Ámame en secreto

Capítulo 8

La campana sonó, el recreo terminó y evidentemente el equipo de Mau ganó las retas. Una bolita de gente los rodeaba

—¡Buenísima! — Los ¡Arrastráste! —decían todos.

—¡Ves, Mau! ¡Te dije que eras muy bueno, y eso que no querías jugar! —dijo su amigo mientras le daba una palmada en la espalda.

Mau solo sonrió, aunque realmente estaba muy feliz y satisfecho consigo mismo.

Su jugada estaba en boca de todos mientras empezaban a entrar a sus clases.

De ahora en adelante empezaría a jugar más seguido, genuinamente le había gustado mucho.

Las clases continuaron normales después del recreo, a excepción de que Mau fue a enfermería por las raspaduras en sus manos. Como eran leves, solo las desinfectaron.

Ardía un poco. No mucho. Y ese ardor le recordó un poco a ese sentimiento molesto que siente en su pecho cada que Isunza se acercaba lo suficiente a él.

~Ah, es verdad, hoy toca de nuevo orientación~, pensó Mau mientras terminaban de desinfectar sus manos.

Mau salió de la enfermería moviendo un poco las manos incómodo, aunque honestamente ya casi no le molestaban. Pero otra cosa ocupaba espacio en su cabeza, la orientación, otra vez iba a verlo. Solo debía comportarse normal. Sí, eso era todo lo que tenía que hacer, definitivamente podía hacerlo, ¿no?

Las últimas clases del día pasaban lento, y Mau cada tanto recordaba cómo Isunza lo había estado mirando durante las retas. Eso solo empeoraba todo.

Cuando finalmente sonó la campana de salida, Mau soltó un suspiro, tal vez de cansancio, tal vez de alivio.

Tomó sus cosas y caminó hacia el salón donde tocaba la orientación, convencido de que estaba tranquilo. Al llegar al salón, la puerta ya estaba entreabierta. Ahí estaba él.

Isunza estaba sentado sobre una de las bancas del fondo, girando distraídamente un balón de básquet entre sus manos.

Al escuchar la puerta, levantó la vista. Una leve sonrisa apareció en su rostro.

—Llegaste temprano.

—Tú también.

Mau dejó su mochila sobre el escritorio intentando ignorar cómo Isunza lo miraba

—¿Qué? —preguntó Mau algo incómodo

—Nada… solo que te ves cansado.

Mau desvió la mirada

—Solo… Me dormí tarde.

—¿Qué tanto pensabas que no te dejó dormir?

Eso hizo que Mau automáticamente volviera a mirarlo. Isunza tenía esa pequeña sonrisa juguetona de siempre. Mau sintió un nerviosismo crecer e Isunza se dio cuenta. La risa baja de Isunza sonó en el salón vacío

—Relájate, Mau.

Otra vez dijo su nombre así. Como si le encantara pronunciarlo.

Mau carraspeó un poco y abrió rápidamente su carpeta.

—Hoy nos toca matemáticas.

—Uh, qué emoción.

—Ni modo, es la materia que tienes más baja, así que confía, vale la pena empezar con eso.

—No desconfío, yo confío plenamente en tus habilidades.

Mau rodó un poco los ojos intentando ocultar la pequeña sonrisa que le provocó. Se sentó frente a él y empezó a hacer algunos ejercicios.

—Bien, este tema normalmente lo explican horrible, así que intentaré resumirlo.

—Eso sonó personal. —Isunza sonrió burlonamente,

—Porque lo es.

Isunza soltó una pequeña carcajada mientras se inclinaba hacia la mesa para mirar la hoja. Sus hombros quedaron más cerca de lo que deberían. Mau lo notó inmediatamente, y también el ligero aroma de su perfume. Otra vez.

Mau empezó a explicar un ejercicio señalando con un lápiz. Isunza apoyó la mejilla sobre su mano mientras lo escuchaba, aunque honestamente parecía más concentrado en observar a Mau que en las matemáticas.

—¿Me estás escuchando? — dijo Mau con un tono de sospecha.

—Tal vez.

—Isunza.

—Estoy escuchando… Más o menos. —Sonrió inocentemente.

Mau se talló un ojo.

—A ver, escucha.

Mau intentó tomar la hoja que Isunza sostenía, pero justo en ese momento él también movió la mano. Sus dedos chocaron apenas

Un roce pequeño. Accidental. Pero suficiente para hacer que ambos se quedaran quietos unos segundos.

Mau sintió un pequeño escalofrío subirle por el brazo, y entonces Isunza bajó la mirada a sus manos.

—Te raspaste… —dijo con un tono bajo, pero la voz le salió más suave esta vez.

—Ah… fue en la reta.

Las yemas de los dedos de Isunza rozaron cuidadosamente una de las vendas pequeñas sobre su mano. Apenas un toque. Pero Mau sintió que el corazón comenzaba a latirle un poco más rápido.

—Debió doler.

Mau tragó saliva.

—No mucho.

Isunza levantó lentamente la mirada hacia él, y por un momento el salón volvió a quedarse demasiado silencioso. Solo se escuchaba el ventilador girando lentamente sobre ellos, Mau podía sentir la cercanía entre ambos, y los dedos de Isunza sobre su mano, y lo peor, era que él no quería apartarse primero…

Isunza no apartó la mano inmediatamente.

Su pulgar rozó apenas el borde de la venda mientras seguía observando la rapsada con una atención que hizo que Mau dejara de respirar un segundo.

—¿Seguro que no duele? —preguntó en voz baja.

Mau tardó un poco en reaccionar

—-¿Hm? Ah…. sí, estoy bien.

Intentó retirar la mano con naturalidad, pero el movimiento salió algo torpe. Isunza lo notó, claro que lo notó. Y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—-¿Por qué el nerviosismo?, ¿Hm?.

—No sé de qué hablas.

—Literalmente casi tiras el lápiz.

Mau bajó la vista rápidamente, era verdad, pero lo intentó disimular.

—Concéntrate en los ejercicios.

—Eso intento, pero mi orientador se distrae fácilmente.

—Tú eres la distracción.

El comentario salió tan rápido que Mau apenas lo pudo procesar.

El silencio fue inmediato.

Los ojos de Isunza se abrieron apenas, sorprendido. Y Mau sintió cómo el calor le subía hasta las orejas.

—Yo… yo quise decir que…

La risa baja de Isunza lo interrumpió, no una burlona, sino una genuinamente divertida.




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