Ámame en secreto

Capítulo 19

El jueves llegó, y como era de esperarse, al tener la final de básquet a un día de distancia, todo el mundo hablaba de aquello. Algunos organizándose para ir, incluso algunos otros haciendo apuestas, simplemente todos hablaban de ello.

Mau entró a su primera clase. Noah estaba en su silla, esperándolo.

—Creo que te equivocaste de silla. —dijo Mau mientras ponía su mochila en la mesa.

Noah ignoró por completo ese comentario.

—Esta vez ni siquiera te voy a preguntar. Mañana vamos a ir a la final de básquet.

—¿La final?... —Murmuró Mau.

Ah, es verdad, realmente todo el mundo estaba hablando de eso.

—¿No crees que es muy temprano para hablar de eso? —Se quejó Mau.

Noah rodó los ojos y volteó dramáticamente hacia sus lados.

—¿Ves a alguien que no esté hablando de eso? Además, ya no puedes poner la excusa de que no te gusta el básquet, hasta incluso… —Noah se detuvo. Iba a mencionar cómo se emocionó aquella vez al ver jugando a Isunza. Pero recordó cómo se puso la última vez que lo dijo.

—¿Incluso, qué?

—mmm… nada. El punto es que vamos a ir y es un hecho.

Mau se quedó en silencio unos segundos. Noah alzó las cejas como en busca de una respuesta. Mau suspiró y se talló un ojo, pero no negó.

—¡Genial! Tomaré eso como un sí. —Noah sonrió y se levantó del asiento de Mau que estaba ocupando.

Mau se rió un poco. No lo detuvo. Estaba convencido de que solo iba a acompañar a su amigo y apoyar a la escuela. Aunque él sabía que mentía.

Un rato después, la campana del primer recreo sonó. Todos empezaban a guardar sus cosas y salir del salón. Otra vez ese sentimiento empezó a invadir a Mau. Salió del salón. Miraba hacia todos lados, inconscientemente lo buscaba. Pero no parecía estar cerca. Eso le extrañó un poco, porque él solía estar ahí a pesar de que ese no era su edificio.

Al salir al patio, fue hacia la banca debajo del árbol donde estaba Noah y algunos amigos más. No había señal de Isunza, no lo había buscado, ni le había mandado mensaje. Todo el recreo transcurrió sin ninguna señal de Isunza.

Después de ese recreo las clases continuaron, aunque Mau las sentía más lentas. Cuando por fin sonó la campana del segundo recreo, otra vez salió del salón bastante alerta, claramente lo estaba buscando, pero nada. No apareció.

Caminó hacia la cancha y ahí estaba, a lo lejos estaba Isunza platicando junto a Raúl, ambos se estaban riendo junto a otros amigos. Se veía normal. Pero no se había acercado a él en toda la mañana.

Durante un instante pensó que Isunza levantaría la vista. Que lo vería. Que sonreiría. Que caminaría hacia él.

Pero no ocurrió.

Algo en el pecho de Mau se apretó

Él podría pensar que estaba molesto, pero no. Isunza parece exactamente igual. Simplemente ya no lo estaba buscando.

Mau retrocedió unos pasos y se alejó caminando hacia donde estaba Noah. Algo pequeño empezó a crecer dentro del miedo de Mau.

¿Por qué le estaba afectando tanto que no lo buscara?,~

que ridiculez~ Mau sacudió la cabeza.

Se sentó en la banca junto a Noah y se quedó observando unos segundos la cancha.

—¿Qué tanto ves? —preguntó Noah.

—¿Mh?, nada.

—Sí… claro.

Mau suspiró.

—Sabes que eres malísimo mintiendo, ¿verdad?

Mau decidió ignorarlo. La conversación quedó ahí.

Al terminar el recreo mientras regresaban a clases, Mau escuchó unas voces detrás de él. Escuchó esa voz, esa voz que podría reconocer sin dudar.

Era Isunza.

Por reflejo disminuyó un poco el paso. Esperó. Quizás lo alcanzaría . Quizás le diría algo.

Quizás…

Pero Isunza pasó de largo junto a él, ni siquiera pareció verlo, uno de sus amigos lo llamó y siguió caminando.

Mau se quedó inmóvil durante unos segundos.

No sabía por qué eso le había molestado tanto, no sabía por qué sintió aquel gran nudo en el estómago multiplicado por 2.

La jornada escolar terminó y Mau se caminaba a casa, lo que había pasado en la mañana rondaba por su cabeza haciendo que doliera. Isunza no había hecho algo malo, precisamente, no hizo nada, y por alguna razón eso apretó en el pecho de Mau.

Intentaba mirar a su alrededor y distraerse, con lo que fuera, pero obviamente fallaba en el intento.

Suspiró, tomó el teléfono, lo desbloqueó y abrió ese chat. Ese que llevaba días igual porque no tuvo el valor de responder. Ningún mensaje nuevo. Mau observó la pantalla unos segundos y la apagó. Empezó a comprender que la ausencia dolía mucho más, y probablemente así había hecho sentir a Isunza. Y por primera vez una pregunta muy incómoda surgió en su cabeza para quedarse el resto del día.

¿Qué pasaría si de verdad dejaba de buscarlo?...




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