Ámame en secreto

Capítulo 16 ~ °No pienso dejarlo ir°~

La noche del lunes fue horrible para ambos.

Mau pasó horas dando vueltas en la cama. Cada vez que cerraba los ojos volvía a recordar la conversación después de clases. La sonrisa apagándose en el rostro de Isunza. Su expresión confundida y sobre todo aquella frase.

"Supongo que entendí mal las cosas…"

Mauricio se giró nuevamente entre las sábanas. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho. Porque sabía perfectamente que Isunza estaba equivocado, no había entendido mal las cosas. El problema era que Mauricio se había asustado demasiado, y ahora estaba pagando las consecuencias, pero incluso sabiendo eso… seguía sin tener el valor de hacer algo al respecto.

El martes amaneció frío. Las primeras horas de clase pasaron lentas, demasiado lentas. Mau intentó concentrarse en apuntes, ejercicios y explicaciones. Pero era imposible.

Cada vez que miraba el reloj sentía una presión incómoda en el pecho, sabía que eventualmente tendría que verlo, y una parte de él quería hacerlo, mientras la otra seguía aterrada.

Por otro lado...

Isunza tampoco había dormido especialmente bien, aunque por razones distintas.

Porque mientras caminaba hacia la preparatoria con los audífonos puestos, una pregunta seguía rondando su cabeza

¿Qué le estaba pasando a Mauricio?

La respuesta fácil habría sido pensar que simplemente ya no quería hablar con él, pero algo dentro de Isunza le decía que no era eso. No encajaba. No después de las orientaciones.

No después del partido. No después de todas esas pequeñas cosas que habían compartido.

Había algo más. Y él pensaba descubrir qué era, aunque tuviera que arrancarle la respuesta a Mauricio palabra por palabra.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Sí. Definitivamente haría eso.

Durante el receso finalmente volvió a verlo. Mauricio estaba sentado en una banca bajo la sombra de uno de los árboles del patio. Solo, con una libreta abierta sobre las piernas, aunque claramente no estaba leyendo.

Isunza lo observó desde la distancia durante unos segundos, y sintió una extraña mezcla de alivio y frustración.

Alivio porque estaba ahí, frustración porque se veía exactamente igual de distante que el día anterior.

Raúl apareció a su lado con una bolsa de papas.

—No me digas que otra vez estás viendo a Mau.

—Otra vez estoy viendo a Mau.

—Estás enfermo.

—Probablemente.

Raúl soltó una carcajada. Pero Isunza apenas la escuchó, porque seguía observando a Mauricio. Y cuanto más lo hacía… más convencido estaba de algo.

Mau no parecía molesto, ni fastidiado, ni incómodo. Parecía preocupado, y eso cambiaba completamente las cosas.

—Bueno —dijo Raúl después de un rato— ¿vas a ir, o vas a seguir viéndolo como psicópata?

—Voy a ir.

—Gracias a Dios.

Mau estaba revisando distraídamente unos ejercicios cuando una sombra cayó sobre la libreta.

Inmediatamente supo quién era, y eso fue exactamente lo que le molestó, que lo supiera tan rápido, que su cuerpo reaccionara tan rápido, que su corazón reaccionara tan rápido.

Levantó la vista lentamente. Isunza estaba ahí. Como siempre, con esa sonrisa imposible.

Aunque esta vez parecía más suave. Menos juguetona. Más sincera.

—Hola.

—Hola.

Por un momento ninguno habló. El viento movió suavemente algunas hojas sobre el patio, y el ruido de los demás estudiantes llegaba distante.

Finalmente Isunza rompió el silencio.

—No voy a preguntarte qué te pasa.

Eso sorprendió mucho a Mau.

—¿No?

—No.

Isunza se encogió ligeramente de hombros.

—Porque claramente no quieres decirlo.

Mau bajó la mirada. Una culpa horrible volvió a instalarse en su pecho.

Pero entonces Isunza continuó.

—Solo vine a decirte algo.

—¿Q… qué cosa?

Isunza sonrió apenas, y por primera vez en varios días, aquella sonrisa volvió a verse genuina.

—Que sigo aquí.

Mau levantó la vista. Sorprendido. Confundido. Honestamente no esperaba eso.

—¿Qué?

—Eso.

Isunza metió ambas manos en los bolsillos de su pantalón.

—No sé qué está pasando por tu cabeza, Mauricio. Pero sea lo que sea… no voy a desaparecer de repente.

El corazón de Mau se detuvo. No había coqueteo, no había bromas, no había dobles sentidos. Solo sinceridad. Y eso era muchísimo más peligroso.

Isunza soltó una pequeña risa.

—Además, todavía me debes una orientación de matemáticas que no me diste ayer, esta vez, no huyas de mí.

—No intento huir de ti.

—Claro…

—Lo digo en serio.

—Y yo también.

Los dos terminaron sonriendo poquito. Por primera vez en días, y aunque fue algo pequeño, algo dentro de Mau se relajó. Muy poco. Pero suficiente para notarlo.

Cuando la campana sonó anunciando el fin del recreo, Isunza comenzó a alejarse. Pero antes de hacerlo se giró una última vez.

—Por cierto.

—¿Qué?

—No pienso rendirme contigo tan fácil, orientador.

Y entonces le guiñó un ojo, como aquella vez en su primera orientación, y sonrió.

Esa sonrisa. La que siempre lograba desarmarlo, la que últimamente aparecía demasiado en sus pensamientos.

Y antes de que Mau pudiera responder, Isunza ya se había mezclado nuevamente entre la multitud, dejándolo sentado bajo aquel árbol, con el corazón acelerado, y un problema cada vez más grande. Porque si antes estaba asustado por lo que sentía, ahora estaba empezando a descubrir algo peor. Que una parte de él...

ya no quería seguir huyendo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.