Melis
Salgo de mi habitación todavía un poco dormida y me sorprendo al ver la tele encendida. Eric está acostado en el sofá mientras que Ashly está recostada en su pecho. ¿Acaso están saliendo?
Elimino las ideas de mi cabeza inmediatamente al recordar lo “bien” que se llevan y la razón por la que nuestra familia no puede enterarse de que nuestras familias aquí están a menos de 2 km de distancia.
Me dirijo a la cocina sin querer despertarlos porque todavía es muy temprano. Ya quiero ver la cara de ambos cuando se den cuenta de la posición en la que están. Me río en mis adentros.
Yo siento una pequeña culpa de no haberle contado a sus padres sobre sus análisis, pero disminuye cuando recuerdo lo que me contó sobre la enfermedad de su padre. Él ha pasado por tanto. Además de esto, aunque él no lo recuerde, yo sé lo ocurrido con el accidente que tuvieron él y su amigo, debido a que yo era la doctora de guardia, aunque su amigo no salió ileso. Yo ya no estaba cuando él se despertó, pero aun así seguí de lejos el caso y sé que se sometió a múltiples sesiones de terapia.
Veo a Ashly removerse y, al abrir los ojos, se tapa la boca de la impresión para no despertar a Eric con un grito. Se dirige hacia mí con la vergüenza estampada en su rostro.
—¿Por qué no me despertaste? —dice a regañadientes.
—Es que se veían tan cómodos —digo irónica—. ¿Qué ha ocurrido? —ya dejé el entretenimiento, ahora estoy curiosa.
—Ayer salí de mi habitación a medianoche porque no podía dormir y él estaba sentado viendo una película y nos quedamos… bueno, el resto ya lo sabes —río por su cómica expresión.
Ashly
Voy hacia mi cuarto un poco avergonzada y siento todavía los ojos de Melis en mí, que a veces se pone un poco “bromista”.
Ayer fue una noche… o bueno, más bien madrugada extraña. Eric estaba tan sensible que no pude mantenerme neutral con él, no esta vez. Parecía que estaba roto en pedazos y necesitaba algunas palabras de aliento, se debe sentir tan miserable.
Oigo el escarceo afuera, puedo oír la grave voz de Eric. Maldigo en mis adentros al recordar que le debí decir a Melis que no dijera nada, pero para qué molestarme, ya es tarde —pienso al oír su “entretenido” tema de conversación.
(...)
Me dirijo hacia la escuela en mi hermosa moto con un poco de velocidad. Al salir, Melis me dijo que esperara a Eric, que se estaba preparando, y ahí fue cuando salí a la velocidad de la luz.
(...)
Voy entrando al estudio para practicar y me sorprendo al ver a Eric y su grupo junto a los del mío conversando.
—Ashly, siéntate —me dice Eduard con incomodidad, y yo le hago caso.
—¿Ocurre algo? —los miro a todos.
—No sabemos, Audrie nos citó aquí y a estas horas no aparece —responde Ailin.
Parece como si nos hubiera oído, porque entra por la puerta.
—Hola, mis niños, es tan bueno verlos juntos aquí —dice conocedora, segura de lo ocurrido entre ellos. Todos abren la boca para protestar, pero ella no los deja—. Déjenme hablar.
Se escuchan maldiciones, hasta graznidos, y claro, no pueden faltar los típicos bufidos de Eric, a quien tengo justo al frente.
—Chicos… —les llama la atención y se sienta justo en la cabecera de la gran mesa.
»No los voy a volver a regañar. Como ustedes saben, yo soy la que atiende “Catarsis”, el club donde ustedes actúan, y últimamente ha disminuido el número de personas. Por lo tanto, he decidido —y no hay discusión— que den algunos shows extras fusionando los dos grupos, y el que no esté de acuerdo que salga inmediatamente por esa puerta.
No ha dicho las últimas palabras y ya Eduard y Eric se levantan dispuestos a irse, pero esto es interrumpido por la caída de Audrie, que se ve a leguas que es para evitar esto, y los chicos no dudan en asistirla.
Se ve que los conoce. No deja de quejarse y los chicos no saben qué hacer para que se sienta bien. Es la primera vez que los veo trabajar en algo juntos.
—Son unos idiotas, ¿verdad? —me sorprende Area al preguntarme esto; es la primera vez que habla conmigo.
—¿Es que no se dan cuenta de que eso es un teatro? —digo aburrida.
—No, ella siempre los ha tenido desde pequeños comiendo de su mano. Esto es un déjà vu —responde esta vez Ailin.
Y aquí estamos las tres viendo cómo los bobos hacen lo que le da la gana a Audrie, pero de momento esto para y se dirigen los tres juntos hacia nosotros, y las tres nos miramos confundidas.
—Atención, chicos —dice una Audrie entusiasta—: a partir de ahora van a tocar todos juntos lunes, miércoles y viernes.
Y sí, ella los tiene comiendo de sus manos.
Audrie ya se ha ido y aquí estamos nuevamente las tres viendo cómo discuten porque no se ponen de acuerdo, mientras que los otros los miran con aburrimiento. Parece que no es la primera vez.
Yo, cansada de esto, voy hacia ellos y me pongo en el medio.
—Basta —les llamo la atención al ver que siguen sumergidos en su mundo—. Ya que ustedes no son capaces de ponerse de acuerdo, nosotras lo vamos a hacer.
Miro a las chicas, que se acercan y me miran con complicidad.
—Ni lo pienses, tú…
—Ustedes intentaron quedar en un arreglo y no pudieron, así que es nuestro turno.
Eric se queda callado ante la intromisión de Ailin. Tal parece que ella es su punto débil.