P.O.V. de Mau
El miércoles llegó con una mañana soleada en comparación con los días anteriores. La alarma sonó temprano y, durante unos segundos, se quedó mirando el techo sin recordar por qué tenía ese sentimiento de pesadez.
Hasta que lo recordó.
Abrió los ojos por completo.
La noche anterior había sido extraña, no mala. Simplemente extraña. Había vuelto a hablar con él, habían reído, habían recordado cosas de cuando eran niños. Y por unos minutos todo había parecido igual que antes, pero después estaban los recuerdos. Aquella noche, los gritos, la puerta cerrándose.
Mau se giró sobre la cama y tomó el celular. Miró la hora. Todavía tenía tiempo.
Se levantó, se arregló y bajó a desayunar.
Al llegar a la cocina, encontró a su hermano sentado en la mesa con una taza entre las manos.
—Buenos días, enano.
Mau hizo una pequeña mueca.
—Ya te dije que no me digas así.
—Buenos días, Mau.
—Mejor.
Su hermano sonrió.
—¿Dormiste bien?
Mau se quedó callado un instante.
—Sí.
No era del todo cierto, pero no tenía ganas de que empezara a preguntar por qué.
Se sentó y comenzó a desayunar. Durante unos minutos, ninguno dijo nada, hasta que su hermano volteó a ver su mochila.
—¿Hoy también tienes lo del voleibol?
Mau levantó la vista.
—Todavía no. Empiezo la próxima semana.
—Ah, cierto.
—Aunque… no sé si soy tan bueno como ellos.
Su hermano pensó durante unos segundos
—Evidentemente no serás igual de bueno que ellos.
Mau levantó una ceja.
—Gracias por el apoyo.
Su hermano soltó una pequeña risa.
—No lo digo en ese sentido, solo creo que no deberías presionarte por eso. Ellos ya llevan cierto progreso, pero eso no significa que no puedas llegar al nivel poco a poco. Por una vez, confía en ti, realmente tienes talento para el vóley.
Mau se quedó callado unos momentos, pensando en lo que acababa de decir su hermano. Tenía razón, y tal vez necesitaba escucharlo, pero no iba a admitirlo. No le salieron las palabras
—”Oh gracias hermano, eres muy sabio” Oh no hay de qué hermanito, para eso estoy.—bromeó su hermano, murmurando con una vocecita.
Mau sonrió.
—Ay, ya ya.
La preparatoria estaba más ruidosa de lo habitual.
Mau caminaba por el pasillo junto a Noah mientras este hablaba sobre los exámenes que se acercaban.
—Te digo que matemáticas va a estar horrible.
—No sabes ni qué van a preguntar.
—Precisamente. Si no sé qué van a preguntar, significa que va a estar horrible.
Mau soltó una risa.
—Tu lógica es impresionante.
—Gracias.
Noah se quedó callado unos segundos.
Después lo observó de reojo.
—Estás raro.
Mau lo miró.
—¿Raro cómo?
—No sé. Más distraído.
Mau bajó ligeramente la mirada.
—Solo estoy cansado.
—¿Dormiste mal?
—Un poco.
Noah pareció querer preguntar algo más. Pero finalmente se encogió de hombros y siguieron caminando. Mau agradeció que Noah no insistiera.
Las primeras clases pasaron lentamente. Mau intentaba concentrarse, pero cada cierto tiempo su mente volvía a la noche anterior, a aquella conversación, a las cosas que no habían dicho. No sabía por qué le daba tantas vueltas. Durante años había intentado guardar todos aquellos recuerdos en un rincón de su cabeza. Y ahora… Su hermano estaba ahí, de nuevo.
Cuando finalmente llegó la hora de la orientación, Mau tomó sus cosas y fue al salón. Al entrar, encontró a Isunza sentado en una de las mesas. Estaba mirando unos ejercicios. O al menos eso parecía.
Porque apenas Mau entró, levantó la vista.
—Orientador.
—Hola.
Mau dejó su mochila junto a la silla.
—¿Observas los ejercicios de hoy?
Isunza sonrió.
—Me estaba preparando emocionalmente.
—Qué exagerado.
—Es una de mis cualidades.
Mau negó con la cabeza mientras se sentaba.
—Eso no es una cualidad.
—Para mí sí.
Mau soltó una pequeña risa. Y ahí estuvo. Una sonrisa. Una de esas que Isunza ya conocía perfectamente. Sin embargo, después de unos segundos, notó algo.
Mau volvió a quedarse mirando las hojas. Distraído. Isunza no dijo nada. Simplemente abrió su libreta.
—Bueno… ¿Empezamos?
Mau asintió. —Sí.
La orientación comenzó como cualquier otra. Ejercicios. Explicaciones. Preguntas.
Isunza incluso consiguió resolver uno de los problemas antes de que Mau terminara de explicarlo.
—¿Ves?
—¿Qué?
—Sí aprendí algo.
Mau levantó una ceja.
—No te emociones. Fue uno.
—Pero lo resolví.
—Pura suerte.
—Eso son celos. —Isunza sonrió. Una sonrisa coqueta
Mau solo bajó la mirada intentando ocultar una sonrisa.
Continuaron con el ejercicio. Hasta que Mau volvió a quedarse quieto. El lápiz permaneció suspendido sobre el cuaderno.
Isunza lo observó unos segundos.
—Mau.
—¿Mh?
—¿Todo bien?
Mau tardó un poco en responder.
—Sí.
Isunza asintió.
—Okay.
Y volvió al ejercicio. Sin preguntar nada más.
Mau lo observó de reojo. Eso le llamó la atención. Cualquier otra persona probablemente habría insistido.
¿Qué te pasa? ¿Estás seguro? ¿Por qué estás así? Pero Isunza simplemente había aceptado su respuesta.
Mau volvió a mirar el cuaderno. Y, por alguna razón… Eso le dio tranquilidad.