Ámame en secreto

Capítulo 21 ~°La final°~

El viernes llegó demasiado rápido.

Desde que Mau abrió los ojos, sintió algo extraño en el pecho. Una sensación difícil de explicar. No eran exactamente nervios, tampoco emoción. Era una mezcla de ambas.

Se quedó acostado por unos segundos mirando al techo de su habitación mientras la luz de la mañana entraba por la ventana. Entonces giró la cabeza hacia su escritorio. Su teléfono estaba ahí. Lo observó durante unos segundos, y antes de siquiera darse cuenta de lo que hacía, ya se había levantado y tomado su teléfono.

La pantalla iluminó su rostro. Abrió el chat. Nada. Ningún mensaje nuevo. Ningún “buenos días”, ningún comentario absurdo. Ninguna excusa para iniciar una conversación. Nada.

Mau tragó saliva y apagó el teléfono

~Claro que no iba a escribir…~

Después de todo llevaba dos días sin hacerlo. Dos días. Y aun así, el silencio seguía sintiéndose demasiado raro.

Más tarde, las clases se pasaron bastante lentas como usualmente solía pasar. No lograba concentrarse. Los profesores hablaban. Todos tomaban apuntes. Algunos haciendo preguntas. Pero Mau sentía que todo pasaba detrás de un cristal, a lo lejos. Él estaba pensando en algo completamente diferente. O más bien… en alguien.

—Ey.

La voz de Noah lo regresó a la realidad.

—¿Mh?

—Amigo, pon atención, llevas cinco minutos viendo la misma hoja.

Mau bajó la mirada. Era cierto, ni siquiera había escrito nada.

—-Estás nervioso por la final ¿no es así?

—Eh, ah, nah. Solo estoy cansado.

—Sí claro. —Noah sonrió. —Y yo tengo un ferrari.

Mau rodó los ojos, pero no respondió, porque ni él mismo entendía que le estaba pasando.

Por fin la jornada escolar terminó. Y poco después todos los alumnos comenzaron a dirigirse al gimnasio donde se daría la final. Mientras Mau y Noah caminaban ya podían alcanzar a escuchar el ruido desde lejos. Gritos. Música. Conversaciones. Risas.

Toda la escuela parecía haberse juntado ahí.

Cuando Mau entró, el ambiente lo golpeó de inmediato. Las gradas estaban llenas. Había alumnos con los colores de la escuela. Incluso algunos profesores estaban ahí. Realmente se sentía el apoyo y la emoción. Era imposible no contagiarse un poco.

—Te dije que iba a estar increíble. —dijo Noah dándole una palmada en la espalda a Mau mientras sonreía y buscaba un lugar para sentarse.

una pequeña sonrisa brotó en los labios de Mau, y asintió distraídamente, porque ya estaba buscando a alguien.

Y entonces, lo encontró. Del otro lado de la cancha, con el uniforme del equipo, calentando junto al resto de los jugadores.

David Isunza.

Algo en el pecho de Mau palpitó. Quizás porque era la primera vez que lo veía desde la mañana anterior. Quizás porque había pasado demasiado tiempo pensando en él. Quizás porque verlo ahí… se sentía bien.

Isunza parecía completamente concentrado. Corría, practicaba tiros, bromeaba con Raúl. Se veía seguro, cómodo, felíz.

Por un momento Mau se quedó observándolo. Y entonces ocurrió… como si hubiera sentido su mirada, Isunza levantó la cabeza. Sus ojos recorrieron las gradas, hasta encontrarlo.

Durante un segundo, solo un segundo, sus miradas se cruzaron. Mau sintió que el corazón le daba un salto.

Isunza no caminó hacia él, no levantó la mano, no hizo nada de lo que habría hecho una semana atrás… simplemente le dedicó una pequeña sonrisa y un movimiento de cabeza. Después volvió a concentrarse en la cancha.

Eso dolió más de lo esperado. Mau sintió algo extraño, porque una parte de él esperaba más. Esperaba que lo saludara, que le sonriera como siempre, y cuando no sucedió… Entendió que el silencio que pidió, aunque nunca lo dijo directamente, realmente existe.

Y resulta que no le gusta.

El partido comenzó.

El sonido del silbato hizo explotar al gimnasio entero. Los gritos llenaron cada rincón, las porras comenzaron, los jugadores tomaron sus posiciones, Todo parecía pasar en cámara lenta.

Y el partido por fin comenzó.

Los primeros minutos fueron brutales. El equipo rival era mucho mejor de lo que todos esperaban. Cada punto costaba, cada jugada exigía el doble de esfuerzo. Y por primera vez en mucho tiempo, la escuela de Mau iba perdiendo.

La tensión comenzó a crecer. Incluso Noah dejó de hablar, y eso rara vez pasaba.

Pero Mau apenas notaba el marcador, porque sus ojos seguían regresando al mismo lugar, una y otra vez. A Isunza.

Lo veía correr de un lado a otro, lo veía organizar jugadas, ayudar a levantar a quienes fallaban, pero sobre todo lo veía no rendirse.

Y poco a poco empezó a darse cuenta de algo. Algo que llevaba mucho tiempo evitando. No era solamente que Isunza fuera divertido, o insistente, o atractivo. Mau admiraba la forma en que nunca se rendía. La forma en que siempre parecía encontrar energía para salir adelante. La forma en que sonreía incluso cuando las cosas iban mal.

Ya no estaba observando a un compañero, ni a su orientado, ni siquiera a un amigo. Estaba viendo a alguien que se había vuelto importante. Demasiado importante.

Faltaban algunos minutos para terminar, cuando ocurrió. Un Sonido seco. Isunza tropezó y cayó al suelo junto con otro jugador del equipo rival.

Todo el gimnasio se quedó en silencio.

El corazón de Mau se detuvo, literalmente, por un segundo. Ni siquiera escuchó a Noah levantarse, no escuchó al árbitro, ni escuchó al entrenador. Solo vió a Isunza en el piso, y sin darse cuenta ya estaba de pie, sus manos temblaban ligeramente, su respiración también. Porque en ese instante, una sola idea cruzó su cabeza. Una sola.

¿Y si se lastimó?

Y fue ahí. Justo ahí. Cuando algo terminó de romperse dentro de él.

Porque comprendió la verdad. No estaba preocupado por alguien que simplemente conocía.

Estaba preocupado por David Isunza.

En cuestión de segundos Isunza se levantó.




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