Amanecer de otoño

Capítulo Veintiocho

Suena la alarma de mi teléfono y me despierto con el ánimo en el cielo como antes no me había sucedido. Me levanto y elijo ropa de mi bolso para ponerme luego de la ducha. 

Vestido y arreglado, bajo al comedor a tomar desayuno. Saludo a los camareros y me siento en una de las mesas cercanas a la ventana. Pido mi desayuno y mientras este llega, le envío mensaje a Kristen para contarle las novedades y para pedirle que le cuente a Brian más tarde. Se pone muy contenta y me comenta además que le encantaría conocerla, lo que me pone muy feliz.  

Después de unos treinta minutos termino, miro el reloj del celular y veo que tengo tiempo de sobra aún. Dejo la mesa y vuelvo a mi habitación a terminar de arreglarme. 

Completamente listo, salgo a la calle para buscar algún taxi que me lleve al hospital. Pasa uno a los pocos minutos de caminata, me subo y le pido al chofer que me lleve a alguna florería en el camino. Lo mínimo que puedo hacer por mi chica es llevarle un ramo de flores. Después de cinco minutos de trayecto final y de total nerviosismo, siento como si fuera a verla por primera vez. 

Llego finalmente al hospital con mucha ilusión y muchas ganas de ver y estar con Lauren. Subo rápidamente a su piso y saludo a la enfermera. Me comenta de forma breve sobre el estado de mi novia y me permite pasar. 

Abro la puerta y mis nervios afloran... 

—Hola, hermosa. —Lauren gira su cabeza al oírme. 

—Hola, cariño. Qué alegría verte. 

—Ni que lo digas, fue una tortura no poder verte estos días, pero me alegra muchísimo ver que estás recuperada y, sobre todo, despierta. —comento llegando a su lado y entregándole el ramo de flores para después tomar su mano libre. 

—Gracias, amor, están preciosas. —Las huele profundamente disfrutando de su olor—. Me dijeron que estuviste aquí todos los días. 

—Por supuesto, alguna vez te dije que nunca te iba a dejar sola y he cumplido. —Acaricio suavemente su rostro—. Desde que Frank te hirió he estado acompañándote aquí en el hospital, aunque no podía verte. Tenía la esperanza de que pudieras recuperarte pronto. 

—Y me alegra haberlo hecho. No me gustan los hospitales, así que espero salir pronto de aquí. 

—Ahora solo depende de ti, que sigas cuidándote y tu cuerpo siga reaccionando bien. —Apoyo un momento mi trasero sobre la cama. 

—Lo sé, ya me comentaron que pasó una semana desde que sucedió todo. ¿Podrías contarme que sucedió? No han sabido decirme nada. 

—No te preocupes. Primero lo importante, Lucy está bien y en casa con Pam y Max. —Su cara es de alivio—. En la persecución a Frank y su chica, fueron abatidos. —Ahora cambio a total asombro—. Sí, amor, Frank no volverá a molestarte por la niña. Como Frank y su novia murieron, Lucy tuvo que ser llevada a un hogar de menores y es ahí donde tuve que llamar a tu hermana para que venga por ella. 

—¿Pudiste verla? A Lucy. 

—Sí, cariño. Cuando la vi, seguía asustada y preguntaba tanto por ti como por su padre, pero con Pam, logramos calmarla y explicarle que pronto estarás con ella.  

—No sabes cuánto me calma saber eso. 

—También me comentó Pam que este lunes va a volver al jardín. 

—Mi niña, cómo la necesito en este momento. 

—Tranquila, preciosa. Que ella te espera en casa. 

—¿Podemos videollamarla? Te juro que no aguanto las ganas de verla. —Pide con ojitos tristes, intentando hacer la expresión del gato con botas. 

—Bueno, veamos si contesta. —Saco su teléfono de mi bolsillo. 

—¿Es mi teléfono? 

—Sí, lo he tenido conmigo todo este tiempo. Y vaya que no ha parado de sonar. 

—¿Por qué? —Su tono es de preocupación. 

—A diferencia mía, tú eres conocida y de algún modo se filtró a la prensa sobre lo sucedido. Algunos periodistas han conseguido tu número de teléfono y otros han hablado directamente con tu editorial para saber de tu estado. Y ellos han llamado para saber de tu estado, los he mantenido al tanto y me comentan que acordaron de darte un tiempo prudente de recuperación y no presionarte con fechas de entrega de tu última novela.  

—Uf, menos mal. De verdad, que con todo lo que ha pasado, no podré escribir absolutamente nada. Apenas pueda me contactaré con ellos. 

—A llamar a tu hija, amor, toma. —Le entrego su teléfono y busca el contacto de su hermana, le marca en espera de que contesten. 

—¡Hola, hermana! ¿Cómo estás? 

—¡Lauren! ¡Qué sorpresa! Por aquí estamos bien, pero ¿cómo estás tú? 

—Bien, con ganas de estar con todos en casa. 

—Te creo, por aquí todos te extrañamos mucho, sobre todo una señorita que tengo aquí al lado, ven, amor. —Se escucha que le dice a Lucy—. Mira quién está allí. —Le apunta a la pantalla. 

—¿Mami? —pregunta apenas la ve. 

—Sí, mi amor, soy yo. ¿Cómo estás, preciosa? —pregunta tratando de contener las lágrimas. 

—Bien, tía Pam me cuida muy bien, pero no es lo mismo que tú. 

—Lo sé, mi princesa. Apenas pueda volveré contigo, ¿de acuerdo? —La pequeña asiente con la cabeza—. Hasta que pueda le haces caso en todo a tía Pam. 

—Sí, mami. Yo me porto bien. 

—Lo sé, cariño. Eres una niña muy obediente y no sabes las ganas que tengo de darte un enorme abrazo. 

—Yo también, mami. ¿Cuándo vuelves a casa? 

—No lo sé, mi amor, depende de lo que digan los doctores. 

—Hola, Lucy. —Le saludo—. Te prometo que tu mamá estará muy pronto. 

—Hola, tío Logan. ¿Es una promesa de verdad? 

—¡Por supuesto! Todos queremos que mami vuelva a casa y haré lo posible de que así sea. 

—¿Mami? ¿Dónde está mi papi? —pregunta Lucy curiosa y noto la incomodidad de Lauren, pero por su hija debe disimular. 

—No lo sé, mi amor, creo que tuvo que hacer muy largo. 

—¿Va a volver? —vuelve a consultar, esta vez con clara expresión triste. 

—Esperemos que sí. —Le sonríe. Le mata tener que mentirle a la niña, lo sé. 




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