Ámame en secreto

Capítulo 26

P.O.V. de Mau:

El sábado amaneció extrañamente silencioso.

Mau abrió los ojos lentamente y con ello empezó a llegar la conciencia. Cuando ya llevaba el suficiente tiempo despierto como para pensar bien, hubo algo que regresó a su mente al instante.

La final.

Automáticamente volvió a sentir algo parecido a lo que sintió la noche anterior. Una sensación ligera, cálida, extrañamente emocionante.

Se quedó mirando el techo.

Normalmente cuando despertaba los fines de semana, lo primero que llegaba a su cabeza eran tareas o cualquier cosa relacionada con la escuela. Pero hoy no. Ni hoy, ni desde que conoció a aquel chico de sonrisa juguetona. Y así mismo, hoy lo primero que apareció en su mente fue esa sonrisa. Esa que tuvo cuando lo vio acercarse después del partido.

Mau cerró los ojos. Aún podía recordar perfectamente cómo se había sentido en ese momento. Había estado absolutamente aterrado.

La noche anterior, cuando estaba sentado en las gradas viendo la celebración, su corazón le gritaba que fuera con él. Pero otra parte de él quería salir corriendo, como siempre, como llevaba días haciendo. Porque acercarse significaba admitir demasiadas cosas. Significaba admitir que había estado pensando en él, que lo había estado buscando, que había extrañado sus mensajes, que lo había extrañado a él.

Pero entonces ocurrió algo. Algo que no esperaba.

Cuando vio a Isunza celebrando con su equipo, cuando lo vio sonreír, cuando lo vio realmente feliz, sintió un cosquilleo en el pecho; y se dio cuenta de que no quería seguir viéndolo desde lejos. No quería quedarse viendo otra vez, no quería volver a huir.

Y tras tomar una decisión que lo llevaba presionando tantos días, decidió caminar hacia él…

Mau se acomodó un poco en la cama. La habitación seguía en silencio.

Por primera vez pudo admitirlo sin pelear consigo mismo. Había tomado la decisión correcta, porque la realidad lo sorprendió, cuando habló con Isunza… no ocurrió nada malo. Nada. El mundo no se acabó, nadie salió herido, nadie se rompió. Solo hablaron, y aun así aquella pequeña conversación había logrado quitarle un peso enorme de encima.

Mau tomó el celular de su escritorio y lo desbloqueó. Casi inmediatamente abrió una conversación.

Raúl.

Había sido él quien la noche anterior lo había bombardeado con alrededor de 30 fotos mal tomadas por él del partido y los jugadores, aunque la mayoría eran de Isunza. Iban acompañadas de mensajes como:

“JAJAJA jamás había tomado tan buenas fotos.”

“Esta es mi favorita”

“Mira su cara aquí”

“No supero esta foto”

Mau abrió una de las imágenes. Y después otra. Y otra. Y otra.

No porque fueran buenas. De hecho, eran horribles. Terribles, absolutamente vergonzosas.

En una Isunza parecía estar gritando algo incomprensible. En otra estaba saltando y tenía toda la camiseta levantada. Y en la peor de todas…

Tenía tres tacos metidos en la boca.

Mau soltó una pequeña risa. Sinceramente se veía gracioso. Pero la verdad era otra, no seguía viendo esas fotos porque fueran graciosas, las seguía viendo porque él aparecía en ellas. Porque cada vez que veía una imagen podía recordar exactamente cómo se había visto en la cancha, cómo había sonreído, cómo había celebrado, cómo se había iluminado su rostro después del partido.

Y entonces se quedó inmóvil, porque acababa de darse cuenta de algo, algo bastante obvio, algo que probablemente Noah llevaba semanas intentando decirle.

Lo extrañaba.

Mau dejó caer la cabeza contra la almohada. No tenía sentido seguir negándolo. Lo había extrañado aquellos dos días. Muchísimo más de lo que quería admitir.

Porque cuando Isunza dejó de aparecer en los recreos, lo notó. Cuando dejó de mandarle mensajes, lo notó. Cuando dejó de buscarlo, lo notó. Todo el tiempo, cada momento.

Y fue justamente todo eso lo que había terminado llevándolo hacia él después de la final. No la culpa, ni la presión, ni Noah. Él. Porque por primera vez tuvo miedo de algo diferente, no miedo de acercarse, sino miedo de que Isunza dejara de hacerlo para siempre.

Su celular vibró. Mau salió de sus pensamientos. Miró la pantalla. Un mensaje de Raúl, una foto nueva. Probablemente otra humillación pública de Isunza.

La abrió y efectivamente, era otra humillación pública de Isunza. Mau soltó una carcajada.

Sabía que Raúl no estaría en problemas, porque Isunza también había mandado fotos vergonzosas de Raúl suyas antes. Así que era una tregua.

Sin pensarlo demasiado, abrió el chat privado de Isunza. Sus dedos quedaron suspendidos sobre el teclado durante unos segundos.

Hace unas semanas no habría enviado nada, habría apagado el teléfono, habría pensado demasiado o habría buscado una excusa. Pero estaba cansado de hacer eso, así que escribió:

"Deberías demandar a Raúl por tomarte esas fotos."

Miró el mensaje. Sonrió. Y lo envió.

Apenas unos segundos después llegó la respuesta. Y cuando apareció el mensaje de Isunza… Mau sintió algo cálido, algo que últimamente empezaba a reconocer demasiado bien.

Sonrió y siguió escribiendo. Porque por primera vez en mucho tiempo, ya no tenía ganas de huir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.