Ámame en secreto

Capítulo 5 ~°¿ahora qué sigue?°~

Las clases del día siguiente avanzaban más lentas de lo normal. Mau apoyó el lápiz sobre su cuaderno mientras intentaba concentrarse en lo que el profesor explicaba al frente, pero las palabras entraban por un oído y salían por el otro

La sonrisa de Isunza vino a su mente.

Frunció ligeramente el ceño y volvió a escribir cualquier cosa solo para aparentar que estaba poniendo atención. ¿Por qué seguía pensando en eso?, ni siquiera había sido lo gran cosa, apenas una sonrisa, una sonrisa de alguien que apenas conocía.

—Mauricio.

Mau levantó la vista rápidamente. —¿Hm?.

El profesor lo observaba desde el frente del salón. —Podrías continuar leyendo?.

Mau abrió un poco más los ojos y se dió cuenta de que toda la clase lo estaba mirando. Bajó rápidamente la vista al libro y buscó desesperadamente dónde iban.

—Página cincuenta y cuatro —susurró alguien detrás de él

—G-gracias…

Terminó de leer torpemente y volvió a sentarse, acomodándose el pelo con evidente vergüenza. A su lado su amigo soltó una pequeña risa.

—¿Qué te pasa hoy?

—Nada.

—Llevas distraído desde que empezó la clase.

—No estoy distraído

Su amigo levantó una ceja

—Hace diez minutos escribiste el mismo título tres veces.

Mau miró rápidamente su cuaderno. Efectivamente

“Biología”

“Biología”

“Biología”

Mau cerró el cuaderno de golpe y avergonzado respondió

—Callate.

Su amigo le sonrió burlonamente. —¿Quién es la afortunada?.

Mau sintió un pequeño escalofrío, “¿LA?”, pensó él. —¿Qué?

—Ah entonces si hay alguien

—No digas tonterías, no hay nadie

El profesor mandó a callar al salón y Mau aprovechó para voltearse y hundirse en su asiento, ignorando completamente la mirada de su amigo.

Aunque por dentro sabía perfectamente quién tenía la culpa de su distracción.

Comenzó la hora de descanso, Mau caminaba por el patio con una botella de agua en las manos mientras repasaba mentalmente los pendientes de su próxima clase, tal vez sí se centraba en eso tal vez dejaría de pensar en…

Mau sintió una mirada encima, levantó la mirada por instinto y en el segundo piso, recargado contra el barandal, estaba Isunza.

Su camisa como siempre estaba desarreglada y tenía esa expresión tranquila como siempre, como si no hubiera nada que lo preocupara.

Ambos hicieron contacto visual y el ruido del patio pareció desaparecer por un segundo, Mau tardó demasiado en reaccionar, Isunza sonrió, y por alguna razón se puso todavía más nervioso, desvió la mirada y siguió caminando.

Cuando llegó a los bebederos, había dos chicos de otro salón hablando a un lado:

—Si, ese de penúltimo semestre.

—Dicen que es problemático, mi amigo estuvo en un trabajo en equipo con él y casi terminan peleándose.

—Sin mencionar sus terribles calificaciones, lo único que lo salva es que es atractivo y tiene carisma. — Bufó el chico.

Mau seguía escuchando.

—Da igual, mejor mantenerse lejos de él.

Las voces se alejaron poco a poco del ruido del patio, Mau permaneció callado. Fuera de lo de las calificaciones, no parecía encajar con el chico que estuvo hablando durante toda la orientación con una sonrisa relajada. Mau quedó pensativo unos instantes, pero rápidamente siguió su rumbo.

El día siguió como normalmente.

Al terminar las clases, Mau guardaba algunos libros en su casillero cuando escuchó una voz detrás de él…

—Orientador.

Su corazón dio un pequeño salto. Cerró el casillero rápidamente antes de girarse.

Isunza estaba ahí.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Mau intentando sonar tranquilo.

—Solo pasaba por aquí.

Mau miró alrededor. —Este edificio ni siquiera es de tu semestre.

—Qué casualidad entonces. Isunza se acercó lo suficiente para ver el horario de Mau pegado a su casillero. Estaba cerca, muy cerca. Mau pudo oler el aroma de su perfume y automáticamente un nerviosismo brotó en él.

—Tu horario es terrible —dijo Isunza.

Mau no respondió por el nerviosismo, cuando Isunza se dio cuenta, inmediatamente una sonrisa satisfecha apareció en su rostro.

—¿Siempre te pones nervioso cuando alguien está cerca? — le dijo mirándolo directamente a los ojos.

Mau suspiró,—No estoy nervioso. —

—Como tu digas— Dijo Isunza poco convencido.

Esta vez el silencio no se sintió incómodo, solo extraño.

Isunza miró el reloj en la pared, hoy tenía su entrenamiento más temprano, así que ya se tenía que ir.

—Entonces… nos vemos en la próxima orientación, Mau—, pero esta vez al decir su nombre de una manera un poco más ronca, resonó en la cabeza de Mau, y sin poder decir nada, su aroma aún presente se quedó quieto observando desaparecer en el pasillo.




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