Ese mismo jueves P.O.V. de Isunza
La mañana del jueves llegó acompañada de conversaciones sobre la final. Era imposible escapar de ellas. En la entrada, en los pasillos, en los salones.
Todo el mundo hablaba del partido del día siguiente. Y realmente eso le encantaba, pero hoy estaba un poco distraído.
Mientras caminaba hacia su primera clase, su mirada se dirigió por instinto hacia el edificio del segundo semestre.
Pero luego recordó.
~Cierto…~
Desvió la mirada inmediatamente. No iba a hacerlo. Había tomado una decisión. Solo unos días. Solo hasta después de la final. No era tan difícil.
¿verdad?
Entró al salón intentando convencerse de ello.
La primera hora pasó sin problemas. La segunda también.
Durante un trabajo en equipo alguien hizo un comentario absurdo sobre sus orientaciones que provocó risas en todo el salón. Isunza soltó una carcajada y por un instante pensó: “tengo que contarle esto a Mau”, Como había pasado tantas veces durante la semana. El pensamiento apareció tan rápido que ni siquiera lo procesó. Pero de pronto su sonrisa se volvió ligeramente más pequeña
~Ah.~ Volvió a recordar.
Continuó trabajando como si no hubiera pasado nada. Pero si había pasado.
Finalmente llegó la hora del recreo. Isunza salió del salón recordando una y otra vez que no iría a buscar a Mau. Salió con Raúl y todo parecía estar bajo control.
Llegaron a las canchas, y algunos amigos ya estaban ahí.
Todo iba normal, Isunza reía con Raúl y los demás, cuando de pronto, vió a Mau junto a la banca debajo del árbol. Durante un segundo estuvo a punto de sonreír, estuvo a punto de ir con él como siempre. Pero recordó la conversación con Raúl. Recordó la forma en que Mau había escapado el día anterior. Así que se quedó donde estaba, fingiendo que no lo había visto…
Al terminar el recreo, la vida quiso ponerlo a prueba una vez más. Iba caminando por el pasillo principal, hablando con algunos amigos, y dentro de la gente delante de ellos, estaba Mau…
Y una vez más, estuvo a punto de caminar hacia él, pero entonces se detuvo. No, no iba a hacerlo. Su paso desaceleró un poco, pero uno de sus amigos lo llamó, se recompuso y siguió caminando, pasando al lado de Mau.
Una vez que estaba más lejos, soltó un pequeño suspiro.
Esto estaba siendo más difícil de lo que pensaba. A pesar de que Isunza estaba consciente de lo importante que se había vuelto Mau para él, empezaba a descubrir realmente cuánto espacio ocupaba en su vida.
La jornada escolar terminó, e Isunza y el equipo ya estaban llegando al entrenamiento. Y a pesar de que aún tenía muchas ideas en la cabeza, decidió enfocarse.
Pero antes de empezar, el entrenador los llamó a todos.
—Muchachos. —habló el coach —Como todos sabemos, mañana es la final. Confiemos en el trabajo que nos ha llevado hasta aquí, si seguimos así el resultado llegará solo. Mirense todos a los ojos, son un equipo, los que se van a estar cubriendo las espaldas mañana, y no dependemos de un solo jugador, todos ponemos nuestro esfuerzo, vamos a ganar juntos, como equipo. La final no empieza mañana, la final empezó desde que nos estuvimos preparando para ella, y hoy, a un día, vamos a dar todo nuestro esfuerzo y concentración en este entrenamiento. Disfrutenlo muchachos, ya hicimos el trabajo duro.–
Todos los jugadores estaban reunidos en un círculo
—¡Eso es!, vamos!
—¡Sí!, vamos con todo!
decían entre todos, mientras chocaban las manos y comenzaban a calentar.
El entrenamiento fluyó bastante bien, Isunza puso todo su enfoque, logrando tiros y bloqueos muy buenos. Sentía la presión de la final, claro que sí, pero lo estaba disfrutando mucho.
Después de alrededor de dos horas, terminó el entrenamiento más arduo que habían tenido en meses. Todos los jugadores celebraban mientras tomaban agua o guardaban sus cosas. Isunza no era la excepción, genuinamente se sentía feliz, emocionado, decidido. Caminó hacia las gradas donde descansaba Raúl.
—¿Viste ese triple? —preguntó Isunza mientras tomaba una botella de agua.
—¿El que por fin metiste después de fallar tres?
—Exactamente ese.
—Prefiero recordar los tres anteriores.
Isunza soltó una risa mientras se dejaba caer a su lado.
—Admítelo, hoy estuvimos increíbles.
—mmh… —Raúl fingió pensarlo unos segundos. —Sí, la verdad si.
—Te dije que íbamos a llegar con todo a la final.
—Y yo te dije que dejaras de hablar y traernos mala suerte.
—Eso no existe.
—Claro que sí.
—No es cierto.
—Si mañana perdemos te voy a recordar esta conversación.
Isunza se rió.
—Y si ganamos me tienes que llevar por tacos.
—Mah, eso ya lo veremos. —dijo Raúl y se rió.
Después hubo un silencio cómodo. Ambos observaban la cancha mientras algunos compañeros seguían practicando algunos últimos tiros. Raúl bebió un poco de agua.
—Por cierto…
Isunza ya conocía ese tono.
—¿Qué?
—¿Cómo va lo de Mau? ¿Sigues firme con lo de darle espacio?
Un pequeño silencio. Isunza cerró su botella de agua.
—Sí
—¿Y cómo te sientes?
—Como un idiota. —Raúl soltó una carcajada.
—Entonces vas bien.
Isunza lo miró un poco confundido.
—¿Cómo que voy bien?
—Si, porque si lo haces esperando a que vuelva corriendo entonces no es darle espacio.
Otro pequeño silencio.
—Lo hago porque lo necesita. Pero no significa que sea fácil. Yo pensé que lo difícil era que me evitara. Resulta que lo difícil es no buscarlo.
Raúl golpeó su hombro con el puño suavemente.
—Pero mírate, aquí sigues. Además creo que ese espacio te ayudó a despejar un poco la mente, hoy tuviste un gran entrenamiento… A excepción de esos triples. —Murmuró Raúl cubriéndolo con algunos tosidos fingidos.
Isunza rió.
—Pero bueno… ve a casa y descansa, no quiero que mañana no puedas ni correr. —Dijo Raúl mientras se levantaba y ayudaba a levantar a Isunza.