Raúl fue a guardar sus cosas.
Isunza observó a Mau.
—Oye.
—¿Mh?
—Te ves mucho mejor cuando me hablas.
Mau casi se atraganta con su propia saliva.
—¿Qué?
—Nada.
—No no, ¿Qué fue eso?
—Solo una observación científica.
—Eso no tiene nada de científico.
—Claro que sí.
—No.
—Dos días de experimento. Confirmado.
Mau sintió el rostro un poco caliente.
Intentó contener la sonrisa, y perdió.
La mirada de Isunza se suavizó un poco.
—Y gracias por acercarte.
Mau parpadeó.
—¿Por qué?
Isunza bajó la vista unos segundos.
—Porque si seguíamos así… —levantó nuevamente la mirada. —No estaba seguro de cuánto tiempo iba a aguantar sin buscarte. Y extrañaba hablar contigo.
Silencio. Mau se quedó inmóvli. Lo dijo como si estuviera diciendo el clima, natural, sin drama, sin presión. Simplemente verdad.
—Pero no le digas a Raúl que admití eso. —le guiñó un ojo y sonrió.
El corazón estuvo a punto de salir del pecho de Mau. Pero Noah se acercó antes de que pudiera reaccionar.
—Oigan… odio arruinar lo que sea que está pasando aquí, pero ya van a cerrar el gimnasio y honestamente no quiero quedarme a dormir aquí.
—Ah, si… —dijo Mau y su mirada regresó a Isunza. —Bueno… supongo que nos vemos el lunes.
—Por cierto.
—¿Sí?
—Gracias por venir.
—Ah… n-no hay de qué…
Mau lo mira, y esta vez sabe perfectamente que no habla solamente del partido.
—Bueno… creo que ya me tengo que ir.
—Sí… yo también.
Silencio. El típico silencio de dos personas que realmente no quieren terminar la conversación.
—Bueno… Te escribiré después. —dijo Isunza mientras Raúl se empezaba a acercar.
—Nos vemos.
—Nos vemos, orientador.
Esta vez, Mau se rió.
Todos se despidieron.
Y ese pequeño momento fue suficiente para que Isunza caminara a la salida sintiéndose más ligero de lo que se había sentido en semanas.
Isunza y Raúl caminaban después de salir del gimnasio.
—Bueno campeón, te debo tacos.
—Correcto. —dijo Isunza con una mirada orgullosa.
—Todavía creo que me estafaste.
—¿Por ganar?
—Sí.
—Llorón.
Ambos rieron.
Caminaban para ir por los tacos, con las mochilas colgando. Riéndose, recordando jugadas, discutiendo cuál fue el mejor punto. Mientras empezaba a anochecer, el cielo teñido de ese naranja precioso que tanto le recordaba a Mau.
—Te vez feliz. —dijo Raúl al notar su expresión.
—Ganamos la final.
—No me refiero a eso.
Silencio.
Isunza intentó ocultar la sonrisa, fallando miserablemente.
—Cállate.
—Sabía que era eso.
—Raúl.
—Sabía que era eso.
Finalmente se rindió y ambos ríeron.
Isunza levantó la vista hacia el cielo.
Había ganado la final. Iba a celebrar con los tacos que Raúl le debía. Y por primera vez en varios días Mau le había sonreído sin escapar.
Quizá los problemas seguían ahí. Quizá aún quedaban muchas cosas por resolver.
Pero por esta noche… todo se sentía bien.
Y honestamente, eso era más que suficiente.