El lunes llegó demasiado rápido. Mau apenas había dormido, cada vez que cerraba los ojos terminaba recordando las palabras de Noah una y otra vez.
“Parece que te gusta”
Y aunque había intentado ignorarlo todo el resto del domingo… La sensación seguía ahí. Pesada, incomodándolo desde algún rincón del pecho.
El sonido de la alarma lo sacó de sus pensamientos apenas amaneció. Se levantó lentamente y comenzó a arreglarse para la escuela en completo silencio. La casa seguía tranquila, como casi siempre.
Mientras acomodaba el nudo de su corbata frente al espejo, su mirada se quedó fija unos segundos en su propio reflejo. Se veía cansado.
Y honestamente… También confundido.
Mau bajó la mirada rápidamente. No quería seguir pensando en eso. No quería pensar en Isunza desde tan temprano.
Pero fue inútil.
Porque apenas tomó el celular antes de salir de casa, lo primero que apareció en pantalla fue el chat con él. El último mensaje seguía ahí.
“¿Todo bien?”
Mau sintió algo extraño apretarle el pecho. Todavía no le había respondido, lo peor era que ni siquiera sabía por qué no podía hacerlo. Porque quería. Claro que quería, pero ahora cada conversación con Isunza se sentía distinta. Más peligrosa. Como si responderle significara aceptar algo que todavía no estaba listo para nombrar.
Guardó rápidamente el celular en el bolsillo y salió de casa.
El ambiente en la preparatoria estaba más ruidoso de lo normal esa mañana, varios estudiantes seguían hablando del partido del viernes mientras caminaban por los pasillos.
Mau intentó ignorarlo. Intentó concentrarse en otras cosas.
Pero entonces escuchó el nombre de Isunza entre un grupo de chicas cerca de las escaleras y automáticamente levantó la vista.
Ridículo. Apretó apenas los labios y siguió caminando hacia su salón.
—¡Mau!
Noah apareció de repente detrás de él haciéndolo sobresaltarse un poco.
—¿Qué?
—Wow, qué humor.
Mau desvió la mirada incómodo mientras acomodaba su mochila sobre el hombro. Todavía seguía molesto por la conversación del día anterior. O más bien…
seguía nervioso.
Noah lo observó unos segundos antes de suspirar.
—Ey, perdón si te incomodé ayer.
Mau bajó ligeramente la mirada.
—No importa.
—No lo dije para molestarte.
El pecho de Mau volvió a tensarse, porque precisamente eso era lo peor. Noah lo había dicho tan naturalmente, como si fuera algo obvio. Como si realmente pudiera notarse.
—Solo… —Noah dudó un poco antes de continuar— Creo que nunca te había visto tan interesado en alguien.
Mau sintió calor subirle inmediatamente al rostro.
—No estoy interesado en él.
La respuesta salió demasiado rápido, demasiado automática.
Noah lo miró en silencio unos segundos. Y eso solo hizo que Mau quisiera desaparecer.
—Está bien —dijo finalmente levantando las manos en rendición—. No tienes que decirme nada.
Mau soltó lentamente el aire. Odiaba esto. Odiaba sentirse tan alterado por algo tan simple.
La campana sonó poco después y ambos entraron al salón. Pero incluso mientras las clases comenzaban, la cabeza de Mau seguía completamente en otro lugar.
Mientras tanto…
Isunza estaba teniendo una mañana horrible, y eso rara vez pasaba, porque normalmente él sabía disimular muy bien las cosas. Pero hoy… simplemente no podía.
Sentado hasta atrás del salón, giraba distraídamente un lápiz entre sus dedos mientras observaba su celular sobre la mesa.
Todavía nada de Mauricio. Ni un mensaje. Ni una respuesta. Nada.
Y aunque intentaba convencerse de que no le importaba tanto… Claramente sí le importaba. Demasiado.
Raúl se dejó caer en el asiento junto a él mientras mordía un chocolate.
—Traes cara de divorciado.
Isunza soltó una pequeña risa seca.
—Gracias.
—¿Qué hiciste ahora?
—Nada.
Raúl arqueó una ceja inmediatamente.
—Ajá. Entonces sí hiciste algo.
Isunza recargó la cabeza sobre ambas manos mientras desviaba la mirada hacia la ventana.
—No sé… Mauricio está raro.
Raúl casi se atragantó.
—¿Mauricio? ¿Mau Ruíz?
—Sí.
—¿Ahora qué le dijiste?
Isunza soltó otra pequeña risa. Pero esta vez sonó cansada. Porque honestamente, sí sentía que había hecho algo malo. Y no entendía por qué eso lo ponía tan nervioso.
—Ayer dejó de responderme de la nada —murmuró.
Raúl lo observó unos segundos antes de sonreír apenas.
—Te gusta mucho, ¿verdad?
Isunza se quedó callado. Y por primera vez… No intentó negarlo.
Eso sorprendió incluso a Raúl.
—No inventes… sí te gusta mucho…
—Cállate.
Pero Isunza terminó sonriendo apenas mientras bajaba la mirada.
Porque honestamente… sí. Ya estaba demasiado metido en eso. Muchísimo más de lo que pensó posible.
Las horas siguieron avanzando lentamente, mientras más se acercaba el receso…
Más nervioso comenzaba a sentirse Mau, porque sabía perfectamente que iba a verlo.
Y una parte de él quería correr en dirección contraria. La otra…
Quería buscarlo entre toda la gente apenas saliera del salón. Y eso lo desesperaba.
La campana finalmente sonó.
El ruido de estudiantes llenó inmediatamente los pasillos mientras Mau salía intentando convencerse de actuar normal.
~Solo actúa normal.~
Sí, claro, como si fuera fácil. Apenas cruzó una parte del patio, sintió una mirada sobre él, y automáticamente supo quién era. Levantó apenas la vista. Isunza estaba del otro lado del patio junto a sus amigos. Y aún rodeado de gente…
Su mirada se dirigió directamente a él.
El corazón de Mau dio un golpe incómodo. Porque incluso desde lejos…
Isunza sonrió apenas al verlo. Como siempre. Como si nada hubiera cambiado. Y eso hizo que la culpa le apretara horrible el pecho.
Porque él sí estaba cambiando las cosas. Sin querer. Sin saber cómo detenerse.