Ámame en secreto

Capítulo 29

P.O.V. de Isunza

El lunes llegó acompañado de un cielo completamente gris como casi todo el fin de semana. Las nubes cubrían casi todo el sol y una brisa fresca recorría las calles. Si alguien le hubiera preguntado a Isunza cuál era su clima favorito, probablemente habría señalado exactamente uno como ese.

Caminaba hacia la preparatoria con las manos en los bolsillos y los audífonos puestos, aunque ni siquiera estaba prestando atención a la música. Había algo mucho más fuerte ocupando su cabeza.

El fin de semana. La final. Las conversaciones con Mau. Y, curiosamente, también la discusión con sus padres.

Pensó que después de aquello seguiría sintiéndose mal durante días.Pero no. Le seguía molestando. Le seguía doliendo. Solo que ya no se sentía vacío, porque por primera vez entendía que una parte muy grande de su felicidad ya no dependía de ellos.

Sonrió sin darse cuenta.

Llegó a la entrada de la escuela y apenas cruzó el portón, comenzaron los saludos.

—¡Isunza!

—¡Caste!

—¡Ya eres famoso!

—¿Cuándo firmas autógrafos?

—Después de clases. Cobro barato.

Las risas aparecieron enseguida.

Mientras caminaba por los pasillos, varios alumnos seguían felicitándolo.

Isunza respondía a todos con bromas. Pero, aunque estuviera entretenido… Había alguien que seguía buscando casi por reflejo.

Sin darse cuenta, levantó la vista hacia el edificio de segundo. Y entonces lo vio. Mau. Estaba en los casilleros mientras esperaba a Noah, que agarraba sus cosas.

Esta vez no sintió aquella desesperación por correr hasta él. Simplemente sonrió, como quien sabe que no hace falta perseguir a alguien para volver a encontrarlo.

Mau también levantó la vista. Sus ojos se encontraron apenas unos segundos. Y entonces...

Sonrió primero. Una sonrisa pequeñita, pero fue suficiente para que el corazón de Isunza hiciera exactamente lo mismo que el viernes en la final.

No hubo necesidad de caminar hasta él; ambos siguieron su camino. Y, curiosamente...

Eso también se sentía bonito.

Las primeras clases pasaron sorprendentemente rápido a comparación de semanas pasadas. Todo el salón seguía hablando del partido, un compañero incluso llevó el periódico local donde aparecía una pequeña fotografía del equipo sosteniendo el trofeo.

—¡Eh!

Le aventaron el periódico a Isunza.

—Ya eres celebridad.

Isunza observó la foto. Ahí estaba él, con el uniforme completamente desacomodado.

Raúl haciendo una cara horrible detrás. Y el entrenador intentando mantener un poco de orden.

No pudo evitar reír.

—No puedo creer que esa sea la foto que eligieron.

—Sales bien.

—Raúl parece que está poseído.

Todo el salón volvió a reír.

Finalmente sonó la campana del primer recreo.

Como de costumbre, Raúl prácticamente arrastró a Isunza hasta las canchas.

—Vamos, estrella del básquet.

—Voy caminando.

—No suficientemente rápido.

—¿Qué prisa traes?

—Quiero ganarte antes de que lleguen los demás.

No tardaron mucho en empezar una reta improvisada.

El balón iba de un lado a otro mientras varios alumnos comenzaban a reunirse para jugar.

No era un entrenamiento, solo estaban jugando por diversión, y hacía semanas que Isunza no disfrutaba tanto simplemente de lanzar el balón.

Anotó. Recibió un empujón amistoso. Volvió a correr. Raúl le robó el balón.

—¡Eso fue falta!

—Eso fue talento.

—Fue robo.

—Literalmente.

Las risas aparecieron otra vez.

Mientras tanto, el otro lado del patio… Mau caminaba junto a Noah rumbo a la cafetería.

Escuchó los gritos provenientes de la cancha. No necesitó mirar para saber quién estaba ahí, y aun así… Miró.

Isunza corría de un lado a otro con una sonrisa enorme. No estaba jugando una final, no había presión, solo parecía estar divirtiéndose. Y por alguna razón… Verlo así le gustaba.

Mucho.

—¿Ves a tu cuchurrumin?.

La voz de Noah apareció a su lado.

—¿A mí qué? —dijo Mau mientras soltaba una carcajada.

—Otra vez lo estás viendo, a tu cu-chu-rru-min.

Mau rió otra vez, pero ahora no intentó negarlo.

Solo sonrió un poquito.

—Ah.. Sí.

Noah arqueó las cejas.

—Eso sí es nuevo.

Justo en ese momento...

Isunza se detuvo para agarrar un poco de aire y, con las manos en las rodillas, cuando levantó la vista casi por costumbre, lo encontró. Mau seguía ahí, observándolo.

Durante un segundo ninguno apartó la mirada. Entonces… Isunza le sonrió de lado. Esa sonrisa atrevida con un toque de picardía. Y aunque fuera la cosa más sencilla del universo, Mau sintió que el corazón prácticamente olvidaba cómo funcionar.

Desvió la mirada inmediatamente. Una sonrisa completamente involuntaria apareció en su rostro.

—¿Qué hizo?

Preguntó Noah riéndose.

—Nada.

—Mau.

—...

Noah soltó una carcajada al darse cuenta.

Mau escondió media cara detrás de su mano.

—Cállate.

Noah se rió otra vez.

—No puedo creer que eso todavía funcione contigo.

Mau negó con la cabeza intentando ocultar la sonrisa. Pero era imposible.

Cuando terminó el recreo… Esta vez fue diferente. No hubo silencios incómodos, no hubo huidas. Mau simplemente esperó unos segundos cerca del edificio. Y cuando Isunza lo notó de lejos, le dio el balón a Raúl.

—Te toca llevarlo. Te alcanzo después. —dijo sin apartar la mirada de Mau y caminó hacia él.

Isunza lo vio acercarse.

Sonrió.

—Buenos días.

—Buenos días.

Caminaron juntos algunos pasos. Sin prisa. Sin esa tensión que antes parecía acompañarlos siempre. Hasta que Isunza rompió el silencio.

—Oye.




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