
Aurora
Nací en un suelo donde la vida no vale nada y el poder se compra con sangre. Aquí, el miedo es la primera lengua materna; lo aprendemos a balbucear antes de saber hablar.
En este lado del mundo, el contrabando no es un delito: es el pulso que mantiene latiendo a los pueblos, principalmente a mi ciudad, Vortalia. Su economía vive del contrabando marítimo, de la fortuna intocable de los de arriba y del motivo por el cual generaciones enteras han aprendido a apretar el gatillo sin hacer preguntas. Un apellido puede abrirte el cielo o cavar tu tumba antes de que des el primer paso.
Yo soy Aurora Ricci.
La heredera de una de las estirpes más implacables de la frontera. Para mi padre, una mujer no es dueña de su destino; es una pieza de cambio, una sombra sumisa cuya única obligación es bajar la mirada, obedecer las reglas y entregar la vida si hace falta para sostener el imperio que nos gobierna.
Porque en mi mundo, las hijas no eligen a quién amar. No eligen con quién compartir su lecho. Ni siquiera se nos permite decidir quiénes somos.
Estaba programada para ser perfecta, para ser la guardiana de nuestra sangre. Pero nadie, absolutamente nadie, me preparó para cruzarme con él.
Dante Bellini.
El hombre al que mi sangre me exige matar... y el único al que deseo entregarle la mía. El fantasma al que me enseñaron a aborrecer desde la cuna... y el único capaz de hacerme desear quemar hasta las cenizas todo por lo que mi familia ha matado durante generaciones.
La noche se ha convertido en nuestra mayor aliada. Bajo el amparo de la oscuridad somos libres; nadie puede señalarnos, nadie puede recordarnos que nuestro amor nació condenado desde el principio.
Porque cuando el sol sale, volvemos a ser enemigos.
Nuestras familias llevan décadas disputándose el control de la frontera. Cada mercancía que entra o sale de la región tiene un precio, y cada empresario debe elegir a quién pagarle. Territorios, rutas, impuestos clandestinos y acuerdos rotos han convertido el odio en una herencia que pasó de padres a hijos. En el puente todavía cuelgan las manchas de sangre del hombre que intentó cruzar sin pagar el impuesto de ninguna familia.
Y tengo que confesar que, a pesar de saber que la sangre aquí corre por cada calle a la mínima intención de sobrepasar los límites, me enamoré de Dante. Del hijo del hombre que mi padre más detesta.
Aprieto el chal sobre mis hombros mientras avanzo por las calles empedradas, procurando que mis pasos no hagan ruido. Si alguien me ve fuera de casa a estas horas, las consecuencias serán devastadoras. Pero siempre vale la pena, porque él me espera. Cada noche robada a nuestras familias se siente como un pequeño acto de rebeldía.
Las olas golpean suavemente la costa cuando finalmente lo veo. Está apoyado contra su camioneta, observando el horizonte como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros. La tenue luz de la luna ilumina sus facciones y mi corazón traicionero se acelera al instante.
Dante levanta la mirada. Y me encuentra. Siempre me encuentra.
Sus ojos oscuros se suavizan apenas me ve acercarme.
—Pensé que no vendrías.
Intento sonreír, pero el nudo en mi garganta me lo impide. Porque esta vez no he venido a verlo. He venido a destruirnos.
Su expresión cambia de inmediato.
—Aurora... ¿qué sucede?
Mis manos tiemblan. ¿Cómo se le dice al amor de tu vida que te han prometido a otro hombre? ¿Cómo se le dice que el futuro que soñaron juntos acaba de ser sentenciado?
Siento las lágrimas quemándome los ojos.
—Dante...
Él da un paso hacia mí.
—Me estás asustando.
Bajo la mirada, incapaz de sostener la suya, y finalmente pronuncio las palabras que cambiarán nuestras vidas para siempre:
—Me han prometido en matrimonio.
Por un instante, el sonido de las olas desaparece y solo puedo sentir el latido furioso de su corazón.
—¿Con quién? —pregunta con la voz ronca.
Bajo la cabeza antes de responder:
—Mathias Moretti.
Dante aprieta la mandíbula hasta sentir dolor.
—No.
—Dante...
—¡He dicho que no!
Levanto la vista, encontrándome con unos ojos llenos de rabia y desesperación.
—Mi padre dice que esta unión traerá paz y será beneficiosa para todos. Sabes que jamás ha sido una opción para mí, pero no es mi elección.
Él suelta una amarga carcajada.
—¿Paz? Lo único que quieren es venderte como si fueras una mercancía más. Tú misma lo has dicho: esto no es una elección para ti.
Mis lágrimas amenazan con escapar.
—Si me niego... te matarán.
El silencio cae entre ambos.
—Entonces huiremos —dice, y siento cómo algo dentro de él se rompe.
Niego lentamente.
—No entiendes. Me juraron que si desaparezco o me niego... tú desaparecerás también.
Dante me toma del rostro.
—Prefiero morir antes que verte en brazos de otro, y más si es en los brazos de mi enemigo. Porque desde el día de hoy ese hombre es mi enemigo; quiere robarme lo único que me importa en este mundo: tú.
Una lágrima recorre mi mejilla.
—¿Y yo cómo viviría sabiendo que te condené?
Él apoya su frente contra la mía.
—Escúchame bien, Aurora. Si el mundo entero se pone en nuestra contra... lo incendiaré con mis propias manos antes de perderte.
—Nosotros no somos los que estamos condenando este amor —murmuro.
Él me besa, callando mi voz quebrada.
—No permitiré que te cases con otra persona. Solo podría permitirlo si fuera alguien a quien amas, pero me amas a mí.
—Es que no hay otra opción —respondo resignada—. No es algo que yo quiera, pero elegir para mí no es una opción.
El silencio vuelve a caer entre nosotros. Esperé verlo quebrarse, esperé verlo aceptar la derrota, esperé cualquier cosa... menos aquello.
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Editado: 10.08.2026