Ámame en secreto

Capítulo 17 parte 1.

La hora de salida llegó más rápido de lo que Mau hubiera querido.

Durante las últimas horas había logrado mantenerse ocupado entre tareas y clases, pero aun así, había algo que seguía regresando una y otra vez a su cabeza.

La orientación. Y peor aún… Isunza.

Después de esa conversación bajo el árbol, algo había cambiado, no entre ellos, dentro de él, y eso realmente le asustaba.

En ese momento intentó convencerse de que todo estaba bien. De que solamente estaba exagerando, de que tarde o temprano dejaría de sentirse tan nervioso cada vez que pensaba en él. Pero ya ni él mismo se creía eso. Porque si fuera tan fácil, su corazón no se aceleraría cada vez que veía aparecer su sombra sobre él, ni seguiría recordando esa sonrisa, ni esa frase:

"No voy a desaparecer de repente."

Mau soltó un suspiro mientras cerraba su libreta. Maldita sea.

¿Por qué tenía que decir cosas así? ¿Por qué tenía que hacer que todo fuera tan difícil y confuso?

La campana sonó, y mientras la mayoría de estudiantes comenzaban a abandonar los salones, Mau caminó lentamente hacia el salón donde eran las orientaciones, y por alguna razón sentía el estómago revuelto, como si fuera a presentar un examen, como si fuera a pasar algo importante. Y eso era absurdo, era solamente una orientación, ¿no? Una orientación de matemáticas. Nada más.

Cuando abrió la puerta, Isunza ya estaba ahí. Como siempre, solo que ahora estaba sentado en una de las primeras filas. Girando una pluma entre los dedos.

Al escuchar la puerta, levantó la vista y sonrió. No una sonrisa enorme. Una suave. Y eso fue mucho peor para Mau, porque le recordó cuánto había extrañado verla.

—Llegaste.

—Hola...

—Pensé que ibas a huir.

Mau rodó los ojos inmediatamente.

—No huyo.

—Claro.

—Lo digo en serio.

El ambiente se relajó un poco, solo un poco.

La orientación comenzó, esta vez tocaban funciones lineales. Un dolor de cabeza para Isunza.

Mau acomodó varios ejercicios sobre la mesa mientras intentaba concentrarse únicamente en eso. Matemáticas, números, ecuaciones. Cualquier cosa menos Isunza.

—A ver —dijo mientras acomodaba una hoja frente a él—. Si tienes dos puntos, puedes calcular la pendiente usando esta fórmula…

Isunza observó el procedimiento y la hoja que solo se veía como “bla bla bla” para él. Asentía como si lo estuviera entendiendo, o al menos fingió hacerlo, porque la mitad del tiempo estaba observando a Mau, cómo hablaba, cómo se acomodaba el cabello cuando se concentraba, cómo se emocionaba un poco cuando explicaba algo que le gustaba.

Y sobre todo...

cómo parecía olvidar sus preocupaciones durante unos segundos. Ahí estaba el Mauricio que conocía, ese que aunque se estaba portando extraño, le gustaba tanto. El de verdad.

No el que llevaba días escondiéndose de algo…

—¿Me estás escuchando?

La voz de Mau lo sacó de sus pensamientos.

—¿Hm?

—Exactamente.

Isunza soltó una risa.

—Sí estaba escuchando.

—Ajá.

—Lo prometo. —Dijo Isunza alzando una mano exageradamente.

—Entonces dime qué acabo de explicar.

—Que eres muy dramático.

—Oye. —Dijo Mau, su voz cruzada con una pequeña risa.

—¿Qué?

—Te estoy enseñando matemáticas.

—Y yo estoy aprendiendo matemáticas.

—No parece.

—Porque además estoy admirando a mi orientador.

Mau sintió calor subirle inmediatamente al rostro, y eso hizo sonreír a Isunza, porque por fin había conseguido esa reacción otra vez. La misma de antes. La que tanto le gustaba.

Pero su sonrisa desapareció apenas unos segundos después, porque Mauricio volvió a bajar la mirada y volvió a cerrarse. Como si acabara de recordar algo. Como si hubiera una barrera invisible que no podía permitirse cruzar.

Y por supuesto que Isunza lo notó. Y aunque no dijo nada, la sensación incómoda regresó. Otra vez.

Pasó aproximadamente media hora. Las explicaciones continuaron. Los ejercicios también. Algunos comentarios de por medio. Y poco a poco el ambiente comenzó a sentirse más natural. Más parecido al de antes… Hasta que ocurrió algo tan pequeño que probablemente nadie más habría pensado demasiado en eso.

Ambos intentaron alcanzar el mismo lápiz. Al mismo tiempo. Sus dedos se rozaron apenas, un contacto mínimo, insignificante, pero para Mau fue suficiente.

Quitó la mano casi inmediatamente, demasiado rápido, demasiado brusco, como si se hubiera quemado.

El silencio fue denso, solo durante un segundo. Pero ambos lo sintieron. Isunza bajó la vista hacia el lápiz, luego volvió a mirar a Mauricio. Y por primera vez en toda la tarde… no sonrió.

—Perdón. —La voz de Mau sonó baja, incómoda, confundida.

—No pasa nada.

Pero sí pasaba, ninguno de los dos era tonto, y ambos sabían que aquello no había sido por el lápiz.

El resto de la orientación continuó, pero obviamente algo había cambiado. Otra vez. No de forma evidente. No de forma dramática. Solo ahí estaba otra vez esa distancia, ese espacio invisible, ese miedo que Mau seguía sin poder explicar.

Cuando finalmente terminaron, el sol bajaba y el ambiente comenzaba a teñirse naranja. Mau guardó rápidamente las hojas dentro de una carpeta, intentando ignorar la sensación de culpa que llevaba toda la tarde persiguiéndolo, sobre todo porque sabía que había vuelto a hacerlo. Volvió a alejarse. Volvió a lastimarlo, y ni siquiera sabía cómo evitarlo.

—Bueno… —Terminó de guardar sus cosas. —Eso sería todo por hoy.

—Creo que ya entendí mejor las funciones.

—Eso espero.

—¿Me estás diciendo tonto?

—Yo no dije eso.

—Sonó como si sí.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Mau. Pequeña pero real, y por un instante Isunza sintió que todo volvía a estar bien.

Ambos se quedaron un momento en silencio. Como tantas otras veces.

Cuando normalmente era Isunza el que salía primero, ahora Mau se levantó seguido de Isunza. Ambos salieron del salón. El ruido de la escuela era casi nulo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.