Esa misma noche.
El sonido de las llaves abrió la puerta lentamente, Mau entró a casa en silencio, como siempre. El reloj marcaba las 8:30 de la noche. La sala estaba iluminada por la televisión encendida, aunque nadie realmente la estaba viendo, su madre medio dormía en el sillón con una cobija sobre las piernas mientras el sonido de un programa estaba de fondo.
—-Ya llegué…—murmuró Mau en voz baja mientras se quitaba los zapatos.
—-Hay comida en la cocina— respondió su madre sin despegar la vista de la televisión.
Ni siquiera le preguntó por qué había llegado a esa hora. (Se quedó en la escuela haciendo horas extras de servicio para “mejorar su promedio”).
—Gracias. —Nada más, nunca había nada más que decir.
Mau tomó su mochila y caminó hacia las escaleras, pero al pasar junto al comedor se detuvo un momento.
Había cuatro sillas… solo tres se usaban ya. Sus ojos se quedaron unos segundos sobre la silla vacía antes de apartar rápidamente la mirada y subir a su habitación.
Cerró la puerta detrás de él y soltó un suspiro cansado.
Su cuarto estaba ordenado, demasiado ordenado, todo en su lugar, como debía estar. Mau dejó la mochila en el suelo y se sentó frente al escritorio. Sin pensarlo mucho abrió unos cajones inferiores, dentro había varias cosas guardadas: libretas viejas, medallas escolares, fotos, y hasta el fondo… una playera negra doblada junto a una foto. Sus dedos se tensaron apenas verla, la tomó lentamente, todavía recordaba perfectamente a quién le pertenecía.
Recuerdo de Mau hace 4 años:
—-¡Mau, apúrate o llegaremos tarde! ~La voz alegre resonó dentro de sus recuerdos.~
Un Mau más pequeño bajaba las escaleras rápidamente mientras intentaba ponerse bien los zapatos. —-¡Ya voy!
La risa de su hermano llenaba toda la casa
—-Siempre haces todo lento —rió su hermano.
—-Porque tú siempre tienes prisa.
—-Eso es porque alguien aquí tiene que ser responsable.
Su hermano le despeinó su cabello al pasar junto a él y Mau se quejó inmediatamente.
—¡Oye!
—¡Qué?, Te ves mejor así.
Y aun así, Mau lo seguía a todas partes, porque para él, su hermano mayor era increíble. Bueno en deportes, bueno en la escuela, bueno hablando con la gente, parecía alguien que podría hacerlo todo.
El recuerdo cambió.
Más silencioso. Más frío.
Mau estaba sentado en las escaleras aquella noche, abrazando sus piernas mientras escuchaba voces fuertes detrás de la puerta del comedor.
—¿Entonces si es cierto?
La voz enojada de su padre seguía grabada en su memoria. Mau se quedó quieto en la pared del pasillo, escuchando sin querer.
—Sí. —La respuesta de su hermano había sido firme, sin miedo.
—Estoy saliendo con él, soy gay.
El silencio era horrible. Después, un golpe seco sobre la mesa.
—No vuelvas a decir estupideces.
—No es una estupidez.
—¡Claro que lo es!
Mau recordó haber apretado con fuerza la manga de su sudadera mientras escuchaba la pelea empeorar. Su madre lloraba. Su padre gritaba. Y su hermano… Su hermano seguía respondiendo.
—No voy a cambiar solo porque ustedes quieran.
—¡Entonces deja de actuar como si esto fuera normal!
Mau cerró los ojos al recordar esa parte.
—¡Ya no puedo más!. —La voz de su hermano se quebró —¡Todo el tiempo esperan algo de mí!
—¡Solo queremos lo mejor para ti! —respondió su padre.
—¡Bah, el mismo cuento de siempre, solo quieren que sea perfecto!. Después, silencio, un silencio pesado mientras su padre se frotaba los ojos con cansancio.
Mau sintió el estómago encogerse. No entendió completamente esas palabras en ese momento, pero jamás las olvidará.
Volvió al presente.
Mau observó la foto de su hermano mientras la luz de la luna se colaba por la ventana.
El recuerdo cambió otra vez…
Su hermano metía ropa apresuradamente dentro de una mochila
mientras la casa permanecía en silencio. Mau estaba parado en la
puerta de la habitación viéndolo sin saber qué decir.
-¿De verdad te vas...?
Su hermano dejó de guardar cosas por un momento. La sonrisa que le
dio fue pequeña.Cansada.
-Solo por un tiempo.
-Papá sigue enojado pero... seguro luego se le pasa
Dijo Mau con un tono de esperanza y tristeza. Su hermano no
Respondió, solo desvió la mirada, y en ese momento Mau entendió algo
que no quería aceptar
Tal vez no iba a arreglarse.
—Oye, — murmuró su hermano acercándose a él- No pongas esa cara.
Le revolvió el cabello igual que hacía siempre, pero esa vez se sentía
diferente, más triste, sabía que probablemente sería la última vez que
Sentiría esa caricia.
-Tú no hiciste nada malo, si?
Mau todavía recordaba haberse quedado callado, porque una parte de
él sí sentía que algo estaba mal, no con su hermano, sino con todo lo
que había pasado después...
Mau regresó del recuerdo.
Hace mucho que su hermano ya no vivía ahí y aún así... toda la casa
seguía sintiéndose demasiado sola por su ausencia, sus padres ya casi
no discutían, pero tampoco reían como antes, y eso pesaba dentro de
Mau.
Él bajó lentamente la mirada.
Por eso estudiaba tanto.
Por eso evitaba problemas.
Por eso intentaba hacer todo bien. Porque alguien tenía que mantener
las cosas estables. No?
La observó en silencio mientras un pensamiento incómodo volvía a
aparecer en su cabeza.
Uno que llevaba días evitando.
Los ojos de Isunza.
Su sonrisa
La forma en que pronunciaba su nombre. Eso que sentía cada vez que
estaba cerca de él
Mau bajó rápidamente la foto.
No. No podía pensar en eso. No quería pensar en eso.
Se llevó una mano al rostro frustrado consigo mismo, porque en el
fondo sabla perfectamente qué significaban esos nervios... Y eso era