Alucinación

12

Eric

—¿Acaso volvieron a pelear?

Lo ignoro. Estoy demasiado preocupado; antes de venir me llamó mi madre para decirme que a papá le dieron nuevamente las crisis de su cruel enfermedad. Ahora Melis me está mirando con una preocupación notable en su expresión.

—Eric… —piensa antes de decir algo.

—Melis, sin rodeos, por favor.

—Tus análisis salieron un poco alterados. ¿Tú tienes alguna enfermedad que no me hayas dicho?

Solo niego.

—Necesito que vayas nuevamente al hospital. Yo voy a ser tu doctora, si quieres, claro. Necesito hablar con tus padres.

Niego nuevamente. A mis padres… nunca. Lo pienso, pero no lo digo.

—No, por favor, a mis padres no. Yo casi cumplo 18.

—Lo siento, pero tengo que contar con ellos.

(...)

Voy hacia un pequeño apartamento que tengo en el centro de la ciudad. Después de explicarle a Melis mi situación, me entendió, pero solo accedió a no decírselo a mis padres con la condición de que tengo que hacerle caso en todo lo que me diga, y no me quedó otro remedio que aceptar.

Después de decirme las alteraciones en mis análisis, lo único que me vino a la cabeza fue la enfermedad de mi padre. ¿Y si esta es hereditaria? Aunque, pensándolo bien, no sería mala idea… así acabaría con mi existencia de porquería. Hace tiempo dejé de hallarle sentido a la vida, exactamente después de causar el accidente de Culebra y que mis amigos, lo único que tenía, me dieran la espalda… aunque con razón.

Luego de eso todo empeoró. Fui a la cárcel, con lo cual estaba de acuerdo, ya que acabaría con un porcentaje de mi culpa, pero mis padres usaron toda su influencia para sacarme de ahí. Incluso trataron de pagarle a mis amigos para que se mantuvieran callados, razón por la cual en el presente estoy peleado a muerte con mis progenitores.

Veo mi reflejo en el pequeño espejo del baño y puedo notar todavía los dedos de Ashly marcados en mi cara. Estaba demasiado distraído con lo de mi padre, porque aunque esté furioso con él, sigue siendo mi padre.

(...)

Me voy acercando a la escuela en mi auto junto a Area, quien está embobada mirando su teléfono. Ya puedo ver el gran cartel con grandes letras azules sobre un pentagrama: “Blue”, nombre que lleva la escuela. Hace poco me enteré de que soy parte del comité de bienvenida junto a Area, Ailin, Eduard y la chica terca de ojos azules que cada vez que veo me pone de los nervios. Es tan… insoportable.

Esto me puso furioso, porque todos los años es lo mismo y suelen ser tan pesados los de la academia “Black”.

Voy llegando a la clase de música, que empieza ahora desde que comenzó el curso, porque nuestra profesora Audrie estaba enferma y ahora es que se reincorpora.

Al entrar, como es de esperarse, me encuentro a los hermanos Norton y a Ashly, que como siempre está apartada del grupo. Cuando sus ojos se encuentran conmigo, me fulmina con la mirada, lo que imagino que es por lo sucedido ayer.

—Eric, qué bueno verte otra vez —Audrie me saluda contenta, como es de costumbre, y yo le devuelvo su amabilidad—. Ve a coger tu instrumento y prepárate, que ya empezamos.

Voy a coger mi guitarra favorita de aquí y la localizo… pero Ashly está junto a ella. Esto sí que no.

—Disculpa, pero esta es mi guitarra —frunzo el ceño.

—Disculpa, pero que yo sepa esto es propiedad de la escuela —responde en el mismo tono que utilicé con ella.

La señorita Audrie se aclara la garganta para que sepamos que está justo al lado de nosotros.

—En efecto, Eric. Esta guitarra y todos los instrumentos son propiedad de la escuela —dice en mi dirección para luego referirse a Ashly, quien me mira ganadora—, pero también es cierto que antes de que usted llegara, Eric ya se había encariñado con ella, lo que no le da derecho a quitársela.

En serio, esta mujer tiene un trastorno mental, porque jamás dejaría que ella me la quitara.

—Por lo tanto —nos mira a los dos—, van a tener que pelear por ella, pero en el escenario.

Dice victoriosa.

—Y sus compañeros van a decidir quién gana, ya que ellos van a votar. El que gane se queda con la guitarra.

—Esto no es justo —digo furioso.

—La vida no es justa, querido —dice Audrie con su típico tono sarcástico.

—¿Es que me tienes miedo? —dice la castaña, y se pueden sentir los murmullos entre nuestros compañeros.

Doy el primer paso subiéndome al escenario, pero Audrie se vuelve a interponer.

—No, Eric. Van a tener que hacerlo juntos, o si no, no voy a poder dar mi clase.

¿En serio? Le voy a bajar los humos a esa creída. Río en mis adentros.

Subimos al escenario del pequeño estudio, retándonos el uno al otro con la mirada, mientras los chicos se colocan alrededor.

Audrie nos ordena prácticamente que cantemos “Say Something” para demostrarle si utilizamos las técnicas vocales requeridas para la canción. Ashly rápidamente se dirige al piano y yo cojo la única guitarra disponible, ya que la profesora había tomado la disputada.

—Uno, dos, tres —marca Ashly antes de tocar el primer acorde en el piano con precisión, y yo la sigo con la guitarra.

Se forma una atmósfera de paz. Empiezo cantando al ver que ella no se digna, luego ella hace el coro. Es muy buena… pero esa guitarra va a ser solo mía.

(Letra)

El resto de la canción sigue en completa armonía y se me olvida hasta la competencia, incluso mis problemas. Nuestras voces se fusionan tan bien entre ellas…

Al terminar, todos nos aplauden y lanzan silbidos. Me doy cuenta de las miradas de confusión que se dan entre Area, Eduard y Ailin, como si se hablaran sin palabras, como si fueran muy cercanos.

(...)

Cuando cruzo los grandes muros de la entrada de mi casa, me sorprendo al ver todas las luces encendidas y, como es de costumbre, viene a saludarme el único ser que muestra cariño hacia mí: Rex, mi perro. Se acuesta con las patas para arriba para que le acaricie la barriga.



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En el texto hay: odioamor, bandas, romance

Editado: 27.06.2025

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