendo más frío, me alegra haberme puesto un abrigo más cálido que el que llevaba hace un rato.

Tamborileo mis dedos en la pierna, tarareando una canción que está de moda, hasta que me doy cuenta que no estamos en dirección a la estación de buses. Es más, estamos yendo por el camino contrario.

—¿Dan?

—Dime.

—Por aquí no vamos a la estación de buses. Es por la séptima ¿Te perdiste?

—Iremos a donde vivo —dice como si nada —¿Crees que te dejaré subir a un autobús a medianoche, sola? Sobre mi cadáver, hermanita.

—Entonces ¿Por qué no me dejaste en mi casa?

—¿Para qué te fueras en taxi? —ríe un poco —tengo que hacer algunas cosas esta noche, pero nos iremos en la mañana. De todas maneras, tengo asuntos en el pueblo, mi celo llegará pronto y…

—¡No quiero saber eso! —me tapo los oídos.

—Inmadura —ríe —vas a cumplir veinticuatro ¿Quieres que te presente a alguien?

—¿Uno de los idiotas con los que andabas hoy? Ni loca. No estoy tan desesperada.

Todos en mi pequeña familia son hombres, es impresionante que, a pesar que son sobreprotectores cuando se trata de mi seguridad, saben muy bien que tengo necesidades y, aunque no sufro de ciclos de celo como los lobos de sangre pura, ellos no se niegan a que tenga parejas.

Estoy segura de que los investigan, pero no es algo que me moleste realmente.

—¿Todavía sigues con… como era que se llamaba? —chasquea los dedos para pensar —¿Juan?

—José —corrijo —eso era temporal, consiguió su mate después de una semana.

Agradezco a la diosa porque puedo tener pareja, aun si conocí a mi mate. Supongo que funciona porque no estoy marcada o porque no soy una loba pura. Como sea, ojalá pudiera rechazarlo y así acabar con esto, pero moriría en el intento, uno de los dos tiene que renunciar a su alma para que el otro esté completo o moriríamos ambos.

—Eso no es impedimento. Ser mates no te obliga a enamorarte de esa persona, solo facilita la conexión —explica innecesariamente —Solo venos a Bea y a mí…

—Sí, la pobre te odia.

—Eso dice. Aunque para estas fechas, soy irresistible, es ella quien me ataca.

—Es involuntario, te aprovechas de eso —ruedo los ojos —debería ser considerado abuso.

—No abuso de ella —habla serio —lo hablamos mientras ambos estamos sobrios, sin ninguna feromona de por medio. Acordamos pasar nuestro ciclo juntos, pero solo eso. No hay una relación.

—Supongo que está bien. No puedo interferir en eso.

Beatriz es mi mejor amiga, no solo odia a mi hermano y al suyo, en realidad es a cualquier hombre heterosexual. Sin embargo, no puede hacer nada en contra de la naturaleza. Pasar un ciclo de celo sin tu pareja después de conocerse, supuestamente es insoportablemente doloroso y la otra opción es medicarse, lo cual es nada barato, no siempre funciona bien y los efectos secundarios son una mierda.

¿Cómo hará Seth?

Yo no tengo que preocuparme por ciclos de celo, pero ¿él?

No lo pienses, Victoria —me reprendo a mí misma.

Al llegar a casa de mi hermano, me sorprende lo grande que es. Yo imaginaba un departamento de soltero, obviamente más grande que el que comparto con Sid, por la diferencia de presupuesto, pero esto es ridículo.

Jardín, garaje y piscina, es lo primero que veo, aparte de lo obvio. Dos pisos, todo en impoluto blanco y gris ¿No se supone que aquí vive un hombre solo? Pensaba que estaría desordenado como su habitación en casa de mis padres.




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