Un año y medio antes…
El auditorio estaba lleno de alumnos nuevos. Algunos hablaban emocionados, otros parecían completamente perdidos, otros aprovechaban para conocerse antes de que iniciaran oficialmente las clases.
En esta preparatoria unas semanas antes de salir de vacaciones, daban una pequeña orientación a los que entrarían a primer semestre.
Y ahí estaba Mau. No hablaba con nadie, pero tampoco parecía estar asustado. Sentado en una de las filas de la orilla, sostenía en las manos una carpeta que le habían entregado. De vez en cuando levantaba la vista para recorrer el auditorio con curiosidad. Este edificio era mucho más grande que el de la secundaria. Más salones, más alumnos, más ruido. No le molestaba, solo era… diferente.
Mientras tanto, del otro lado, Raúl estaba con otros alumnos de alto promedio.
—¿A quién nos tocará orientar? —preguntó uno de ellos.
—Con que no me toque alguien que no hable. —respondió otro.
Raúl se rió.
—A mi me da igual. Mientras sobreviva el primer recorrido.
De pronto el director tomó el micrófono.
—Buenos días a todos y todas. Antes que nada, bienvenidos a la preparatoria. —Las conversaciones fueron apagándose poco a poco. —Así como tenemos gente de nuevo ingreso, tenemos algunos que ya venían de nuestra secundaria, sin embargo este es un plantel nuevo para todos, así que es por eso que durante esta semana conocerán las instalaciones y algunas dinámicas de la escuela. Y para eso contamos con varios de nuestros alumnos de tercer semestre con mejor promedio, que serán los que estarán guiándolos durante el recorrido. El día de hoy conocerán nuestras instalaciones más a detalle.
Mau revisó el documento dentro de la carpeta, aún no sabía quién era, pero Raúl sería su guía.
Entonces comenzaron a mencionar nombres. Del otro lado del auditorio varios alumnos mayores se pusieron de pie. Y ahí estaba Raúl. No parecía mucho mayor que ellos. Tenía una sonrisa relajada y hablaba con una naturalidad que hacía parecer fácil estar frente a tantas personas.Cuando terminaron las indicaciones, comenzaron a repartir las hojas con los nombres de los chicos que guiarían. Cuando Raúl recibió su hoja la leyó rápidamente.
—Mauricio Ruíz…
Levanta la vista y ve a un chico levantando apenas la mano desde la fila de la orilla.
—Aquí.
Raúl caminó hasta él.
—¿Mauricio?
—Sí.
—Perfecto.
Raúl sonrió. —Yo soy Raúl.
Mau asintió con una pequeña sonrisa educada. Hubo unos segundos de silencio. Raúl miró la hoja otra vez, y luego volvió a verlo.
~Este se parece muchísimo a cómo era Isunza cuando entró a primaria. ~Pensó Raúl al ver a Mau tan callado.
—Bueno… —Otro silencio. —Creo que si seguimos callados todo el recorrido va a ser bastante incómodo.
Mau soltó una risa muy pequeña.
—Un poco.
—¡Vamos ganando! Conseguí hacerte hablar antes de salir del auditorio.
Mau negó con la cabeza, divertido.
—Eso no cuenta.
—¿No?
—Fuiste tú quien habló primero.
Raúl alzó los ojos.
—Ah, entonces eres de esos.
—¿De cuáles?
—De los que necesitan un empujoncito para arrancar.
—No exactamente.
—¿Entonces?
Mau pensó unos segundos.
—Solo me gusta escuchar primero.
Raúl sonrió.
—Me agrada esa respuesta.
Mau no estaba nervioso por entrar a la preparatoria, se sentía extraño. Siempre había pensado que empezar la preparatoria era como empezar un libro nuevo. No sabías quién iba a convertirse en un personaje importante y quién desaparecería después del primer capítulo. Lo único que tenía claro era que prefería observar un poco antes de hablar. Esa era su manera de entender a las personas.
Poco después, comenzaron el recorrido.
Raúl caminaba a un lado de él explicándole dónde estaban los edificios principales, los laboratorios, la biblioteca y las oficinas administrativas.
No hablaba demasiado rápido. Parecía darse cuenta de cuando Mau quería observar algo con calma.
—Ese edificio es donde estarás tú, primero y segundo semestre.
Mau levantó la vista.
—esos de allá, ¿Todos esos son laboratorios?
—Sí.
—Es enorme.
—Creeme… el primer día todos nos perdemos.
—¿Tú también?
Raúl soltó una risa
—Tres veces.
Mau arqueó una ceja
—¿Tres?
—En mi defensa… El mapa está horrible.
Mau se detuvo un segundo a observar el mapa, seguido de eso volvió a observar a Raúl.
—Bueno… tal vez exageré un poco.
Los dos rieron. Y la conversación empezó a fluir sola. Sin darse cuenta comenzaron a hablar ya no solo de la escuela. Hablaron de materias, de profesores antiguos, de música, incluso descubrieron que ambos preferían los días nublados porque el calor les parecía insoportable. Realmente tenían muchas cosas en común.
Cuando llegaron a la biblioteca, Mau se detuvo unos segundos observándola.
—Creo que voy a pasar bastante tiempo aquí.
—¿Te gusta leer?
—Sí.
—Entonces ya encontraste un refugio.
—¿Un refugio?
—Sí, todos necesitamos uno cuando las cosas se ponen pesadas. Todos encontramos uno, ya verás.
—¿Y tu ya encontraste el tuyo?
—Sí. Creeme… todos terminamos encontrando un lugar favorito en esta escuela.
Continuaron caminando hasta llegar a las canchas deportivas. En una cancha varios alumnos entrenaban básquet. El sonido de los balones rebotando llenaba el lugar.
Raúl sonrió apenas los vio.
—Ahí pasa media vida mi mejor amigo.
—¿Juega básquet?
—Él vive para el básquet.
—¿Tanto así?
—Si pudiera dormir aquí, lo haría.
Mau soltó una risa.
—¿Y tú también juegas?
—Más o menos
—¿Más o menos?
—Me gusta mucho jugarlo, pero digamos que soy mejor recordándole que tome agua y que deje de hacer tonterías.
—Eres su conciencia.
—Tampoco tanto… aunque pensándolo bien… sí.