Ámame en secreto

Capítulo 10 ~°Un vacío que tú puedes llenar°~

La alarma sonó por tercera vez seguida. Isunza abrió apenas los ojos desde el sillón de la sala. La televisión seguía encendida desde la noche anterior, iluminando débilmente el departamento vacío.

Otra vez.

Se quedó mirando el techo unos segundos antes de acomodarse lentamente. El reloj marcaba las 6:40 a.m. Ya debería haberse ido a la escuela, pero en cambio, ahí estaba: todavía con la ropa de ayer, una cobija mal acomodada sobre el cuerpo y un silencio enorme llenando el lugar.

Porque sus padres nunca llegaron anoche. Otra vez.

Sobre la mesa había solo una nota rápida escrita con prisa la madrugada anterior.

“Tuvimos una emergencia por trabajo. Hay dinero en la cocina. Volvemos en la mañana”

Ni siquiera un “lo sentimos”, ni siquiera una llamada.

Isunza soltó una pequeña risa seca mientras dejaba caer la nota nuevamente sobre la mesa.

Él tampoco sabía por qué los seguía esperando.

La cocina estaba impecable. Demasiado impecable, como si nadie realmente viviera ahí.

Se levantó, abrió el refrigerador sin muchas ganas y tomó una botella de agua.

El departamento era enorme, elegante, perfecto, y aun así, siempre se sentía vacío.

De pequeño le gustaba presumirlo.

Mientras otros niños hablaban de departamentos pequeños o casas ruidosas, él tenía: televisión enorme, dos cuartos, consolas, ropa nueva.

Pero con el tiempo entendió algo, ninguna de esas cosas llenaba el silencio vacío.

Recordó vagamente una tarde de primaria, tenía unos ocho años.

Estaba sentado en el suelo del gimnasio abrazando un pequeño trofeo de básquet mientras miraba constantemente la puerta.

—¿Si van a venir tus papás? —preguntó uno de sus compañeros.

—Sí. Dijeron que llegarían antes de que terminara. —dijo Isunza muy seguro.

Pasó una hora.

Luego dos.

Nunca llegaron.

Al final el entrenador terminó llevándolo a casa.

“Seguro tuvieron trabajo”

Eso se repetía tantas veces que con el tiempo dejó de preguntar si iban a ir.

Isunza volvió al presente soltando aire lentamente. Miró la hora otra vez… Todavía podía alcanzar a llegar si se apresuraba,

Pero honestamente… No tenía ganas.

No quería escuchar profesores hablando. No quería entrenar. No quería fingir que todo estaba bien.

Así que simplemente volvió a dejarse caer sobre el sillón.

El celular vibró cerca de él. Un mensaje de Raúl:

“¿Vas a venir hoy o qué?”

Isunza observó la pantalla unos segundos antes de apagarla. No respondió.

La luz de la mañana comenzaba a entrar por las enormes ventanas del departamento a pesar de que era una mañana nublada, y por un momento todo volvió a sentirse exactamente igual que siempre. Silencioso. Frío. Vacío. Como si realmente no importara si él estaba ahí o no.

Isunza cerró los ojos apoyando la cabeza contra el respaldo del sillón.

A veces pensaba que ya estaba acostumbrado. A las cenas solo, a los mensajes cortos, a los “lo compensaremos luego”.

Pero había días como ese… donde el vacío pesaba más de lo normal.

Cerca del mediodía volvió a tomar el celular, desbloqueó la pantalla distraídamente, y sin darse cuenta terminó abriendo el chat de Mauricio. Isunza observó unos segundos el contacto. Y por alguna razón…

Pensar en él hacía que el departamento se sintiera un poco menos vacío.

Sonrió para sí mismo.

Porque aunque nunca lo admitiría en voz alta…

Mauricio se estaba convirtiendo en una de las pocas cosas que genuinamente esperaba durante la semana…

Isunza había faltado a la escuela, y Mau lo notó rápidamente. Y aunque intentó convencerse de que no era importante, porque llevaban poco tiempo conociéndose…

Sus ojos seguían desviándose a todas partes, buscándolo con la mirada durante todo el primer recreo.

—¿Esperas a alguien? —preguntó su amigo en voz baja al notar cómo volteaba constantemente.

—No.

—Entonces deja de mirar tanto para todos lados.

Mau frunció ligeramente el ceño y bajó la mirada, pero incluso él sabía que estaba mintiendo. Porque sí lo había notado inmediatamente, y eso lo molestaba un poco consigo mismo.

Las horas siguieron avanzando. Sin Isunza observándolo desde el otro edificio. Sin verlo en los pasillos. Sin esa sonrisa relajada apareciendo frente a él.

Todo se sentía extrañamente vacío.

~Seguro faltó porque quiso.~ Pensó Mau.

Sí. Era muy probable, después de todo, Isunza no parecía precisamente el tipo de estudiante preocupado por faltar un día. Aunque aún así… Algo dentro de él seguía incómodo.

Mientras tanto…

El sonido de la puerta abriéndose resonó dentro del departamento; Isunza permaneció sentado en el sillón sin siquiera inmutarse.

No era la primera vez, ni tampoco sería la última.

—¡Te dije que no podía cancelar reuniones!

La voz de su madre atravesaba todo el lugar mientras buscaba algo apresuradamente. Habían regresado a casa por unos papeles que olvidaron.




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