Ámame en secreto

Capítulo 18

Era la mañana del miércoles, el cielo estaba ligeramente nublado y el aroma del ambiente era de tierra húmeda por los recientes días lluviosos.

Todos los alumnos entraban a la prepa, preparándose para sus primeras clases.

Isunza caminaba con Raúl por el pasillo principal saludando a algunos amigos mientras se dirigían a su casillero, cuando de pronto se encontró frente a su profesor.

—Ah, Isunza, Buenos días. Que bueno que te encuentro, se que aun es temprano, pero quiero hablar contigo.

Isunza acomodó su mochila en el hombro. —Ah, sí, está bien. —Su mirada regresó a Raúl. —Te alcanzo luego.

Raúl asintió, le lanzó una mirada de “suerte” y se alejó.

—¿Cómo han ido las orientaciones? ¿Si han ayudado con tu promedio?...

Isunza se quedó inmóvil unos segundos.

Es verdad. Había olvidado completamente las calificaciones. Había tenido tantas cosas en la mente que lo olvidó. Buscó cualquier respuesta rápida.

—Bien. Me han ayudado bastante, sobre todo en matemáticas. —dijo, aunque realmente no estaba seguro de cómo iba su promedio, estos días había sido la menor de sus calificaciones.

—Me alegra escuchar eso. Pero bueno, no te detengo más, ve a tu primera clase.

Isunza solo asintió y siguió caminando.

Realmente no recordaba eso de mejorar su promedio, pero si de algo estaba seguro, era que no había mejorado mucho. Y definitivamente no era porque Mau diera una mala orientación, al contrario. Sino que realmente la atención de Isunza estaba en otra cosa.

Las clases continuaron bastante normal, aunque desde el punto de vista de Isunza, cansadas y tediosas. Finalmente sonó la campana del primer recreo. Isunza salió de su salón sin mucha energía por las clases, Raúl se había adelantado para agarrar un balón de básquet, así que caminaba solo por los pasillos de camino a la cancha.

Cuando de pronto a unos metros, vió caminando a Mau y Noah, ambos caminaban hacia donde él estaba. Mau reía, y eso le sacó una sonrisa a Isunza, así que decidió acercarse.

—Buenos días, orientador. —Mau vió aparecer a Isunza frente a él. Inmediatamente sintió la mirada de Noah. Sintió un nudo en la garganta enorme, un nudo que le impedía hablar. Con la mirada de Noah encima, lo único que pudo responder fue un

—Hola… —apenas con un hilo de voz.

Silencio. Mau no pudo decir nada más. Pero esta vez pasó algo diferente. Mau carraspeó la garganta y abrió la boca como si quisiera decir algo. Pero no pudo.

—N… nos vemos luego. —dijo Mau sin más mientras sus pies involuntariamente hacia adelante, dejando a Isunza atrás.

Isunza no tuvo tiempo de responder, aunque realmente tampoco respondería. Se quedó inmovil unos segundos, y algo en su pecho se apretó. Mucho.

No se dió la vuelta, solo metió una mano al bolsillo del pantalón y caminó lentamente hacia adelante, aunque claramente… algo ya no estaba bien.

La mañana después de eso pasó… extraña.

Más tarde

Estaban entrenando arduamente como últimamente lo hacían. Al ser los días previos a la final, no cabía lugar para distraerse, y los entrenamientos estaban siendo más pesados de lo usual, solo que hoy, la mente de Isunza no estaba completamente en la cancha, a pesar de que siempre lograba concentrarse, hoy no.

Isunza fallaba tiros sencillos, estaba más disperso y cansado de lo usual.

—¡Isunza!, necesito que te concentres por favor, tenemos la final respirandonos en el cuello. Gritó el entrenador.

Isunza asintió.

El balón volvió a sus manos. Corrió, esquivó, saltó, y falló. Otra vez. Apretó la mandíbula. Por primera vez, sintió ganas de mandar todo al carajo.

Un rato después, en un pequeño descanso, todos estaban en los casilleros, tomando agua, platicando, cuando de pronto alguien comentó

—Mis papás ya pidieron permiso para venir al partido.

—Ah sí?, sabes que, esta vez sí va a venir mi hermano.

Comentaron, y de pronto las miradas se dirigieron hacia Isunza.

—¿Y los tuyos?

Silencio.

—No sé.

La respuesta salió tan natural que nadie insistió, Pero Raúl… Raúl sabía lo que significaba ese “no sé”.

Finalmente sonó el silbato indicando el fin del entrenamiento. Algunos jugadores celebraban y chocaban las manos.

Isunza solo se dejó caer en las gradas, agotado. Pero su expresión transmitía más que cansancio. Y eso rara vez sucedía.

Raúl supo inmediatamente que era lo que iba mal. Se acercó a Isunza y le puso una pequeña toalla en el hombro, miró a Isunza y suspiró. Esta vez no hubo bromas de por medio. Y eso fue suficiente para que Isunza hablara.

—Hoy escapó… —Raúl lo miró un poco confundido e Isunza continuó. —Venía caminando con su amigo, cuando le hablé me evitó y se fué, como si no supiera cómo estar conmigo. Pero sabes qué es lo que más me confunde, que venía riendo, hasta que me acerqué. Empiezo a creer que el problema soy yo… —Raúl entendió.

—¿Vas a seguir insistiendo?

—No lo sé.

—Pensé que estabas enamorado.

—Lo estoy, y ya estoy peleando por él.

Raúl no quiso mencionar nada acerca de su mal entrenamiento, sabía que eso podría empeorar las cosas.

—Sabes, son días importantes, en dos días es la final para la que llevan meses preparándose. Concéntrate por ahora en eso, sirve que incluso le das su espacio…

Isunza lo pensó un poco. Sin saberlo, Raúl acababa de sembrar una idea en la cabeza de Isunza.

—Tienes razón… —No dijo nada más.

Poco después ambos se despidieron y se fueron a casa.

Isunza llegó al departamento vacío con la ropa ligeramente mojada por la ligera lluvia. Dejó su mochila en el sillón y se dejó caer a un lado.

~”darle su espacio”...~ pensó.

Todo lo que había estado pasando estos días rondaba en su cabeza día y noche.

Isunza no estaba enojado con Mau, claro que no. Solo estaba… confundido, y honestamente un poco cansado.

Los pensamientos llenaban su cabeza sin dejarlo respirar. Hasta que una idea llegó a su mente.




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