Amanecer de otoño

Capítulo Siete

Los días pasan y en todos, los encuentros con Logan fueron inevitables. Cada día que pasa, me siento más atraída hacia su sonrisa, es innegable, me siento bien cuando conversamos y compartimos un momento, aunque solo hayan sido unos minutos, pero su compañía es más agradable de lo que me gustaría reconocer.

Por otra parte, las conversaciones con Arthur, han seguido siendo nocturnas, lo que por una parte me gusta porque tengo la privacidad que necesito y por otra, lo detesto, porque varias veces me ha pasado que cuando estamos charlando me llegan ideas para mi novela y necesito escribirlas lo más pronto posible.

Mi hermana, me ha llamado al menos dos veces para saber cómo estoy y si he podido recordar algo más sobre la noche de la fiesta, le contesto que no, lo que es verdad, mas no he querido contarle es de Logan. No sé si es miedo o vergüenza, pero después de lo vivido estos días, siento que necesito algo de privacidad en mis cosas, no es fácil volver a “reinventarse” después de lo que viví gracias al padre de mi hija.

Hace unos días Logan y yo intercambiamos nuestros números y hablamos a medida que su trabajo se lo permite.

Por las noches, las conversaciones con Arthur se han vuelto más profundas, como si de un buen amigo se tratara. Me llama la atención, pero no me llegan las mariposas al estómago, como si de repente me sucede con Logan. La última vez que nos vimos, me sorprendió regalándome una rosa y me pidió salir en una cita. Temerosa dije que sí, pero no sé porqué tengo la sensación de que con él no debo estar nerviosa, es decir, ha sido super atento conmigo, super amable, además del interés que demuestra en querer conocerme. Aun no hemos hablado de lo que pasó aquella noche cuando nos conocimos y tengo miedo de tocar el tema porque no sé qué pueda pasar después.

Estoy terminando de arreglarme para salir, solo me falta ponerle el abrigo a mi Lucy y estamos listas. Sé que hoy mi hermana y cuñado, no tenían planeado nada, así que llevaré a la niña de sorpresa para que la cuiden mientras salgo.

―¡Lucy! Ven aquí, pequeña, por favor.

―Ya voy, mami. ―dice mientras corre a la cocina.

―Ten, pongamos la chaqueta, los tíos nos esperan. ―Una mentirilla blanca no le hace mal a nadie.

―¡Sí! ¿Puedo quedarme a dormir con Annie, mami?

―Claro que sí, mi amor. Mami tiene una reunión importante y no sé a qué hora vaya a terminar, y como no quiero que estés sola, los tíos y Annie te cuidarán.

―¡Super!

―Y… listo. Vámonos.

Agarro mi cartera y a la pequeña de la mano, para encaminarnos a la entrada y tomar un taxi.

Al llegar a la acerca, nos damos cuenta de inmediato del frío que hay, así que espero podamos recoger un taxi muy pronto. No quisiera que mi niña se enfermera por mis locuras, porque sí, estoy actuando como una loca, al tener estos impulsos.

Solo pasan un par de minutos y ya se acerca un taxi, le hago señas y se detiene, nos subimos y le doy la dirección de mi hermana. Espero que el trayecto no se demore, estoy con el tiempo justo para dejar a mi niña y partir a mi cita con Logan.

A la vuelta de la próxima esquina está la casa de mi hermana, por suerte el recorrido solo demoro diez minutos. Le pago al taxista y nos bajamos, no sin antes pedirle que me espere para llevarme a otro destino. No se hace problema y me espera.

Mi pequeña corre a la puerta y la toca, ansiosa por entrar a jugar con su prima. Esta se abre y es Max quien abre.

―¡Familia! ¿Qué hacen por aquí a esta hora? No esperábamos verlas.

―Necesito cuiden a la pequeña esta noche, por favor.

Llega a la puerta mi hermana y se sorprende de vernos también.

―¿Qué sucede aquí?

―Lo dicho, Pam, necesito que cuiden de Lucy esta noche. ―Le miro con cara de súplica, me hace sufrir unos segundos y finalmente acepta―. Tengo una cita y voy a llegar tarde o bien no llego si no aceptan.

―De acuerdo, no hay problema. ―responde

―Annie está en su habitación, pequeña, ve con ella. ―Le comenta Max y mi pequeña entra a la casa con su tío detrás.

―¡Gracias, chicos! Ahora me voy, que el taxista me está esperando. Te quiero, hermana. ―Le doy un rápido abrazo y me alejo regresando al taxi.

Le indico la nueva indicación y parte rápidamente. Agradezco que se mantenga en silencio, por lo nerviosa que estoy, no sé si pueda articular palabra. Odio esos días en que me tocan taxistas que lo único que hacen es conversarte, con la intención de hacerte más ameno el viaje.

Llego al restaurante y le pago nuevamente al taxista. Me despido y bajo del vehículo. Logan se da cuenta de que llegue y sonríe.

―Estás preciosa. ―dice y me saluda con un beso en la mejilla cuando llego a su lado.

―Gracias. ―contesto ruborizándome―. ¿Cómo estás?

―Con bastante frío, a decir verdad, pero bien ahora que llegaste. Tenía miedo de que no vinieras por lo baja de la temperatura.

―Esa no soy yo, no suelo cancelar a última hora, por lo que sí o sí vendría.

―Me alegro entonces. ¿Pasamos?




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