Me quedé en silencio con mis ojos detenidos en los suyos, sostuve la mano con que sostiene mi mejilla y tensé mi mirada, ¿suya? Pues sigue con la idea de esa promesa y de una emperatriz que no soy yo.
Sin embargo, en vez de ahondar en ese tema, preferí cambiar de tema. Espero que con el tiempo se dé cuenta de que no soy la mujer amada que tanto añora.
—¿Cómo puedes transformarte así cuando antes solo por usar algo de tu poder casi moriste?
Me miró por un momento, sorprendido, es evidente que no se esperaba esta pregunta en este momento. Sonrió.
—Cuando me besaste para salvarme fue y me diste parte de tu poder, aunque aún no me recupero por completo, he podido volver a tomar mi forma de guerrero.
Cada vez siento que su mundo está muy lejos del mío, y no quiero ser arrastrada a algo que siento que no pertenezco. Solté su mano y bajé la mirada sin saber como abordar el tema sin herirlo. Noté como me miró preocupado ante mi titubeo.
—¿Hay alguna forma de liberarme de ese contrato? —le pregunté tragando saliva. Si fue la emperatriz quien hizo ese trato, ¿por qué debo entregarme a alguien que solo me quiere por ser quien fui hace miles de años atrás? No soy yo a quien quiere en realidad.
Pareció decepcionado, el tono de sus ojos incluso pareció apagarse. Me sentí culpable sin entender por qué.
—Lo digo... es que... ya me han abandonado tres veces, ahora último mi ex me dejó antes de casi entrar al altar —junté mis manos, algo avergonzada y nerviosa—. Me gustaría saber lo que se siente ser amada de verdad, aún tengo esperanzas, pero yo...
—Yo te amo —señaló de inmediato.
—Amas a la emperatriz Alyskara, pero no a mí, no a Aurora —agregué sonriendo nerviosa, parece no entender lo que quiero decir.
Pestañeó confundido y me bajó al piso. Lo observó con mayor atención, sus alas en verdad son impresionantes, y con esa estatura desde el suelo se ve mucho más intimidante. En una batalla debe ser alguien que con solo su presencia hace retroceder a sus enemigos.
—¿Por qué dices eso? ¿Crees que no te amo lo suficiente? —preguntó dolido.
—Amas a la emperatriz, no a la mujer que trabajo bajo tu subordinación tanto tiempo —le hablé mirándolo con atención.
Se quedó en silencio, sé que sabe a lo que me refiero. Y yo no quiero tener un amor que no es por mí, por mi yo actual.
—Sé que incluso has notado que no solo no nos parecemos físicamente, aunque digas que tengo aún ciertos detalles que me hacen recordarla, pero sé que no soy como ella era. Lo puedo ver en tus ojos, la decepción que sientes porque ni siquiera tengo un par de alas decentes, son como alas de pollo desplumado.
Brando se acercó y colocó sus manos en mis hombros, con expresión sería. Se ha vuelto a colocar sus anteojos. De verdad, en su forma de demonio es intimidante, y atractivo, pero en su forma humana es apuesto y elegante. Creo que si las cosas hubieran sido distintas, si su actitud como mi jefe no hubiera sido tan exigente y severa, lo hubiera mirado con otros ojos. Pero ante mí sigue siendo el temible señor Brando Vásquez.
—No importa, seremos pareja igual —dijo con seriedad, pestañeé confundida. ¿No ha escuchado todo lo que le dije?
—Pero...
Brando me soltó y me dio la espalda, acercándose a la chimenea y encendiéndola con las esferas de fuego que emergieron de la palma de su mano.
—La prioridad por ahora será establecer la protección del reino de Alekasan. Luego, si sobrevivimos, consumaremos nuestro amor.
—¿Espera? ¿Consumar qué?
Estaba a punto de decirlo más cuando levantó ambas manos hacia mi dirección. Alcé mis cejas, confundida, ¿acaso me va a lanzar una de sus bolas de fuego?
—Lamentablemente, no tenemos demasiado tiempo, los relojes de ambos reinos se detuvieron, y las ciudades se están deteriorando, las enfermedades invaden al pueblo, el nuevo emperador es un muchacho inmaduro y temeroso que no sabe qué hacer. Por lo que tenemos que ir al reino lo más pronto que se pueda.
Lo miré sin entender mucho lo que acaba de decir.
—Bien, ¿y cómo lo hacemos? —dije incrédula.
—Clausum dimisit —dijo con voz sería.
Y apenas lo dijo, sentí un horrible dolor en mi espalda, como si mis huesos intentaran desprenderse de mi cuerpo. Caí de rodillas intentando entender que es lo que ha pasado. Me acaba de atacar de la nada, cuando hace poco había dicho que era su emperatriz. El mismo tipo que acaba de hacerme esto corrió a sostenerme entre sus brazos.
—¿Qué... haces? —le pregunté apretando los dientes al sentir mi cuerpo arder, intenté alejarlo en vano, si logro alejarme podría huir... ¿Podría? Me ahogo, siento que apenas puedo respirar—. Duele... ¡¿Qué acabas de hacerme?!
—Intento que vuelvas a tu cuerpo normal, pero tus huesos no parecen recordar como eran antes de convertirte en humana —dijo seriamente arrugando el ceño, parece que no es algo que se esperaba que sucediera. Eso me asustó aún más.
—Duele... mucho... maldito hijo de...
Si alguna vez creí que el dolor de estómago o una muela infectada duelen, esto no se compara en nada. Apreté los dientes sintiendo que voy a estallar en pedazos si esto no lo detiene. Agarré a Brando del cuello de su camisa.
—Haz... que se detenga...
Y lo solté cuando el dolor casi me hizo perder la razón. Sentí como si me desgarraran la espalda y las pequeñas alas grises se transformaron en dos enormes alas que brotaron hacia atrás al mismo tiempo que solté un grito, mis huesos salieron hacia afuera por atrás y se extendieron como si al fin fueran liberados. Sentí que me desvanecía en los brazos de Brando, cansada y adolorida, pero por su mirada afectada parece que esto aún no acaba.
—¿Tus alas siguen siendo grises? —dijo preocupado.
—Señor... esto... si la señorita va en ese estado a Alekasan la tratarán como a un... —Octavio no terminó su frase, pero sí, tensó su mirada.
—Un rechazado —musitó Brando arrugando el ceño.