Ámame en secreto

Capítulo 7 ~°No debería importarme tanto°~

Debido a lo que pasó anoche, además de haber dormido pésimo, Mau olvidó poner su alarma. Cuando abrió los ojos y vio la hora en su celular, el corazón casi se le sale del pecho, se levantó de golpe, tropezando un poco mientras buscaba su uniforme.

Apenas alcanzó a darle una mordida a su desayuno antes de salir para no llegar tarde, salió con un tenis medio puesto y se apresuró para alcanzar a llegar.

Aunque fue de los últimos en llegar, logró entrar al salón antes de que cerraran la puerta.

—¡Mau! —Lo llamó su amigo. —-¿Qué te pasó?, Jamás llegas tarde.

—Olvidé la alarma, es todo.

Su amigo lo observó unos segundos con sospecha, pero no insistió.

—Ey, hoy habrá retas en el segundo recreo, vamos a arrasar con nuestra reta, únete.

—No lo sé… no estoy de humor.

—Ándale, nos falta una persona, y sabes que eres bueno. —Dijo su amigo haciendo un puchero, pero antes de que pudiera insistir más, la maestra comenzó la clase, Mau agradeció internamente esa interrupción.

Su clase siguió como normalmente, a pesar de que como últimamente pasaba, su mente seguía desviándose sola. Finalmente sonó la campana del primer receso, Mau abrió su mochila buscando su desayuno.

Nada

Revisé otra vez.

vacío.

—Maldita sea— murmuró entre dientes.

Tampoco traía dinero, había salido tan rápido que olvidó completamente agarrar algo.

Suspiró cansado, mientras caminaba a la cafetería de la escuela

—Pediré algo y diré que lo pago mañana…—

Pero de pronto se detuvo en seco, Isunza estaba así, recargado en el mostrador de la cafetería, Mau sintió un pequeño nerviosismo incómodo.

~No, no puedo ir. Bah, no pasa nada si no como por ahora.~ dijo con un poco de orgullo.

Se desvió del camino rápidamente antes de que pudiera verlo. O al menos eso creyó.

Sin nada más que hacer, se sentó en una banca cercana. Miraba al suelo con su mejilla recargada en la palma mientras pateaba una pequeña roca entre sus pies, cuando de pronto lo cubrió una sombra.

—¿No vas a comer nada?. —dijo una voz baja y con un tono juguetón.

Mau no necesitaba ver quién era para reconocerlo, dio un pequeño brinco y alzó la mirada.

Isunza estaba frente a él. El aroma de su perfume también llegó.

—¡Ah! ehm, no… no. Lo olvidé en casa y no traigo dinero.

—Ya veo. —dijo Isunza mientras se sentaba a su lado con total naturalidad.

Mau tragó saliva discretamente.

—¿Vas a entrar en las retas? —preguntó Isunza mirándolo de reojo.

—No estoy seguro… —dijo Mau indeciso aún recomponiéndose.

—Deberías entrar, te he visto jugar vóley. —Eso agarró un poco desprevenido a Mau.

—¿Me has visto jugar?...

Isunza sonrió apenas.

—A veces.

Pero antes de que Mau pudiera contestar, una voz gritó desde la cancha.

—¡Isunza! ¡Ya tengo el balón! —Le gritó Raúl para llamarlo.

—¡Ya voy! — gritó Isunza de vuelta. Luego volvió a mirar a Mau.

—Piénsalo, y si vas a jugar, tienes que comer algo. Me imagino que tampoco desayunaste— dijo mientras se levantaba y dejaba un sándwich empaquetado al lado de Mau y se fue alejándose entre la multitud.

Mau, aún un poco sorprendido, agarró el sándwich entre sus manos, estaba tibio, eso significaba que probablemente lo había comprado apenas hace unos minutos.

Busco a Isunza con la mirada, pero había mucha gente.

Isunza tenía razón, tenía que comer algo, y la verdad es que también moría de hambre, así que sin pensarlo mucho empezó a comer.

Mau terminó el último pedazo mientras observaba el envoltorio entre sus manos, y una leve sonrisa apareció en él. Mau dejó escapar un suspiro lento mientras recargaba la espalda en la banca.

¿Por qué Isunza estaba siendo tan amable con él?, no lo entendía, apenas se conocían.

Entonces…

¿Por qué parecía fijarse tanto en él?

“Te he visto jugar vóley”, el recuerdo de esa frase hizo que se tensara un poco. Apretó un poco más fuerte el envoltorio en sus dedos.

No debía pensar demasiado en eso. Seguramente era así con todo el mundo, relajado, coqueto.

Sí. Debía ser eso.

Porque la otra posibilidad…

Mau tragó saliva y quitó rápidamente el pensamiento antes de terminarlo.

La campana sonó y las clases siguieron con normalidad hasta que llegó el segundo recreo, las canchas comenzaron a llenarse rápidamente de alumnos emocionados por las retas. Mau se lavaba las manos en un lavabo cercano.

—¡Mauricio!

La voz de su amigo lo sacó rápidamente de sus pensamientos.

—¿Eh?

—¿Vas a jugar o qué?, ¡Nos falta uno!

Mau levantó la mirada.

Varias personas comenzaban a reunirse en las canchas.

Y entre toda la gente…

Sus ojos encontraron a Isunza.

El chico sostenía un balón de básquet bajo el brazo mientras hablaba con otros compañeros. Al sentir una mirada, levantó la vista e hizo contacto visual con Mau. Sonrió. Solo un poco. Pero fue lo suficiente para que el corazón de Mau diera ese molesto salto otra vez.

—-Mau, ¿vienes o no? —Insistió su amigo

Mau apartó la mirada rápidamente.

—...Sí, ya voy…

Su amigo sonrió satisfecho y comenzaron a caminar hacia la cancha

—Sabía que no me fallarás. —Dijo su amigo mientras lo abrazaba por el hombro

—Solo porque insistieron.

—Pero aquí estás.

Mau soltó un pequeño suspiro resignado mientras llegaban a la cancha y se subía las mangas del uniforme. Su renta era la primera en pasar.

—¡Ya comienzen! —gritó alguien.

Y entonces empezó el juego. Al inicio Mau parecía distraído, tenso, pero mientras avanzaba el juego, algo comenzó a cambiar.

Se movía rápido. Preciso. Seguro. Saltaba sin dudar, recibía casi todos los balones, y sus remates sorprendían incluso a sus propios compañeros.

—Su amigo gritaba emocionado —¡Eso, Mau! –incluso varios chicos comenzaban a gritar emocionados fuera de la cancha.

Y entre todos ellos…




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