Amame...Y Vivire

capitulo 3: NO todo es como se ve

Me puse en pie con una lentitud agónica.

Mis piernas apenas lograban sostener mi peso y cada pequeño movimiento enviaba una punzada de dolor eléctrico que recorría. La extraña energía que me había arrancado de las garras de la muerte seguía allí, vibrando bajo mi piel y manteniéndome erguido, pero estaba muy lejos de encontrarme bien. Me sentía como un cristal a punto de romperse.

La chica retrocedió un paso, sus ojos dorados dilatados por la sorpresa y el desconcierto.

—¿Qué...? —susurró, observándome de arriba abajo como si estuviera frente a un fantasma que se negaba a abandonar el mundo de los vivos—. ¿Cómo... cómo es posible que sigas vivo?

Respiré con dificultad, sintiendo el aire frío en mis pulmones heridos. Ni siquiera yo tenía una respuesta lógica para eso. La miré directamente a los ojos, con la desesperación de mi mirada.

—Por favor... —supliqué.

Ella frunció el ceño, recuperando un poco de su actitud defensiva.

—¿Qué?

—Ámame —solté, sin filtro, sin orgullo.

El silencio volvió a caer entre nosotros, más pesado que los escombros del pasillo.

—¿Qué demonios acabas de decir? —Su voz sonó cargada de una mezcla de asco y confusión.

—Si no quieres... puedo intentar enamorarte otra vez... —dije sintiendo que la vitalidad se me escapaba por los poros.

Su expresión se endureció al instante, volviéndose gélida.

—¿Qué está pasando aquí?

Di un paso tambaleante hacia ella, acortando la distancia. Mis manos, manchadas de mi propia sangre, se aferraron a sus hombros con una fuerza nacida del miedo más puro.

—Solo... ámame. Si no lo haces... —Mi voz comenzó a romperse, volviéndose un hilo trémulo—. Si dejas de sentir algo por mí, voy a morir.

La chica me apartó de un golpe seco, con una fuerza que me hizo retroceder.

—¡No! —gritó, con la respiración agitada—. ¡Deja de decir esas estupideces!

—Es la verdad... —Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos, nublando mi vista—. Te lo juro... No quiero morir...

La observé con una desesperación absoluta. Por primera vez en mi vida, no me importaba el orgullo, ni las burlas, ni mi posición en la academia. No me importaba nada más que el latido que sentía debilitarse en mi pecho. Solo quería vivir.

—Por favor...

La chica bajó la mirada, ocultando sus ojos tras su flequillo. Sus puños cerrados temblaban con violencia.

—No —sentenció, y sentí cómo mi corazón se hundía en un pozo sin fondo.

—No puedo —continuó ella, retrocediendo otro paso más—. Me estás mintiendo.

—No es mentira...

—¡Sí lo es! —Su voz resonó con fuerza por todo el pasillo destruido—. ¡Todo esto fue un plan para manipularme! ¡Usaste tu sucio poder para hacerme bajar la guardia!

Pequeñas chispas de fuego azul comenzaron a brotar de sus manos nuevamente, pero esta vez no eran de protección, sino de desprecio.

—Me usaste —escupió con amargura.

—No fue así... te lo juro...

—Te odio.

Aquellas dos palabras golpearon más fuerte que cualquier explosión. Me dejaron sin aliento. La chica se dio media vuelta sin mirarme una última vez y comenzó a alejarse a paso rápido, dejándome solo entre las ruinas.

—Espera... —Intenté seguirla, extendiendo una mano hacia su espalda que se alejaba.

Pero apenas di un paso, una punzada atravesó mi abdomen, como si mil cuchillos calientes se retorcieran en mi interior. Me llevé la mano a la herida, sintiendo la calidez de la sangre fresca empapando de nuevo mi uniforme.

—Maldición...

Mis piernas volvieron a fallar, temblando hasta que mis rodillas chocaron contra el suelo. Y por primera vez desde que había recuperado la consciencia... sentí con una claridad aterradora que el tiempo se me estaba acabando otra vez. Mi vida dependía de su afecto, y ella acababa de sentenciarme con su odio

Al día siguiente...

—¡JAJAJAJA! Que idiota… ¿Cómo que le suplicaste que te amara? —Mi amigo casi se cae de la silla de la cafetería de tanta risa, limpiándose una lágrima—. Eres un pobre idiota jaja … no puedo mas

—Cállate —mascullé entre dientes.

Me encontraba sentado en una banca del patio de la Academia Kaelum. Cada músculo de mi cuerpo seguía adolorido y rígido por lo ocurrido el día anterior… un recordatorio constante de que, por leyes de la física, yo debería estar muerto y bajo tierra en ese mismo instante.

Mi amigo continuó desternillándose.

—En serio, no puedo digerirlo. «Por favor, ámame». ¡JAJAJA! De verdad perdiste la cabeza.

—Te dije que te calles.

—Bueno, bueno, si te hace sentir mejor... —Dejó de reír por un momento, adoptando un tono extrañamente serio—. Ella no cree en el amor.

Lo miré fijamente, deteniendo mi propia respiración.

—¿Qué?

—La chica del fuego —continuó él, encogiéndose de hombros—. Odia a todo el mundo.

Mi corazón dio un vuelco violento.

—¿Qué acabas de decir?

—Lo que oyes. Odia a las personas. Y especialmente a sus propios padres.

Fruncí el ceño, sintiendo una repentina opresión en el pecho.

—¿Por qué?

—Porque la utilizaron toda su vida para ganar dinero y estatus. Torneos clandestinos, exhibiciones de la alta sociedad, patrocinadores... Todo en su vida giraba alrededor de la potencia de su fuego. La criaron más como un arma de destrucción masiva que como a una hija. Por eso es tan fría.

Mi mente quedó completamente en blanco. Las piezas del rompecabezas no encajaban.

—Entonces... —comencé a balbucear.

Mi amigo levantó una ceja, extrañado por mi reacción.

—¿Entonces qué?

—Entonces... ¡¿cómo demonios sigo vivo?!

—¿Qué? —preguntó él, pero su voz ya no llegó a mi cerebro.

Mi respiración comenzó a acelerarse, volviéndose errática. Ella no me amaba. No podía hacerlo aunque quisiera.

Odiaba el concepto del amor.

Odiaba a la gente que se le acercaba.

Odiaba con todo su ser que intentaran controlarla o usarla.



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En el texto hay: misterio, romace, cienciaficion

Editado: 02.06.2026

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