P.O.V de Mau
Las dos siguientes semanas pasaron mucho más rápido de lo que ambos lo hubieran imaginado. y ahora, ir a la preparatoria se sentía más ligero. Cada día parecía acercarlos un poco más. Y las orientaciones con Isunza siguieron siendo el mejor momento de la semana. Mau ya no llegaba nervioso. Ya no repasaba mentalmente todo lo que iba a decir, simplemente entraba al salón, e Isunza casi siempre ya estaba ahí, esperándolo.
—Orientador.
—Hola.
Isunza observó el cuaderno que Mau llevaba bajo el brazo.
—¿Trajiste tarea?
—Sí.
—Qué responsable.
Mau dejó escapar una pequeña risa y dejó su mochila junto a la mesa mientras observaba a Isunza.
—Alguien tiene que serlo.
—Oye.
—¿Qué?
—Eso fue un ataque directo.
—Solo dije la verdad.
—No, no... tienes razón. —dijo Isunza y levantó las manos en señal de rendición dramáticamente.
Y como había sucedido tantas veces durante aquellas dos semanas, tuvieron una orientación bastante ligera...
Las semanas también trajeron algo que Mau no esperaba. Durante un recreo, se hicieron retas de nuevo para jugar voleibol. Esta vez ni siquiera tuvieron que armar los equipos ni explicar las reglas. Los equipos se organizaron rápido y el partido comenzó casi de inmediato.
Mau recibió el primer saque con facilidad. El balón subió limpio. Otro compañero colocó, y casi sin pensarlo, Mau saltó para rematar. La pelota cayó justo dentro de la línea.
—¡Punto!
—¡Buena!
Las voces comenzaron a escucharse desde ambos lados de la cancha. Noah levantó las manos como si acabaran de ganar una final.
—¡Ese es mi amigo!, que no se te ocurra cajetearla eh.
—Tú ni siquiera estás jugando.
—Te di apoyo emocional.
—Claro...
El partido continuó. Mau seguía moviéndose con naturalidad. Todo parecía salirle casi por instinto, mientras su reta continuaba invicta.
En un momento, un compañero pidió hacer cambio, y Mau se ofreció. Cuando salió de la cancha, fue entonces cuando escuchó la voz del entrenador.
—Ruiz.
Mau volteó.
—¿Sí?
—¿Has jugado alguna vez en algún equipo, o al menos entrenado?
—No.
—¿de verdad?
—Sí.
El profesor permaneció observándolo unos segundos antes de sonreír ligeramente.
—Pues deberías pensarlo. Creo que tienes muy buenas bases.
Mau se quedó unos segundos sin responder.
—Gracias...
No esperaba escuchar algo así. Y, curiosamente, aquellas palabras permanecieron dando vueltas en su cabeza durante el resto del día.
...
Los días seguían pasando. Las clases. Los recreos. Las orientaciones. Las conversaciones. Todo parecía encontrar, poco a poco, un ritmo. Incluso había ocasiones en que Mau simplemente caminaba por los pasillos y por costumbre, bajaba la vista hacia las canchas de básquet. No tardaba mucho en encontrarlo.
Siempre rodeado de compañeros, siempre riéndose de algo. En cuanto sus miradas coincidían, el mayor levantaba una mano. Mau hacía exactamente lo mismo. Y ambos seguían su camino. No hacía falta detenerse, ni hablar. Con saber que el otro estaba ahí... Era suficiente.
...
El viernes llegó acompañado de un viento mucho más fresco que el habitual. Las últimas clases terminaron bastante rápido.
Cuando sonó la campana que anunciaba el inicio de la orientación, Mau guardó sus cosas y caminó hacia el salón.
Al abrir la puerta... Ahí estaba.
Isunza levantó la vista y sonrió apenas lo vio entrar.
—Pensé que hoy sí me ibas a dejar plantado.
Mau dejó escapar una pequeña risa.
—Llegué un minuto tarde.
—Sesenta segundos. Fue muchísimo.
—Qué exagerado.
—Sufrí bastante.
—Pobrecito.
Tomó asiento frente a él. Durante unos segundos ninguno dijo nada. Hasta que Isunza rompió el silencio.
—¿Cómo te fue hoy?
—Bastante bien. —Mau apoyó el brazo sobre la mesa. —Jugamos voleibol otra vez y...
—¿Y?
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Creo que al profesor le gustó cómo juego.
Los ojos de Isunza se iluminaron ligeramente.
—¿En serio?
—Sí.
—Te dije.
—¿Qué cosa?
—Que eres muy bueno.
Mau rió. Aquellas palabras hicieron que bajara ligeramente la mirada. No esperaba una respuesta así.
Isunza sonrió al notar el leve color que aparecía en sus mejillas.
—Aunque...
—¿Sí?
—Si algún día entras al equipo... Me tienes que avisar.
—¿Para qué?
—Porque quiero ir a verte.
Mau levantó la vista lentamente.
—¿Aunque me equivoque?
—Aunque te equivoques.
—¿Pero... por qué quieres ir a verme?
—Tu has ido a mis partidos, y puedo entender lo importante que es que alguien esté ahí para ti, aunque no dudo que Noah esté ahí contigo. Además... Quiero verte hacer lo que te hace feliz.
Isunza sonrió de esa manera tan tranquila que parecía desarmarlo siempre. Durante unos segundos, Mau sintió una emoción recordarle el estómago. Solo sonrió. Y, por alguna razón, Sintió que aquello bastaba para ser felíz...