Esa misma noche… P.O.V. de Isunza
El gimnasio seguía iluminado aunque ya era tarde. El sonido de los tenis rechinando contra la cancha resonaba por todo el lugar.
—¡Otra vez! —gritó el entrenador. Y el equipo volvió a acomodarse. La respiración de Isunza ya era pesada. El sudor bajaba por su cuello. Y los músculos comenzaban a reclamarle cada movimiento.
Llevaban más de dos horas entrenando, pero nadie se estaba quejando. La final estaba cerca. Demasiado cerca, y todos lo sabían.
El balón volvió a llegar a sus manos. Corrió, esquivó, saltó. Canasta. El silbato sonó poco después, anunciando el final de la práctica.
Algunos jugadores celebraron inmediatamente. Otros simplemente se dejaron caer sobre las gradas, agotados.
Isunza hizo ambas cosas. Primero sonrió, luego se dejó caer sobre una banca, respirando profundamente.
—¿Te vas a morir?
Preguntó Raúl mientras le lanzaba una botella de agua.
—Probablemente.
—Qué tragedia.
—Lo sé.
Ambos soltaron una pequeña risa.
Raúl casi siempre estaba en sus entrenamientos, porque, además de que no tiene nada que hacer, Isunza y él son mejores amigos desde la eternidad, con un combo, dúo dinámico, hermanos, porque desde que estaban en primaria Raúl era su única fiel compañía ante la ausencia de sus padres, y Raúl lo sabe perfectamente, por eso siempre lo acompaña, lo entiende, lo ayuda, y esta no sería la excepción.
Raúl comenzó a guardar sus cosas.
—Amigo, se la volaron con el entrenamiento de hoy, entiendo que es la final… pero esto es extremo.
—Ah, ni que lo digas. —Dijo Isunza medio distraídamente, porque realmente su atención estaba en otro lado.
Agarró su teléfono y se metió al chat de Mau. Aún nada. Soltó un suspiro cansado, y Raúl lo notó. Tenía que hablar con su amigo.
—Quita esa cara. ¿Tan mal te tiene Mau? —Isunza volteó un poco sorprendido, pero rápidamente se recompuso.
—Es que… realmente no me quiero rendir con él, pero, me tiene confundido, y a decir verdad… preocupado. —admitió —Su actitud cambió de la noche a la mañana y no sé por qué fue. Evita mi mirada y… — Recordó la mentira. “Me tengo que ir” porque claramente había sido una mentira. Lo supo desde el instante en que Mauricio respondió. No podía explicarlo, simplemente lo sabía, y eso era lo que más le dolía. Porque no entendía por qué. —Parecía acercarse un momento… y alejarse al siguiente. —Finalizó Isunza.
Raúl lo miró unos segundos, y después habló.
—Oye… sabes que te apoyo, pero, quiero saber, ¿qué tiene Mau que otras personas no? digo se te facilita coquetear, y siendo honestos, tienes a varias chicas detrás de ti. ¿Por qué él?
—¿Por qué él? —Repitió Isunza mientras recargaba su cabeza hacia atrás.
Realmente ya se había hecho esa pregunta antes, y también había encontrado la respuesta.
—El día que lo vi en el tablón de calificaciones me llamó la atención, pero todo quedó en curiosidad. Hasta el día que choqué con él en el pasillo. Mis ojos vieron algo que mi cerebro aún no procesaba, pero que mi corazón supo reconocer al instante. Lo tenía frente a mí, su piel canela brillando bajo el sol… recuerdo que se puso nervioso, que intentaba recomponerse después de chocar. Ni siquiera sé qué fué exactamente lo que llamó mi atención. Solo recuerdo haber pensado que quería volver a verlo. No fue hasta las orientaciones, que me permitieron acercarme y conocerlo más, pero cada día salía más seguro de que es lo que sentía, de que ya no era solo curiosidad, de que realmente me gustaba un chico… ESE chico… y que por primera vez, no me importa cuánto tarde, solo quiero que me deje quedarme a su lado. Nadie me había hecho sentir así, nadie me había hecho sobre pensar así cada pequeño momento, y sobre todo… nadie me había entendido así sin saberlo. —Finalizó Isunza.
Los ojos de Raúl estaban tan abiertos como si hubiera presenciado un milagro.
—Dios… mío… Realmente te gusta Mau. —dijo Raúl aún muy sorprendido.
—Me gusta… demasiado… —admitió por primera vez en voz alta. Su mirada se dirigió a Raúl. —Solo que honestamente no sé qué está pasando por su cabeza en este momento.
Raúl suspiró, seguía sorprendido por la honestidad en sus palabras, en cómo lo describía, y cómo Mau había logrado sacar ese lado vulnerable que jamás salía por ese rostro relajado.
Finalmente Raúl puso su brazo sobre los hombros de Isunza.
—Estoy feliz de que estés enamorado, pero dale su tiempo, definitivamente tú ya estás seguro de lo que sientes, pero solo han pasado unas semanas desde que se conocieron, y conociéndolo a él, Mau tiene un ritmo… un poco diferente, ¿sí?, por ahora, concéntrate en la final y… en mejorar esas calificaciones. —dijo Raúl golpeando el hombro de Isunza.
—Está bien, mamá. —Dijo Isunza rodando los ojos mientras le devolvía el golpe a Raúl.
—Solo me preocupo por ti. —Finalizó y le revolvió el cabello a Isunza. —Y vámonos ya, si no tendremos que dormir aquí en las colchonetas pedorras.
Ambos se rieron. Ah, su mejor amigo siempre lo hacía reír cuando lo necesitaba. Y tal vez Raúl tenía razón.
Ambos se despidieron y salieron del gimnasio.
Isunza volvió a quedarse solo. Y entonces...
sus pensamientos regresaron exactamente al lugar donde llevaban días regresando.
Mauricio.
Isunza cerró lentamente los ojos, intentando encontrar una respuesta. Pero no la había. Solo preguntas. Cada vez más preguntas.
Las luces eran tenues en la calle.
La final. Mauricio. Sus padres. Las calificaciones. Todo parecía mezclarse últimamente. Porque sí… estaba emocionado por la final. Muchísimo. Llevaban meses preparándose. Meses. Y aun así...
había algo que seguía molestándolo. Algo que jamás admitía en voz alta.
Su mirada regresó al gimnasio vacío. Y una parte de él se preguntó quién estaría ahí cuando llegara el día. Porque sabía perfectamente quién no estaría, o al menos...