Amanecer de otoño

Capítulo Treinta y uno

La mañana está siendo fabulosa. El ambiente es demasiado acogedor y ameno entre todos, estoy demasiado contenta por todo lo que está pasando. El reencuentro con mi gente y conocer a la cuñada de Logan ha hecho que me sienta muy querida. 

—Cariño. Creo que es hora de contarle a todos, cuáles son los próximos pasos entre nosotros. 

—Sí, amor. Tienes razón. 

Tomados de la mano, nos ponemos de pie y le pedimos a los demás que nos escuchen un momento. 

—Familia, como todos saben para mí, el conocer a esta preciosa mujer ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. —comenta Logan, abrazándome—. Es por esto, que queremos comentarles que, a partir de hoy estamos dando un nuevo paso a nuestra relación. Brian y yo nos vendremos a vivir con Lauren y Lucy. 

—Enhorabuena, chicos. Sabemos lo mucho que se quieren. —dice Pam muy contenta. 

—Gracias, hermana. Hace un tiempo que ambos lo deseábamos, pero no se había dado hasta ahora. Lo mejor para mí, es que no seré yo quien se mueva esta vez. —Todos ríen. 

Los niños se quedan mirando sin entender mucho, pero rápidamente se ponen muy contentos de poder vivir juntos, les encanta jugar cada vez que se ven. La casa es bastante grande así que espacio hay de sobra y cada uno tendrá su propio espacio. 

—Quiero aprovechar también la ocasión, —Logan vuelve a tomar la palabra—, para agradecerte Lauren por aceptarme en tu vida y aunque tuvimos un comienzo algo inusual —gracias a que no recuerdo qué sucedió esa noche—, me permitiste conocerte, me enamoraste y me maravillaste día a día con tu forma de ser. —Toma mi mano y me hace mirarlo de frente—. Contigo volví a confiar y a creer en el amor de una pareja. Mejoraste mi mundo como no te imaginas y es porque deseo hacerte una pregunta muy especial, mi amor. Con nuestra familia como testigo, quisiera preguntarte, ¿quisieras pasar el resto de tu vida junto a la mía? ¿Quieres casarte conmigo? —consulta mientras se arrodilla en el suelo y me muestra una cajita blanca con un anillo precioso en su interior. 

Lo miro sin entender nada. Lágrimas comienzan a salir a raudales de mi rostro y me nublan la mirada. Mi boca no responde, por lo que solo puedo hacer un movimiento de afirmación con mi cabeza. Intento hablar, pero la emoción me embarga en este momento.  

Logan se levanta y me abraza. Mientras que los demás aplauden y gritan de alegría. 

—Gracias, amor. Me has hecho el hombre más feliz de la tierra. —Se separa de mí brevemente y me besa como un loco por todo el rostro hasta llegar a mis labios. 

—Te amo, mi amor. Sí, quiero ser tu esposa. —Logro decir finalmente. 

Agarra el anillo, lo saca y me lo pone en el dedo anular izquierdo. Es hermoso. Es plateado y tiene unas pequeñas piedritas de color esmeralda y blanco a su alrededor, simulando ser una flor. 

Los demás se levantan y nos felicitan, lo mismo hacen los niños, que pronto se olvidan de nosotros y se levantan para jugar en la habitación de mi pequeña. 

—¡Felicidades, hermanita! Te mereces ser feliz después de todo lo que ha pasado. 

—Gracias, Pam. Cómo ves yo aún estoy en shock. 

—Así lo veo, pero tú tranquila. Verás que todo será para mejor junto a los chicos. 

—Felicidades, querida. —Se acerca Kristen—. Sé que apenas nos conocemos desde hoy, pero espero de corazón seas muy feliz junto a mi cuñado. Perdona, a lo mejor te incomoda que le diga así, es la costumbre. Lo siento. 

—No te preocupes, sé muy bien quién eres y lo que representas para ambos. Me hubiese gustado conocer a tu hermana. 

—Gracias, Lauren. Conociéndola, pienso que estaría feliz de que su hijo y su marido ahora estén en buenas manos. —Nos damos un abrazo. 

—¡Cuñadita! —Llega un contento Max a nuestro lado—. ¡Felicidades! Te deseo toda la felicidad del mundo. 

—Gracias, Max. Jamás me lo esperé. 

—Es la idea, que la propuesta siempre sea sorpresa. —responde guiñándome un ojo. 

—Espera, ¿tú sabías? —cuestiono dudosa. 

—¡Claro! Fui yo quien animó a tu hombre a hacerlo. De nada. —dice ahora golpeando suavemente mi brazo. 

 La alegría que inunda mi casa es fantástica y me encanta esta nueva vibra familiar que se está dando. Max va a la cocina a buscar algunas copas mientras que mi novio —ahora futuro esposo— le acompaña para ir por el vino y una botella de jugo, ni Pam ni yo podemos beber alcohol. 

El resto de la mañana y parte de la tarde se ha pasado muy rápido y ya es hora de que los demás se vayan. Nos despedimos de todos y solo quedamos los cuatro, Logan, Brian, Lucy y yo, comenzando nuestra nueva vida familiar. 

Decidimos reunirnos con los niños para aprovechar de conversar con ellos, con más calma. Queremos saber qué piensan de todo esto. Nos deja muy contentos y tranquilos de que quieran ser parte de esta nueva familia que estamos formando. Vamos junto a Brian y le enseñamos cuál será su nueva habitación. De momento está vacío, pero cuando le decimos que a partir de mañana puede ir trayendo sus cosas se pone muy contentos. Le explicamos también que por hoy compartirá habitación con Lucy para que mañana vayamos todos juntos al jardín. 

Jamás se me pasó por la cabeza que los niños estarían tan contentos de formar una familia. Es decir, sabía que se llevaban bien, pero no pensaba que deseaban vivir juntos, tanto a Logan como a mí nos ha sorprendido. 

El resto del día ha sido más tranquilo y ya es hora de acostar a los niños. Sin saberlo, Logan y yo, los acostábamos a la misma hora, lo que es muy conveniente para nosotros, por no tener que ajustarle el horario a ninguno. 

Los dejamos en la habitación, mientras que nosotros que, aunque agotados, deseamos dejar la casa totalmente limpia. A partir de hoy somos oficialmente cuatro personas en casa, por lo que las tareas serán compartidas. 

En cuanto a la enfermera, quedamos de acuerdo con Pam en juntarnos con ella mañana por la mañana en alguna cafetería del centro. Aún no me agrada la idea de tener una enfermera en casa, pero sé que es necesario si quiero mejorarme, además ese fue el trato con el médico en Newport, de lo contrario seguiría internada en el hospital, por muy bien que me sienta. 




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