Finalmente, terminé por quedarme dormida. Desperté sintiendo algo en mi nariz y al abrir los ojos vi una pluma de colores. Me senté de inmediato notando la suave sonrisa de Brando.
—¿Terminaste? —le pregunté en un tono poco amable.
—No, no pude encontrar lo que necesitaba, pero ya ha anochecido —me mostró hacia los ventanales cuyo cielo luce oscuro.
Mis ojos se detuvieron en las dos lunas que me hacen recordar que este no es mi mundo. Sin embargo, no oculte mi impresión, las lunas no son del mismo tamaño, una luce mucho más pequeña que la otra.
—Se dice que el Dios que creó este mundo, creo esas dos lunas por los dos reinos que se formaron. Alekasan, el reino de los alados oscuros y, Bylkaria, el reino de las alas blancas. Se supone que deberían ser dos reinos hermanos, pero nunca ha sido así. O por lo menos lo que dicen los libros de historia.
—¿Eso es lo que buscabas aquí? —le pregunté aún con más curiosidad.
—No —y dicho esto sacó el cabello despeinado que caía en mi cara—. Solo buscaba como hacer que puedas recuperar tu poder. ¿Cómo hacer que un alma que estuvo tanto tiempo con los humanos recuerde como recuperar su poder?
Lo miré de reojo, en silencio. Quisiera preguntarle si no ha pensado que tal vez nunca lo recupere. Pero tengo demasiado sueño para lidiar con algo así.
—¿No sería más simple ayudar al nuevo emperador? —pregunté bostezando.
Pero Brando me tomó de ambas muñecas haciendo que mis ojos se alzaran deteniéndose en los suyos sin entender su reacción.
—Tienes que evitarlo, el nuevo emperador nunca debe verte —habló con seriedad.
—¿Por qué? —le pregunté con una semi sonrisa confundida—. Ni siquiera tengo la grandiosa ni magnífica apariencia de antes. No habría forma de reconocerme. Y aunque sea un descendiente de ese tipo que se robó el trono, no me has dicho si es un tirano para entender tus razones de que no quieras que me acerque.
Brando me soltó chasqueando la lengua.
—Es un inútil y débil rey, no es malo como lo fueron sus antecesores, se preocupa por su pueblo, pero su debilidad es lo que está causando inestabilidad. La mayoría de ellos han logrado vivir a costa del poder de Alyskara, la emperatriz.
—¿El emperador que la derrocó no puedo imponer su propio poder? —me parece extraño que luego de ganarle el trono no pudiera usar su propio poder para mantener la estabilidad de Alekasan.
Mi jefe se levantó de su asiento y caminó con su atención fija en las dos lunas.
—Lo intentó, pero fue rechazado, su poder oscuro estaba tan infectado que solo haberlo usado hubiera causado un efecto contrario. Por eso él deseaba tanto mantener con vida a la emperatriz, pero ella no lo permitió y se sacrificó para que él nunca pudiera tener un control absoluto del reino...
Vaya, sí que era una heroína, ahora entiendo tanta admiración y cariño de todos los que viven aquí. Yo nunca en mi vida me sacrificaría por alguien, ya la vida misma me ha enseñado que nadie vale la pena para eso. Mis novios me abandonaron por otras mujeres, mis padres en un orfanato, no tengo familia ni nada. Y en mi trabajo todos me desprecian. Ella, en cambio, debió ser muy amada y querida, incluso por esos cuatro pilares, a excepción de quien la traicionó.
—¿Por qué ahora estás tan callada? —preguntó Brando y me di cuenta de que ha vuelto a sentarse y está muy pegado a mi lado—. Ya es de noche, es hora de volver a cenar y a dormir.
—Bien —respondí, prefiero bajar a que pasar la noche en esta oscura biblioteca a esta altura.
Me aferré de sus brazos antes de que desplegara sus alas y comenzara a volar, a descender al pasto húmedo. El silencio rodea a toda la escuela, las luces alumbran todo el pasillo, solo nos encontramos con quienes él llamó 'centinelas' me explicó que son los encargados de la seguridad de la academia.
Avanzamos por el pasillo hasta llegar a la última puerta. La abrió y lo seguí, el interior es amplio e iluminado, una chimenea ya está encendida cerca de la sala principal, en donde hay un solo sofá en frente y otro de dos cuerpos al costado. Una alfombra gruesa se encuentra bajó los pies. Y un librero repleto de libros.
—Entra, de ahora en adelante dormirás acá —me mostró otra habitación en donde hay una enorme cama, de claras sabanas y somier alto. Con un visillo blanco que la rodea. No sé si es para evitar a los mosquitos o darle privacidad a quien duerme en esa cama.
Al costado hay varias ventanas que dan directo hacia el bosque. Las dos lunas dejan ver la silueta de los árboles y como estos se mecen con el viento.
—¿Te gusta? —me preguntó.
Si hubiera un televisor con algún streamer sería perfecto.
—Sí, no está mal, ¿tú en donde duermes? —le pregunté sentándome en la cama y sintiendo que su colchón en realidad es muy suave y cómodo.
—Aquí —dijo sonriendo mientras se acercaba a mi lado—, este es nuestra habitación
—¿Nuestra habitación? —pregunté de inmediato, pero antes de colocarme de pie me empujó hacia atrás quedando atrapada entre el colchón y Brando.
—¿Qué crees que haces? —lo empujé con fuerzas y me tomó de ambas muñecas afirmándolas contra la cama, impidiendo que pueda liberarme.
—¿No crees que ya es hora de consumar nuestro amor?
¿Consumar qué? Lo miré a los ojos notando su serio rostro, ¿lo dice en serio? ¿Y de qué amor? Él ama a alguien que no soy yo, y yo a él sigo viéndolo como mi jefe. Sentí su beso en mi cuello y temblé apretando los dientes.
—De esta forma nadie se atreverá a mirarte y...
Mi estómago gruñó. Salvada por el hambre. Brando, como si reaccionara, pestañeó confundido y se levantó de la cama.
—No hemos cenado aún —dijo mirando hacia las ventanas—. Calentaré la cena, ven a esperar en la sala de estar.
—Tú... ¿Acaso?
No espero que terminara de hablar y salió de la habitación. Me quedé ahí, mirándolo confundida, sin saber si en realidad ir o escaparme por las ventanas. Pero para eso necesito controlar mis alas, o si no terminaré estampada contra el piso.