Alpha de Luna Roja

6

Caminamos de la mano por la feria mientras Beatriz sostiene el oso panda de un metro que ganó en uno de los juegos y yo miro asombrada el algodón de azúcar gigante que me acaban de regalar. Tiene diferentes colores y una forma de flor que solo se puede definir como una obra de arte.

—¿Vas a seguir mirándolo o vas a comerlo?

—Parece un pecado tratar de comérselo —ni siquiera me atrevo a tocarlo.

De la nada ella se abalanza sobre mí, dándole un enorme mordisco al algodón. La miro horrorizada por lo que acaba de hacer, mientras que solo se ríe y toma un pedazo para meterlo en mi boca.

—Está rico —musito triste.

—Solo es azúcar, te va a dar un coma diabético uno de estos días.

—De algo hay que morirse —me encojo de hombros.

—No dejaré que comas más dulces por hoy, ya llevas demasiado, debiste parar de recibir cosas después de ese helado con chispas.

En cada puesto de comida que nos acercamos, hay alguien que me reconoce y terminamos con algo gratis en las manos. No deja de ser incomodo, pero no sé decir que no, mucho menos cuando se trata de dulces.

—Míralo de este modo, cuando muera por consumir demasiada azúcar, tendrás la satisfacción de decir “te lo dije”. Además, prometo visitarte en forma de fantasma y ponerte al día con todos los chismes que recolecte desde el más allá.

—Supongo que hay que ver el lado positivo.

Nos reímos de nuestras propias tonterías, hasta que llegamos al puesto de flores, entonces ella se pone seria. Solo me doy cuenta del motivo cuando unos brazos me alzan por los aires dándome una vuelta, lo que me hace gritar del susto.

—¡Mi muffin! —Bruno canturrea emocionado.

—¿Puedes dejar de aplastar a mi amiga? Gracias.

—Lo siento —se aparta de mí —Hola hermanita.

La tensión entre ellos es palpable, más en el lado de Beatriz. Lo saluda por educación, aunque no le dirige casi la mirada, disimula mientras presta atención a las flores, dejando que sea yo quien hable con el rubio.

—¿Qué haces en el puesto de flores?

—Como no pudiste salir conmigo hoy, me ofrecí ayudar al señor Wallas.

El hombre de mediana edad me saluda desde lejos con un gesto de la mano. Es el padre de Sídney, incluso comparten su color de piel bronceada y cabello negro rizado.

—Voy a buscar una botella de agua ¿Puedes esperarme aquí? —Bea pone el peluche en mi mano libre —No tardaré.

Nos quedamos en silencio viendo la dirección que toma antes de perderse en la multitud. Bruno me quita el enorme animal de felpa para que pueda terminar de comer mi algodón de azúcar sin que se manche.

—¿No es mucha azúcar?

—Te pareces a tu hermana —me río.

—Si le dices eso te va a insultar.

Hablamos por un par de minutos sobre mi viaje y los planes que tengo ahora que volví al pueblo. Bruno es mi mejor amigo masculino. Solía pasar mucho tiempo con mi hermano antes de que se fuera a la academia militar. Supongo que por eso pienso en él como un hermano.

Nuestra charla es interrumpida por una acumulación de gente a unos metros. Es extraño, parece que algo está pasando, entonces como buena curiosa que soy, busco acercarme, siendo seguida de cerca por el rubio.

—¡Es Beatriz! —Bruno reacciona de inmediato dándome el peluche antes de correr.

Se abre paso entre la multitud, empujando a todo el que se atraviesa hasta llegar a su hermana quien está arrodillada en el piso chillando de dolor. La cubre con su abrigo antes de cargarla en brazos.

—Entró en celo —anuncia lo suficientemente bajo para que solo yo escuche —Llama a Daniel.

Mis manos tiemblan de los nervios, nunca me había encontrado con esta situación. Mi mejor amiga está llorando mientras se aferra a los brazos de su hermano, con la cara roja y sudando a pesar de que estamos al aire libre en pleno invierno.

Caminamos hasta un banco donde se sienta con ella en su regazo. Parece tan indefensa que me pone más nerviosa. Daniel no contesta el teléfono, aun cuando van tres intentos seguidos.

—No contesta ¿Ella está bien?

—Está teniendo mucho dolor, necesitamos encontrar a tu hermano.

Sigo intentando, sin éxito.

—¿Tú estás bien? Me refiero a que… bueno… ella está en celo y tu lobo… —balbuceo nerviosa.

—Es mi hermana, no reacciono a sus feromonas —explica calmado —Aunque tenemos que irnos rápido de aquí, no quiero tener que estarme peleando con alguien. Mi chaqueta la cubre un poco, pero eso no basta.

—¿Qué hacemos?

—Llama a Xavier.

Hago lo que dice, esta vez sí me contestan de inmediato.

—¿Cariño estas bien? —papá siempre preocupado.

—Estoy bien, es Beatriz, entró en celo y no logro comunicarme con Daniel.

Le explico un poco la situación de que estamos en medio de la plaza central, con Bruno cargándola para que no se preocupe demasiado. Se escucha ruido del otro lado de la línea y la voz de mi otro padre a lo lejos, antes de que sea él quien tome el teléfono. Es médico, supongo que me dirá que hacer.




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