Mía estaba en su casa era la última noche de vacaciones antes de regresar otra vez a clases estaba preparando su mochila y uniforme del instituto después de terminar de arreglar todo para mañana bajo a cenar con sus padres quienes la estaba esperando para cenar, mía toma asiento a un lado de su padre en el comedor y su madre al otro lado de su padre.
—mía ya alístates todo para mañana—hablo su madre.
—si mamá ya tengo todo listo para mañana—le responde a su madre.
—que bueno que ya tengas todo listo para mañana, tus amigas te van venir a buscar?—le pregunto su padre.
—si hablé con ellas hace un momento y acordamos llegar todas juntas—le responde a su padre.
—bueno papá mamá ya terminé de cenar con permiso me voy a descansar que tengan linda noche los amo.
Mía sube a su habitación a tomar una ducha y se pone una pijama y se va a la cama.
Al día siguiente.
Mía se despierta con el sonido de la alarma sonando, apaga la alarma y va a darse un baño para alistarse en cuanto sale del baño se coloca sus cremas corporales y se coloca el uniforme del instituto, entonces le llega una videollamada grupal de sus amigas se estaban alistando entonces mía empieza con su skincare una ves echo eso se empezó a maquillar nada muy cargado mía no era de esas chicas que se echan mucho maquillaje una vez listo el maquillaje empezó con el pelo su pelo era ondulado leve asi que no hubo mucho que hacer se dejó sus ondas sueltas se le veían espectaculares.
En eso toma su teléfono y mochila y baja las escaleras a desayunar, la cocinera le había echo de desayuno algo ligero unas todas con jugo de fresa, términos de desayunar con sus padres y sus amigas llegaron se despidió de sus padres y salió, sus amigas Samantha, Fabiola, Diana y Natasha la estaban esperando en el audi que sus padres le habían regalado a Natasha se subió y tomaron camino al instituto.
Llegaron y Natasha estacionó su coche y salieron y justo en la entrada se topo con quién menos quería, no nadamás ni nada menos que Liam Salvatore y su grupito ellas pasaron por al lado de los sin verlos pero a Liam no le gustaba ser ignorado.
—Vaya, parece que las porristas ensayaron tanto que se les olvidó cómo saludar— se burla Liam.
Mía se detiene un segundo voltea y lo mira de arriba abajo con una sonrisa falsa.
—No nos olvidamos, Liam. Simplemente seleccionamos a quién saludar... y tú no pasaste el corte.
No le hace más caso y sigue su camino con las chicas hacía su salón de clases a mía nadamás le tocaba con diana en esta materia pero lastimosamente no les tocaba sentarse juntos en cambio le tocó sentarse al lado de Lukas el amigo de Liam.
Lukas no era como Liam, era más tranquilo no hable con el en toda la clase hasta que llegó la profesora y dijo que sacaramos la libreta de apuntes y me di cuenta que no tenía bolígrafo así que no me quedo de otra que pedirle una a Lukas.
—ehhhh Lukas, ese es tu nombre no tienes un bolígrafo que prestes el mío se me quedó—lukas me quedo viendo raro pero aún así me lo presto.
—ah si ten— me entrega el bolígrafo.
La hora se paso muy rápido y ni cuenta me dí hasta que sonó el timbre todos guardaron sus cosas y yo le entregué el lapicero a Lukas.
—ten muchas gracias—se lo extiendo y el lo toma.
—no hay de que— me respondió.
Termine de guardar mis cosas y busque a Diana con la mirada hasta que di con ella y voy hacia dónde está y salimos de el salón a la cafetería a reunirnos con las demás entonces fuimos y hicimos fila para ir por el desayuno y después fuimos en busca de una mesa libre y nos sentamos a desayunar tranquilas hasta que llegaron ellos.
Pov's Liam
El ruido en la cafetería era ensordecedor, una mezcla de bandejas de plástico chocando, risas y el eco de las vacaciones de verano. En la mesa central, el lugar sagrado de las porristas, ella estaba sentada con su grupo. Tenía un café helado entre las manos y un plato de frutas a medio terminar. Reía de algo que su mejor amiga decía, luciendo perfectamente relajada, como si fuera la dueña del lugar.
Entonces, las puertas dobles de la cafetería se abrieron de par en par.
El grupo de fútbol entró como una marea de chaquetas universitarias azules y doradas. A la cabeza, por supuesto, caminaba él. Venía riendo, con el balón de fútbol americano bajo el brazo y esa confianza ciega que solo da ser el capitán del equipo.
Él paseó la mirada por el lugar, buscando una mesa libre, hasta que sus ojos chocaron directamente con la mesa central. Su sonrisa se transformó en una mueca de autosuficiencia. Todavía tenía la espina clavada por el desplante de la mañana en la entrada.
—Miren quiénes están ahí —murmuró uno de los defensas del equipo, codeando al capitán—. Tus fans favoritas.
Él no respondió, pero caminó con paso firme directo hacia ellas, arrastrando a su séquito. Al notar la sombra que se proyectaba sobre su mesa, ella dejó lentamente su vaso de café en la mesa. Levantó la vista, sosteniéndole la mirada sin parpadear, con una ceja ligeramente arqueada.
Él se detuvo justo al borde de la mesa, apoyó una mano en el respaldo de la silla vacía de al lado y se inclinó un poco.
—Buen provecho, reinas —dijo él, con una voz arrastrada y una sonrisa de lado—. Veo que recuperaron el apetito después de la vergüenza de la mañana. ¿O es que el desayuno de la cafetería es lo único que les sale gratis?