Alyskara - Aura Gris

Capítulo 13

Bufé, ¿por qué necesito entenderlo? Simplemente, no le caigo bien, y él tampoco a mí. Estamos empatados. El hombre mayor vertió el líquido, que antes uso para cambiar el color de la pluma gris a negra, dentro de una botella y usando un spray las salpicó sobre mis alas, que al instante tomaron un color negro. Luego me entregó la botella haciendo que la tomara con ambas manos.

—Es muy importante que siempre lleves esto contigo, nadie debe saber que tus alas son de color gris, o estarás en serios problemas —dijo con voz profunda y expresión seria.

Moví la cabeza en forma afirmativa, sin decir nada. Brando me la quitó de las manos guardándola en su bolso.

—Yo me encargaré de cuidarla —señaló antes de caminar hacia la puerta—. Gracias, director, nos veremos más adelante. Aurora, ven, vamos a comer.

Me quedé sorprendida, es primera vez que me llama por mi nombre desde que todo esto empezó y no como "mi emperatriz". Es más cómodo así. Antes de poder decir algo desapareció por la puerta sin esperarme, por lo que apresuré el paso.

—Ten cuidado —dijo el anciano que ya volvió a su escritorio—. La emperatriz no solo debe guiarse por esto —indicó su cabeza—, también por aquello.

Dijo ahora señalando su corazón.
—El error es solo escoger uno y no los dos.

Y luego de eso, sin intenciones de seguir hablando, tomó su pluma y siguió escribiendo. Solo lo miré unos momentos antes de salir al pasillo dándome cuenta de que Brando ha desaparecido, mire a ambos direcciones sin verlo.

¿En dónde diablos se metió ese hombre?

—Hola, ¿eres una nueva alumna? —me preguntó un joven alado con sonrisa risueña y cabellos rubios. Si no fuera por sus alas negras, creería que es un ángel.

—Tus ojos son violeta —pensé en voz alta, luego al darme cuenta intenté cambiar el tema—. Hola, un gusto, me llamo Paula.

Pero ya es demasiado tarde, aquel sonrió animado antes de tomarme de ambas muñecas.

—Los ojos violeta somos especiales, pero tus ojos son tan amarillos que por un momento me confundí y creí que eran dorados como los de ella... bien, en fin, si eres nueva te enseñaré la academia.

—Supongo que algo así...

No alcancé a decir nada más, salió corriendo feliz tomándome de la muñeca, llevándome con él por el pasillo sin detenerse. Hasta ahora ha sido el único que me ha sonreído con tanta naturalidad, y aunque se ve pequeño, alegre y amable, tiene una fuerza increíble.

—Entonces te daré un recorrido por el lugar, mi nombre es Oliver, ¿el tuyo? —se presentó y habló sin detenerse.

—Aurora, ¿podrías ir más despacio? —le dije y se detuvo.

Pero no lo hizo porque yo se lo pedí, sino porque acabábamos de llegar al comedor en donde recién comenzaban a servir la comida. Por lo mismo, casi todo luce desocupado y tranquilo. El chico rubio alado tomó una bandeja y me empujó delante de él. Eligiendo la comida por mí, recomendándome platillos que nunca antes había escuchado en mi vida. Y luego de eso me llevó a una mesa casi haciendo que perdiera el equilibrio, pero él se encargó de sostener mi comida, evitando que cayera al piso.

—Muy pocas veces he visto alumnos nuevos llegar a la academia, sobre todo cuando ya son mayores, ¿cuántos años tienes?

Sus ojos violetas se quedaron detenidos en los míos mientras su sonrisa se mantiene en su rostro esperando mi respuesta. Él no parece tener más de veinte años, es muy joven.

—Tengo veintiocho años —le respondí, evidentemente ahí se dará cuenta de que no soy ningún alumno.

Pestañeó confundido.

—Vaya, eres muy joven —dijo y confundida, lo miré de reojo, ¿está jugando conmigo? Él debe ser menor.

—Yo tengo ciento diez años, y soy uno de los maestros —señaló empezando a comer.

¿Uno de los maestros? ¿Con esa cara de niño? Además, su estatura no es tan alta, solo un poco más que yo. En verdad pensé que era uno de los alumnos de este lugar.

—Luego de comer, ¿quieres conocer la biblioteca? ¿O los dormitorios? ¿Tienes compañero de cuarto? ¿Podemos ser compañeros?

—Bueno, después, aún no sé si dormiré acá; no, eres hombre y yo mujer, ¿cómo vamos a compartir la habitación?

Intenté responder a cada pregunta. Probé la comida, era tan condimentada como la que Brando me dio antes en casa. Luego observé el lugar. Es una sala enorme y larga, con cuatro mesas extensas, y bancas, todo de madera. Alrededor hay varios libros, como si invitara a los alumnos a comer y a leer a la vez. No temen que sus libros sean ensuciados con la comida, al parecer.

—¿Qué haces acá? Te he buscado por toda la academia —a voz severa de Brando llegó a mis oídos.

Me giré solo para ver su severa y sería expresión, la misma con que solía llamarme a su oficina cuando estaba a punto de reprenderme. Sin pensarlo me coloqué de pie y dije '¡Jefe!'.

Apenas lo dije, Oliver nos contempló en el momento, y con total tranquilidad siguió comiendo.

—No puedes irte y pasearte por este lugar, sola, te puedes perder —señaló cruzando los brazos.

—Pero, si tú te desapareciste y me dejaste sola y...

—Vámonos, comerás más tarde —reclamó dándome la espalda. Arrugué el ceño molesta, me trata como si fuese mi culpa que me hubiera perdido.

Sin embargo, no me había ni parado de la mesa cuando Oliver me tomó fuertemente de la muñeca y no me dejó ir. Endureció su mirada de forma desafiante mirando a Brando. No pude ocultar mi sorpresa al ver como aquel joven alado de rostro angelical ahora luce peligroso, como si estuviera listo para atacar.

—La señorita Aurora está conmigo, Brando —habló secamente.

—Déjala ir —advirtió el otro con mirada intimidante.

—Tú sabes que cuando alguien me gusta no lo suelto por ningún motivo...

—Puede ser cualquiera, menos ella —Brando arrugó el ceño tomándome del otro brazo.

—¿Y por qué ella no? —habló Oliver con un tono provocador.

—Porque ella es mía —le respondió y sin más me sacó de un jalón tomándome de la cintura.




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