Alyskara - Aura Gris

Capítulo 10

Cuando vi la cena preparada me quedé con la boca abierta, la mitad de los platos no parecen ser de cosas que haya comido antes en mi vida. Por lo que titubeé, pero aun así guardé silencio. Desde pequeña me enseñaron a no quejarme por la comida.

—La mayoría son platos de Alekasan, mi pueblo original —habló Brando invitándome a tomar asiento—. Es la comida tradicional y lo que más le gustaba a la emperatriz.

Tensé mi mirada al escucharlo, pero no dije nada. El hecho de que le gustara a su emperatriz no significa que me vaya a gustar a mí, aunque supuestamente seamos la misma persona.

Y no estaba equivocada, su sabor es demasiado condimentado, por lo que preferí comer más la comida 'humana' que la suya.

—Me gustaría, jefe, que me ayudara a quitarme estas alas grises. Aunque son pequeñas, son bastante incómodas. Están atadas, pero aun así luchan por ser liberadas y es agotador.

Escuché que dos de los tres felinos que nos miraban a distancia comenzaron a cuchichear entre ellos.

—¿Lo escuchaste? La señorita acababa de llamar 'jefe' a nuestro jefe —susurró Waldo, el gato Colocolo encargado de la cocina, que con su delantal blanco puesto, se dirigió al más joven del grupo.

—Sí —respondió Filiberto, el gato andino, y sonrió curioso—. ¿No se supone que la señorita es la reencarnación de la emperatriz? Es gracioso.

—Silencio —los reprendió Octavio, el mayordomo, y ambos se enderezaron y guardaron silencio.

No pude evitar sonreír al escucharlos hablar, días atrás nunca me hubiera imaginado a tres gatos, hablando esta forma. Aunque lo único de gato que tienen en su apariencia son sus orejas y colas.

—¿La comida no ha sido de tu gusto? —me preguntó de repente Brando sin responder mi pregunta de antes.

—No suelo comer muy condimentado ni picante, mi estómago no lo resistiría, pero el resto de la comida estaba deliciosa, muchas gracias —respondí en el acto—. Ahora en cuanto a mis alas...

—No puedo hacer nada, por ahora, son tus alas, si se vuelven inquietas es porque tú misma las mueves así. Son una extensión de tu cuerpo, como un brazo más o una pierna —dijo seriamente—. Lo mismo con poder ocultarlas, eso solo lo puedes hacer tú.

Arrugué el ceño, ¿no debería hacerse responsable de esto?

—¿Y como iré mañana a trabajar?

—¿Quién te dijo que volverás a trabajar?

Abrí los ojos, desconcertada, colocándome de pie.

—¿Acaso me está despidiendo?

Brando, pareció perder la paciencia. Dejó de comer lanzando la servilleta a la mesa y colocándose de pie me miró con fijeza. Su rostro luce tenso y cansado, al parecer acabo de provocarlo justo cuando su humor no es el mejor.

—Parece que no te has dado cuenta de lo que está pasando, ¿en verdad crees que ahora es importante pensar en el trabajo?

Bajé la mirada y me mordí los labios, ¿cómo no puede entenderme?

—Tengo que pagar el arriendo de mi departamento, la luz, el agua, y los gastos. Y un préstamo pendiente en el banco, que pedí por un matrimonio que no se realizó. Tengo demasiadas deudas que pagar...

Lo escuché suspirar y de reojo lo vi suspirar. Siento un nudo en la garganta, aún no he asimilado por completo toda esta situación. No quiero llorar, pero estoy cansada de no entender nada de lo que está pasando.

—Aún no me he presentado —dijo el hombre colocándose en frente de mí antes de inclinarse en el piso ante mi sorpresa, estuve a punto de colocarme de pie, pero sus manos sostuvieron la mía—. Soy un maestro de Alas Negras Categoría A, antiguamente fui uno de los guardianes de los cuatro pilares, representando el pilar del sur. Fuiste mi emperatriz en tu primera vida, pero moriste en mis brazos por culpa del descuido de Miguel, el pilar del norte y el hombre alado que amabas. Él se fue con la mujer que amaba justo cuando recibimos un ataque de su hermano mayor, Uzul, y por más que intentó defender el reino caímos, sin uno de los cuatro pilares el poder no logró equilibrarse. Usó su última fuerza para repeler a Uzul y crear una barrera que por años le ha impedido tomar el mando del reino de Alekasan. Y luego agonizó en mis brazos, donde le declaré que la amaba, usted me sonrió y antes de cerrar los ojos me dijo 'prometo compensar tu amor en otra de mis vidas, te amaré como tú me has amado'.

No esperaba escuchar su pasada historia de amor de una vez. Pensé que seguiría ocultando su pasado. Sus inusuales ojos color violetas se quedaron detenidos en los míos, y sin saber qué decirle solo desvíe mi mirada observando a los tres hombres gatos que nos escuchan en silencio.

—Entiendo, pero eso... ¿Qué tiene que ver conmigo? Sé que me ha dicho que soy la reencarnación de su emperatriz, pero puede ver que no tengo nada de ella. Tal vez han sido tantas reencarnaciones que de la original ya no queda nada —señalé, la verdad creo que no hay nada en que pueda ayudarle ahora de esta forma. Lo único que tengo son estas dos alas desplumadas de color gris que no puedo ni controlar. Muy distinto a la gloriosa imagen de la mujer de su pintura, cuyas alas negras lucían hermosas e intimidantes.

Brando me tomó de ambas mejillas haciendo que nuestros ojos se encontraran. Tragué saliva, nerviosa, al verlo tan cerca.

—Yo aún puedo ver a mi emperatriz, la misma mirada, la misma forma de sus ojos almendrados. Cuando sonríe sigue formándose esos pequeños hoyuelos en sus mejillas. Cuando se molesta, sigue arrugando las cejas de la misma forma. E incluso asustada, abre los ojos haciendo que sus pestañas parezcan más largas. Y además, sigues siendo igual de curiosa y que le molesta no entender las cosas.

Bufé.

—Intentas convencerme de que me parezco a ella cuando ni siquiera puedes recordar su rostro —dicho esto me coloqué de pie.

—No puedo recordar su rostro, pero si esas características y detalles —respondió de inmediato.

—Entonces, ¿qué harás ahora? ¿Retenerme en esta casa hasta que recuerde que era esa emperatriz? ¿O me dejarás volver a mi vida anterior?




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