Alpha de Luna Roja

5

Una vez dentro de mi habitación, suspiro de alivio al estar encerrada en mi propio espacio seguro. Tomo una ducha de agua muy caliente para entrar en calor, a pesar de que la casa sí tenga calefacción. Ya más calmada, sin un rastro de Adam en mis pensamientos, y el olor a menta fuera de mi piel, me concentro en peinarme el cabello, tarareando una canción que realmente no me sé del todo.

—¡Abre, abre, abre! —los toquidos de la puerta me asustan.

Bea toca impacientemente la puerta, a pesar de que está sin seguro puesto. Cuando le abro ella casi me lleva por delante, y sin decir nada solo se sientan en el váter soltando un gemido placentero cuando por fin logra orinar, sin importarle que todavía sigo aquí.

—¿Si recuerdas que hay un baño en el primer piso?

—Esta junto a la sala, ni loca entro ahí con toda esa gente afuera.

Salgo del baño para darle privacidad y vestirme con algo cómodo, mi intención es no salir del cuarto por el resto del día. El problema es que para sacar la ropa que voy a ponerme, termino vaciando toda una de las maletas en la cama, haciendo un respectivo desastre solo para conseguir un pijama.

—Demasiado rosa para mis ojos —comenta mi amiga al ver el montón.

—Y todavía quedan dos maletas más.

Su mirada va hacia donde señalo, entonces frunce el ceño. No es un secreto que ella no es fanática de cualquier color pastel, aunque particularmente odie el rosa, solo lo soporta porque abarca la gran mayoría de mi ropa.

—¿Sabes? Vi una publicidad hace poco de un bolso de mano con un hechizo de expansión o algo así. Deberías comprarte uno —habla mientras me ayuda a ordenar.

—Son caros.

—Escuchar a la hija del alcalde y hermana del Beta decir eso, es deprimente.

—No me gusta usar su dinero.

Ella no hace otro comentario, la veo poner los ojos en blanco y suspirar mientras camina hacia mi armario para sacar perchas. Por años hemos tenido esta misma charla sobre el dinero de mi familia, cosa que nos lleva a una discusión segura.

No se habla con sus padres, por lo que tuvo que aprender a ser independiente desde muy joven, es algo que admiro muchísimo de ella, pero como no fue electivo, no está muy orgullosa de eso.

Pongo música para aligerar el ambiente que se hiso tenso de repente. Tenemos gustos musicales parecidos, incluso hicimos una lista de reproducción en conjunto para asegurarnos de que nos guste a ambas.

—Un momento, ¿Esa no fue la canción que te dedicaron? —asoma su cabeza del armario —¿Quién fue? Me parece que usaba lentes de nerd…

—Julián.

—“…I love you like a love song, baby…” —canta a todo pulmón —Me encanta, aunque ese tonto la arruinó un poco cantándola en el festival de la escuela.

—Era tierno. Como un lindo cachorrito.

—Sí, pero para entonces estabas embelesada con tu enamoramiento unilateral por el Alpha.

—Cosas que pasan —desvío la mirada hacia la ropa que falta por tender.

No quiero seguir con la conversación, y el universo lo sabe, así que me da una razón para ignorar el tema. Mi celular interrumpe la canción brevemente con una notificación de mensaje.

ABS: Escuché que mi Muffin ya está en el pueblo.

Sonrío involuntariamente.

—Uy no, ¿Quién te tiene sonriéndole así al celular? —me mira con sospecha —¿Tienes un nuevo novio del que todavía no me entero?

—No es algo como eso.

Trato de permanecer sin expresión mientras escribo la respuesta. Como estoy segura de que mi cara siempre me delata, termino por darle la espalda a la rubia.

Yo: Pensaba pasar a verte mañana, después de hornear unos pastelillos.

—¿Quién es ABS? —me sobresalto por tenerla de repente sobre mi espalda mirando la pantalla de mi celular —Espera, puedo adivinarlo… ABS significa… abdominales, creo… entonces, abdominales, más que te diga muffin… ¡Iug, no puede ser! ¿Es Bruno?

—No lo digas así.

—Te ves tierna enojada —aprieta mis mejillas —Bien, no voy a decirte nada sobre él.

Es su hermano mellizo, pero no se llevan bien. Ella no se habla con nadie de su familia, y él iba incluido en ese paquete, la cosa es que Bruno no está de acuerdo con eso y busca cualquier excusa para acercarse. Cruzan un par de palabras de vez en cuando, pero su relación no avanza más que eso.

ABS: Hoy empieza el festival ¿Puedo invitarte a salir? Me gustan tus pastelillos, pero muero por verte.

—Dile que ya tienes una cita conmigo.

—¿Puedes dejar de ver mis mensajes? —me quejo.

—No hasta que dejes de desviar tu atención hacia ese tonto —hace puchero —Quiero a mi mejor amiga solo para mí. Puede que mañana comience mi celo y no te veré hasta navidad.

—¿Tanto así dura?

—Sí, así que cancela todos tus planes para que pases el tiempo solo conmigo.

—Bien, pero deja de hacer berrinche.

Me apresuro a escribirle que nos vemos mañana, mientras que Beatriz me mira atentamente. Es celosa, sobre todo cuando se trata de mí. Ahora que me tenga que compartir con su hermano la pone de muy mal humor.

Aprovecho que estoy dentro de mis mensajes para escribirle a Sídney, se me había olvidado decirle que llegué a casa sana y salva, seguramente debe estar preocupada por no saber nada de mí.

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La tarde avanza con calma, seguimos escuchando música en mi habitación, al mismo tiempo que ordenamos un par de cosas. No haber pisado este lugar en años se nota, aunque mis gustos no hayan cambiado mucho, tengo que deshacerme de materiales escolares que no boté después de mi graduación, algunas flores secas y posters dañados por el polvo.

Una vez que terminamos con todo, nos relajamos acostadas en la cama, con las piernas estiradas en el espaldar, una vieja costumbre de ambas.

—El festival está bastante concurrido este año, y como el Alpha está en el pueblo, creo que por eso intentaron lucirse ¿Qué quieres hacer hoy? —la rubia lee una lista de actividades desde su celular, que presté atención a las primeras dos y luego mi mente divagó.




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