Amando lo prohibido

Capitulo 40

Capítulo 40

Nora Arellano

~El momento perfecto~

—¿Dónde nos hospedaremos? —pregunte mientras caminábamos a su carro.

Hace unos minutos habíamos salido del restaurante, solo que preferimos dar un paseo por la plaza. Me comían las ansias de recorrer las calles, de visitar cada tienda que había a los alrededores, probar la comida y sentarme en una de las bancas con un helado viendo su gente disfrutar de este lugar tan tranquilo y cálido. No obstante, decidimos ir a hospedarnos ya que se sentía cada vez más fresco y parecía que iba a llover.

—He rentado una cabaña que se encuentra a las afueras del pueblo, está cerca del lugar que mañana visitaremos —me abrió la puerta del copiloto.

—Creo que debería de desconfiar y huir en estos momentos —bromee.

—¿Así, por qué? —se acercó más a mí y quedé atrapada entre el coche y su cuerpo.

—Ya he leído suficientes libros de psicópatas y cabañas que me hacen desconfiar.

—Ya he sido descubierto —acerca más su rostro al mío—. Que te he traído hasta aquí para tenerte solo para mí.

Antes de poder responder sus labios encontraron los míos. Fue un beso lento, suave y fugaz que me hizo derretirme y sentir la necesidad de él. Cuando se apartó quise detenerlo y volver a besarlo. Pero el murmullo de la gente y la música, me hizo darme cuenta el lugar donde estábamos.

Entre al auto y el cerro la puerta. En menos de diez segundos el también ya se encontraba dentro. Me quedé viéndolo fijamente, seguí cada uno de sus movimientos. Estaba sereno y tarareaba una canción mientras acomodaba el asiento y se abrochaba el cinturón.

—¿Pasa algo?

—Gracias —murmure—, gracias por este momento.

Levanto su mano y acaricio mi mejilla.

—No hay nada que agradecer, mereces esto y más, Nora, te mereces todo.

Sonreí tímidamente. El bajo su mano y puso el coche en marcha.

El camino a la cabaña fue en silencio, pero no un silencio incómodo, sino que fue acogedor. El simple hecho de estar a su lado y escuchar la música que provenía de la radio, ya lo era todo.

Me recosté sobre su hombro y fijé mi mirada al frente. Cuando el camino comenzó a estrecharse y los árboles se cerraron a nuestro alrededor, supe que estábamos cerca. El coche se detuvo frente a una cabaña de madera iluminada apenas por unas luces cálidas en el porche. Era sencilla y acogedora.

—Hemos llegado —apaga el coche.

Me incorpore rápidamente, emocionada. Marc me detuvo cuando estuve a punto de abrir la puerta para bajar y el bajo rápido del coche. Sonreí. Era tan caballeroso. Llego hasta el otro lado y me abrió la puerta.

—Déjame hacerlo a mi —me tendió la mano para que bajara del coche. No dude en hacerlo.

Bajé y respiré hondo llenando mis pulmones del agradable olor fresco. El silencio del lugar era distinto, más profundo. Marc se dirigió a la parte trasera del coche para bajar las maletas, me quede ahí viendo el lugar.

—¿Vamos? —me pregunto al verme inmóvil junto al coche.

—Claro.

Entramos y me di cuenta del frio que hace afuera cuando siento el calor del interior abrazarme. Marc dejo las maletas a un lado y me ofreció la mano para recorrer la cabaña. Lo primero que vi fue una chimenea rodeada de tres sillones oscuros y una pequeña mesa al centro. Pasamos a la cocina, era pequeña, pero tenía todo lo necesario, una isla al centro rodeada de un par de taburetes, frente a la puerta había una ventana que dejaba ver el bosque, silencioso y enorme. Salimos de la cocina y nos dirigimos a las escaleras que daban a la habitación. Sentía un cosquilleo crecer en mi estomago con cada escalón que subíamos. Al entrar lo primero que vi fue una cama grande, con sábanas claras y una luz suave que hacía que todo se viera más bonito de lo normal. Frente a la cama había una enorme ventana que daba a la terraza. Me dirijo ahí emocionada, se veía hermoso, a pesar de que el cielo se había nublado y comenzaba a chispear. Fue entonces cuando descubrí el jacuzzi, escondido en la terraza, rodeado de madera y con vista a los árboles. Imaginé el vapor subiendo lentamente mientras afuera el aire era frío, y no pude evitar sonreír.

—¿Te gusta? —me rodea de la cintura desde atrás.

—Si, es muy bonita —me di vuelta entre sus brazos y le rodeé el cuello con mis manos—. Gracias por esto, gracias por todo.

El dolor en el pecho volvió a invadirme. ¿Cómo había sido tan idiota? ¿Cómo lo había alejado de mí?

—Gracias a ti por darme la oportunidad de estar contigo.

Una de sus manos se aferró a mi cintura atrayéndome a su cuerpo y su otra mano me acariciaba lentamente. Sus movimientos en mi cintura provocaron mil sensaciones en mi cuerpo. Al encontrarme con sus ojos negros los nervios empezaron a hacerse presentes en mí, mi garganta estaba seca y sentía mis mejillas calientes. Baje mis manos hasta su pecho y debajo de ellas podía sentir su corazón acelerarse. Ya nos hemos besado, nos hemos abrazado antes, hemos estado a solas, pero en estos momentos era completamente diferente. Nunca hemos estado juntos, cuando me pidió ser su novia oficialmente solo nos quedamos a dormir, mas no paso nada. No porque no lo desee, sino porque no había llegado el momento perfecto, y lo era ahora, quería estar con él. Sentía necesidad y emoción por tocarlo, por qué el me toque y sentirnos.

Volví a subir mis manos hasta su cuello y lo atraje hasta mí. Nuestros rostros estaban tan cerca que podía sentir su respiración en mis labios, su nariz rosando la mía. Cerré los ojos y entonces paso, nuestros labios se unieron. El beso llegó despacio, profundo, cargado de emoción.

Mis manos se aferraron a su camisa y él profundizó el beso. Bajo sus manos a la parte trasera de mis muslos y me levanta. Rodeo sus caderas con mis piernas sin dejar de besarlo. Da la media vuelta y camina hasta la cama. Se sienta al filo de esta y me siento a horcadas sobre él, sus manos suben y bajan por mi cintura, mi espalda, caderas y mis piernas. Paso mis manos por su nuca, enredo mis dedos en su cabello.




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